Una última esperanza para la democracia

marzo 31, 2009

Hoy en día, en miras al futuro, viendo los últimos sucesos que han afectado a Latinoamérica y al mismo tiempo contemplando atónitos el sorprendente desenlace de las elecciones de los Estados Unidos las palabras de Winston Churchill tienen cada vez más sentido.  El Primer Ministro que sorprendió al pueblo Británico con su popular frase “I had nothing to offer but blood, toil, tears and sweat”  tenía otra de estas frases bajo la manga, una que explica claramente los resultados del Referéndum de Hugo Chávez, los problemas en Bolivia con Evo y hasta la nueva promesa Norteamericana del presidente Obama: “It has been said that democracy is the worst form of government except all those other forms that have been tried from time to time”.

Mi opinión respecto de la democracia es exactamente la misma que la del político inglés de antaño, no creo que la democracia sea el sistema perfecto que otorgue completa libertad a todos y defina lo que la población realmente desea. La democracia es un juego de estadísticas, que puede funcionar perfectamente, pero que a la vez puede traer resultados inesperados y perjudiciales.

La situación de muchos de los países de Sudamérica, especialmente Perú, es clara, existe una aberrante división entre las clases privilegiadas y las que no lo son, ocupando las últimas el grueso de la población de nuestro país. Si partimos de esta premisa, vemos cómo las clases no privilegiadas son la mayoría de votantes y es por eso que son  presa fácil de los políticos. Es aquí donde la ignorancia juega un papel favorable para el candidato postulante. Estas personas son bombardeadas con promesas, regalos y visitas con el único objetivo de ganar votos y una vez que obtuvieron lo deseado desaparecen del mapa, incumpliendo lo que ofrecieron. Según Nicolás Maquiavelo “…el que es elegido príncipe con el favor popular debe conservar al pueblo como amigo…” pero en nuestra realidad el pueblo no es amigo, solo un simple medio para obtener algo.

Uno de los problemas principales que tenemos que enfrentar y a la vez una de las razones por las cuales la democracia no siempre funciona es el largo debate sobre si el voto debe o no ser obligatorio. En países como el Perú una gran masa de la población vota obligada. ¿Bajo que lógica podemos pedirle a una persona que no tiene acceso a un mínimo medio de comunicación que vote? Muchas personas no conocen ni al candidato, ni sus propuestas, ni sus defectos. Pero igual están obligados a votar. Es ahí donde me pregunto ¿el resultado de la votación representa la verdadera democracia? Por otro lado si el voto no fuera obligatorio, sólo votarían aquellas personas que en realidad  tienen un compromiso por el Perú o los que no tienen algo mejor que hacer ese día y estos siguen siendo una gran minoría, lo cual tampoco es lo ideal para que exista un sistema democrático.

El resentimiento y la discriminación entre la población es otro factor que afecta los procesos electorales. Es absurdo que este tipo de barreras hoy en día se interpongan para la elección de un gobernante; pero la verdad es que cada votante se identifica con aquel candidato que más se parece a uno. Desgraciadamente el color de piel o el estrato social del candidato define más que sus propuestas, los pobres no votarán por un rico porque no hará nada por ellos y los ricos no votarán por un pobre porque lo consideran un ignorante, estos prejuicios destruyen el sistema democrático en una escala mucho mayor que la misma corrupción. Podemos ver el reciente caso Humala o sin ir muchos años atrás en nuestra historia, la victoria de Fujimori sobre Vargas Llosa como claros ejemplos de que esto pasa y seguirá pasando.

No pretendo con este artículo crucificar a la democracia sino que esta debería ejercerse de la forma correcta con el fin de que en realidad sea “La voz del Pueblo” y no solo “La voz de la mayoría y el resto del pueblo que se conforme porque no le queda de otra”, “la voz de la ignorancia” o como alguna vez dijo George Bernard Shaw “Democracy is a device that ensures we shall be governed no better than we deserve”

Para que un sistema democrático funcione y para tener unas elecciones justas el Estado debe invertir en campañas de civismo con el fin de educar al grueso de la población, pero no meses antes de las elecciones sino uno o dos años antes de estas. Las personas deben estar informadas de cómo ejercer su derecho a voto y lo que esto implica. La participación cívica debe incrementarse con el fin de crear conciencia y de luchar contra la ignorancia.

La propaganda pro candidatura debe ser igual, la información sobre los pros y contras de cada candidato deben llegar a todas partes con el fin de evitar el ya conocido sistema de “víveres por voto” que se ve siempre en nuestras elecciones. Cegar a los votantes sobre la existencia de otros candidatos o sobre los errores que cometen algunos es una gran estrategia para obtener votos pero esto puede combatirse con un sistema de información adecuado para la población, así como decía Churchill: “The best argument against democracy is a five minute conversation with the average voter”.

Es absolutamente necesaria la implementación de más lugares de sufragio dentro del país así como la actualización del sistema para la agilización del proceso y para que todos puedan tener acceso al libre voto sin complicación alguna. Si en los pueblos de los Andes las personas deben caminar kilómetros para llegar a un ánfora, la cantidad de votantes y/o las ganas de ejercer el derecho disminuyen porque no se dan las facilidades para el caso.

Por último, creo fundamental que la corrupción durante el proceso electoral debe frenarse y la única forma de hacerlo es creando un mecanismo de control dirigido por una entidad especialmente creada para el caso o una Comisión con dicho fin. Es imposible llegar a un sistema justo si el mismo sistema esta siendo corrompido por agentes que buscan el interés propio.

Tomadas estas consideraciones podemos volver a tener una esperanza en la democracia, que aunque imperfecta, sigue siendo el mejor sistema que el hombre conoce para gobernarse, los pueblos han luchado demasiado a lo largo de la historia por la libertad y el voto para que hoy en día este sistema se vea tergiversado por tantos defectos. Si los mismos errores se siguen cometiendo nada quedará por hacer y nos encaminaremos al nefasto fin que el libertador Simón Bolívar hace ya mucho anunció: “Las instituciones perfectamente representativas no son adecuadas a nuestro carácter , costumbres y luces actuales … En tanto que nuestros compatriotas no adquieran los talentos y virtudes políticas que distinguen a nuestros hermanos del norte, los sistemas enteramente populares, lejos de sernos favorables, temo mucho que vengan a ser nuestra ruina…”  

Gustavo A. Taboada Dusek

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La fórmula del futuro, 1+1=¿?

marzo 31, 2009

Es menester de adivinos y brujos predecirlo, trabajo de historiadores y arqueólogos desenterrarlo, las guerras y eventos mundiales lo forman, el político lo idea, el diplomático lo escribe, el soldado lo concreta, y solo el hombre es capaz de sobrevivirle: es el orden mundial. La humanidad ha sido testiga de guerras, epidemias, masacres, golpes de estado, revoluciones, cambios de era y eras de cambio; se dice que el cambio hacia un nuevo orden mundial ya fue dado, no obstante, surge la incógnita, ¿estamos frente a un nuevo orden mundial?.

Hoy en día las crisis mundiales afectan a todos los Estados sin distinción, el desarrollo tecnológico hacen posible que un episodio en África repercuta de manera negativa en todo el continente Americano. En el presente ya no hay Estados individuales sino, tan solo Estados parte de una gran aldea global, los que en conjunto delinean y tallan el orden mundial.

Ya desde la década del 40 y su segunda guerra mundial, se nos planteo la idea que estábamos frente a un nuevo orden mundial. La bipolaridad reinaba, haciendo que el poder se concentrase en tan sólo dos grandes superpotencias con el control total de la hegemonía mundial, logrando el ansiado balance de poder, tanto tiempo ausente. No obstante, me atrevería decir que el nuevo orden mundial en el que nos vemos inmerso es el de una era donde la comunidad internacional empieza a absorber a la totalidad de los Estados y estos optan por ser interdependientes. Bajo el lema la unión hace la fuerza, se logra que Estados con poca influencia en la escena mundial se posicionen como actores influyentes en la comunidad internacional, todo bajo el concepto de la interrelación con otros Estados.

La guerra fría dejo un sabor amargo en la boca de todos, el mundo seguía siendo el mismo, el amago de paz de la segunda guerra mundial, solo fue eso: una mera ilusión. Con la Alemania nazi derrotada y a todas luces un nuevo comienzo, solo se dio inicio al comienzo del fin, la guerra fría. Con la caída del muro de Berlín y la ruptura del balance del poder, se presenta el cambio hacia un nuevo orden mundial, países que se mantenían al margen del balance en aislamiento entrarían a la escena mundial alternando el orden existente, entre ellos Latino América como un todo y China. Por un lado tenemos a un grupo de países que se han convertido en claves para el orden mundial, y que por mucho se mantuvieron aislados en un continente al margen de la política internacional. Y por el otro, surge una potencia económica que por 2,000 años mantuvo la supremacía de todo un continente y que su inserción en la escena mundial ha causado gran revuelo.¿ Cuál es la fórmula que nos depara el futuro?.

 A lo largo de la historia los estados han tenido dos opciones, el balance de poder o la universalidad. Durante la época medieval la universalidad estaba de moda, no interesaba el número de gobiernos existentes, solo la búsqueda de un imperio que gobernase a todos, generando inestabilidad, ya que, el predominio de un gobierno genera gobiernos bajo opresión y solo un soberano vencedor. Si bien se ha demostrado que el balance de poder, resulta la opción preferida para la sociedad, guerras y rebeliones han demostrado lo contrario. Son pocos los ejemplos de un balance de poder exitoso, entre ellos la Italia Renacentista y Europa luego de Westfalia.balanceofpower1 El balance de poder se torna difícil de mantener cuando se mantienen presente los afanes expansionistas de lo Estados, siendo la consecuencia inevitable su ruptura. Incluso en la actualidad, en una época donde los actores internacionales no estatales toman un rol protagónico y la opinión pública internacional regula el orden intencional, aún quedan rezagos de Estados “imperialistas”. Entonces, ¿hacia dónde nos dirigimos? A una nueva era de imperialismo o hacia un equilibrio, una paz mundial perpetúa.

La nueva escena mundial, cambiante, con nuevos actores y nuevos focos de poder demuestra que el orden mundial cambia mas rápido de lo que imaginamos. Nos encontramos frente a una Republica Popular China que le dice no a la guerra, pero si a la conquista económica, una Rusia que se levanta de un sueño profundo dejando en claro que su poderío militar no ha menguado y que ha regresado para quedarase, Estados Unidos, considerado como “la potencia mundial”, que pierde poco a poco su hegemonía, entablando guerras con resultados nefastos e intentando mantenerse aún como el paladín de la democracia, una Unión Europea que se presenta como una unión de Estados estables y maduros, pero dependientes del resto del mundo, una America Latina y su cambio hacia el socialismo dejando pocos enclaves democráticos, un África inmerso en sus problemas sociales, guerras tribales e inestabilidad política y un medio oriente cada vez mas volátil e impredecible. ¿El orden mundial ya fue establecido?, o ¿este se reestructura y se reinventa día a día?

Queda claro, que el orden mundial se ha vuelto un juego violento y de cambios repentinos, ya no existe superpotencia o imperio predominante. Nos encontramos en unaépoca donde se busca un equilibrio internacional, que se corrompe por el afán extensionistas de las potencias mundiales. Las guerras entre superpotencias llevaría a un punto de no retorno, por eso llegan las guerra económicas, las alianzas estratégicas y la conquista de recursos claves para el desarrollo antes que la guerra militar. Ya no hay un poder centralizado, sino diversos focos de poder que se extienden a  través de la sociedad internacional, donde los intereses de los Estados se entrelazan con los de los actores internacionales no estatales, en una pugna constate por tener el control sobre la sociedad internacional.

Entonces ¿hacia donde se dirige la sociedad internacional? ¿Cómo se configurará el orden mundial que nos depara el futuro?, las respuestas aún son inciertas. ¿Serán las alianzas económicas las que traerán el añorado balance de poder por el afán del expansionismo económico, o quedaran rezagos de Estados con afán imperialista y o con ideas fundamentalistas que amenazan a la sociedad mundial? Lo único queda claro es que en la fórmula del futuro, se requiere de un esfuerzo global para solucionar los problemas que afecten a todos los continentes, siendo los actores internacionales los encargados mantener el equilibrio en un nuevo orden mundial, teniendo en claro que el político lo ideará, el diplomático lo escribirá y el soldado luchará para formarlo.


Balance de Poder: Equilibrio de poder entre diverso estados, donde cada uno cuenta con poder suficiente para disuadir al otro, previniendo la preponderancia de cualquier de ellos y evitando la inferencia en los intereses del otro.


 Sebastian M. Elias Sardiña


La era de la incertidumbre

marzo 30, 2009

Se dice que vivimos una era de cambios – esto es solo parcialmente cierto. Mi opinión es que, en realidad, vivimos en una era de incertidumbre. Una era en donde la única certeza es la incógnita.

Hay muchas incógnitas en el horizonte, muchas preguntas excitantes para las que no existen respuestas concretas. ¿Qué pasará con el sistema económico mundial tras la crisis financiera internacional?  ¿Cómo enfrentaremos los retos que ya nos está empezando a plantear el cambio climático? ¿Qué rol cumplirán las llamadas “potencias emergentes” y cuanta influencia tendrán? ¿Cómo se planteará el nuevo mapa energético mundial y quiénes serán sus protagonistas? ¿Cuáles serán los desarrollos tecnológicos más influyentes del futuro y cuál será su impacto? ¿Cómo enfrentará la comunidad internacional la aún creciente amenaza del terrorismo internacional? ¿Cómo afectarán todos estos factores a las relaciones internacionales – y a la larga, a la humanidad entera?

Quizá la principal conclusión que podamos sacar de las incógnitas que nos plantea el futuro inmediato es que la globalización ha dotado a nuestro mundo, y a las relaciones internacionales, de un gran dinamismo. Todo está más entrelazado y, por ende, mucho más sensible al cambio. Esto se hizo palpable con el efecto dominó que tuvo la crisis financiera – el impacto de la crisis se hizo sentir globalmente casi en forma inmediata. Tan sólo semanas después de la caída de Bear Stearns, Islandia colapsó, los precios del petróleo cayeron al suelo, China detuvo su meteórico crecimiento y Grecia entró en conmoción social. Hoy Venezuela enfrenta el 2009 con un presupuesto recortado a la mitad e incluso en el Perú se toman medidas para enfrentar una crisis con cuyo origen los latinoamericanos tenemos poco o nada que ver.

Se ha argumentado mucho tanto a favor como en contra de la globalización. Semejante debate me parece un despropósito. La globalización no es un virus, ni una solución. Es el efecto de un mundo en ebullición tecnológica. No es ni buena ni mala – simplemente es inevitable: social, cultural y políticamente.

Nunca, en toda la historia de la humanidad, se ha podido evitar la aplastante corriente integradora de la tecnología – nada reduce mas las fronteras que los cambios tecnológicos. Ni todas las fábulas y mitos del mundo pudieron evitar, conforme la tecnología y las técnicas náuticas progresaron, que el viejo y el nuevo mundo se encontrasen. Nada pudo evitar tampoco, en los  siglos XV y XVI, que el conocimiento se imprimiese en libros como pan caliente y todo el mundo sacase sus propias conclusiones, causando un pandemónium que cambió para siempre al mundo. Nada pudo evitar, en los años ochenta, y conforme la tecnología avanzó, que tanto el Este cómo el Oeste descubrieran la corrupción e insostenibilidad de los gobiernos comunistas que, a la larga, cayeron. Nada podrá evitar tampoco, en pleno siglo XXI,  la integración internacional, en uno u otro sentido. Sólo podemos tratar de moldearla, de controlarla, de negociar sus avances y plantear una estratégica coherente para enfatizar sus ventajas y mitigar sus impactos negativos. Este es un punto que debemos tener en cuenta. Los estados deben encontrar caminos para renovar y fortalecer sus relaciones, en un marco sincero de cooperación, que no opaque la evidente realidad de la inevitable competencia que existe entre ellos y del balance del poder que siempre formará parte de nuestra identidad mundial. En eso, no tenemos opción – sin integración entre los países, sólo habrá colisión entre los mismos.

Otro efecto de los eventos de los últimos años es la creciente corriente entre los estudiosos de la Política Internacional de profetizar el advenimiento de un multipolarismo, tras dos décadas de absoluta hegemonía estadounidense. Y lo digo en esos términos porque, quienes defienden esta teoría, hablan del futuro multipolar casi como de una playa caribeña: un mundo democrático de delicados balances, donde las potencias emergentes (en particular, China, Rusia y Brasil) buscarán consolidar sus posiciones de fuerza en bloques continentales a través del appeasement y de ganarse el favor de sus socios menores – sus estados junior. El equilibrio de fuerzas permitirá, así, procesos de integración mejor estructurados, en donde la cooperación será mayor y las negociaciones serán más horizontales. El equilibrio de fuerzas favorecerá a la seguridad internacional y el comercio constante, en un plano de mayor equidad, garantizará el desarrollo. Despierten a Fourier. Díganle que sí se puede.

Yo discrepo. Un mundo multipolar tiene sus propios riesgos. Para empezar, el multipolarismo no es nada nuevo. ¿Se acuerdan de las santas alianzas de la edad moderna? O mejor aún, ¿de la guerra fría? El multipolarismo no suele enfrentar a las potencias regionales directamente – primero, favorece a que se alíen para consolidar un liderazgo aplastante en sus bloques. Pregúntenle a los afganos si es que realmente conviene estar bajo la seductora persecución de dos potencias continentales – para ellos el Gran Juego no tenía cuando acabar. África es otro escenario que ha sufrido las idas y venidas del multipolarismo, sobretodo en el siglo XIX, cambiando de colonizadores en ciclos de entre veinte y cincuenta años. Los efectos de sus constantes luchas por el poder han dejado un terrible impacto social en dichas naciones, con tribus que se enfrentan hoy por resentimientos sembrados por las potencias de ayer – como el caso del genocidio ruandés de 1994. Y Latinoamérica… ¿a alguien le queda dudas de que aún pagamos los platos rotos de los constantes conflictos entre Estados Unidos y la Unión Soviética por influir en nuestra región?

Mi intención no es, en ningún caso, defender el sistema hegemónico de Estados Unidos. Las acciones de Estados Unidos, en particular del gobierno de George W. Bush, son repelentes. Bush ascendió a la presidencia y gobernó, en muchos casos, reclamando autoridad como un cristiano evangélico – un enviado por Dios. Yo soy cristiano evangélico, y me siento personalmente afectado por el triste testimonio que George Bush ha dejado. Su talante agresivo no refleja en nada los principios que un “estado cristiano” (si es que tal cosa existe), debería tener. Su unilateralismo, su instinto vengativo, que llevó al plano internacional, su desaprensión por el Derecho Internacional, y por último, la falta de criterio de su gobierno en regulación y política interna, han sido fatales para el mundo entero. Estados Unidos hoy parece más un eco del antiguo testamento que la ciudad en la cima de una montaña que nadie puede esconder, de la cual tan tiernamente habló Jesús en los evangelios.

 

Nunca ha sido Estados Unidos tan impopular.  Pero tampoco nunca ha estado la comunidad internacional más desesperada por cambiar de sistema, por sacudirse de la vieja bruja del norte. Correr y permitir un multipolarismo exacerbado, solo por huir de la hegemonía americana, puede tener un alto precio. Rusia se está armando, China también. No cuestiono que sus intenciones, en estos momentos, no son bélicas. Pero eso puede cambiar – y Rusia ya ha demostrado que no tiene ningún reparo en extender su “zona de influencia”, como tan delicadamente lo puso Sergei Lavrov el año pasado, hacia Normandía. Si vamos a caminar hacia un multipolarismo, hay que hacerlo con cuidado – con la prudencia y el recato de quien sabe que vive tiempos tensos – tiempos, como he mencionado, de mucha incertidumbre.

 

Ronald Cross


El Mundo del Siglo XXI

marzo 20, 2009

A mediados de 2008, Richard Haas, Presidente del Council on Foreign Relations, publicó un artículo en Foreign Affairs titulado The Age of Non-Polarity, argumentando que el nuevo escenario mundial del Siglo XXI sería uno dominado no por uno, dos o varios estados, sino por docenas de actores en posesión y ejercicio de varias clases distintas de poder.

Para Haas, en el mundo de hoy ya no hay un foco único de poder ni está éste concentrado en un estado en particular. Todo lo contrario, en la actualidad, no sólo las organizaciones internacionales, milicias y grupos guerrilleros, corporaciones y ONGs comparten junto con los estados una gran cantidad de poder e influencia en las relaciones internacionales, sino que el poder estatal se encuentra difuminado en un sinnúmero de polos de poder, pasando por los seis principales de Estados Unidos, China, la Unión Europea, Japón, India y Rusia, y terminando en focos regionales como Brasil, México, Australia, Nigeria, Corea del Sur e Israel, entre otros; ninguna de estas fuerzas es capaz de dominar y controlar a la otra y todas se encuentran -sea por causa o consecuencia- inmersas en un convulsionado mundo del nuevo milenio, que busca ansiosamente redescubrir y reubicar sus cimientos.

Llámesele multi o no-polaridad, Haas tiene razón. El escenario mundial de hoy es uno radicalmente distinto a cualquier otro que haya podido estudiarse en la Historia humana y representa un verdadero reto para los estados que la protagonizan.

BRICs y P3En un sistema bipolar, como el que existió durante la Guerra Fría, ambas superpotencias se moderan la una a la otra. La destrucción mutua asegurada (Mutual Assured Destruction o MAD) sirve como un disuasor efectivo para las grandes confrontaciones y el riesgo de un conflicto mundial, si bien siempre latente y a veces demasiado cercano, es menor que en periodos de multipolaridad como el que caracterizó a las primeras décadas del siglo XX. Piénsese sino en cómo las superpotencias de 1968 fueron capaces de superar una crisis tan sombría como la de los misiles cubanos, mientras que las alianzas de 1914 no pudieron superar en lo más mínimo un desencadenante tan trivial como el asesinato de un Archiduque.

Así, durante la Guerra Fría, las Proxy Wars o Guerras de Satélites como las de Corea o Vietnam, en donde las grandes potencias luchan a través de representantes menores en conflictos de alcance local o en el peor de los casos regional, fueron una especie de tubo de escape a través de las cuales Estados Unidos y la Unión Soviética pudieron desaguar sus tensiones sin tener que enfrentarse entre sí.

En un sistema unipolar como el que surgió con la caída del Muro de Berlín y el desplome final del comunismo en Rusia, en cambio, no existe ningún freno efectivo a los caprichos y deseos de la superpotencia, que termina fungiendo un rol de Policía Internacional en casi completo control del resto de estados. Si bien la unipolaridad puede traer como consecuencia la alienación de una gran parte del mundo y la ira de muchos como consecuencia de la impunidad que goza en la práctica el hegemón, tampoco es un sistema que se caracterice por grandes conflictos y guerras mundiales. En efecto, se trata más de un sistema de conflictos regionales, muchas veces relacionados con los intereses y preferencias de la superpotencia y sus aliados, como por ejemplo sucedió en la Primera Guerra del Golfo o los bombardeos aliados en Bosnia y Kosovo.

Un sistema multi o no-polar en cambio, trae consigo el peligro de conflicto, y más aún en estas épocas en que muchos de los poseedores del poder político han cesado de tener las clásicas restricciones de los Estados: un grupo terrorista o un movimiento revolucionario no tiene que mantener una reputación dentro de la comunidad internacional que le obligue a comportarse de determinada manera con miras a poder funcionar y satisfacer sus necesidades comerciales y estratégicas. Ellos, como quedó demostrado en septiembre de 2001, simplemente buscan sus objetivos sin importar las consecuencias.

Prueba de la inestabilidad de un sistema multi o no-polar, es que desde el 11 de septiembre en adelante, los caprichos usualmente impunes de la superpotencia están siendo imitados por países de mucha menor relevancia con las mismas consecuencias (o inexistencia de ellas). Casos como las incursiones israelíes en Líbano (2006) y Gaza (2009), o de Turquía en el Kurdistán Iraquí (2007), Rusia en Georgia (2008), o incluso Colombia en Ecuador (2008) son prueba de que Estados Unidos está perdiendo la capacidad de ordenar a sus amigos y controlar a sus rivales, en un escenario que cada vez se está volviendo más y más violento.

Ahora bien, no debemos interpretar esto como que el mundo se acerca a un escenario similar al que existía en 1914. Hoy en día el sistema internacional es distinto y cuenta con un sinnúmero de mecanismos políticos, diplomáticos e incluso militares que vuelven la posibilidad de un conflicto a gran escala bastante improbable. La cuestión del ius ad bellum del siglo XXI, es decir, el uso válido de la fuerza en las relaciones internacionales, no gira en torno a la guerra entre estados. Más bien, hoy en día las grandes amenazas a la seguridad y los grandes debates en cuando al principio de no intervención se refiere, giran en base a las violaciones a los derechos humanos y los actores no-estatales.

En efecto, ya desde 1999, ad portas del nuevo milenio, con los bombardeos de Kosovo como banda sonora, empezó a discutirse la aparición de nuevas reglas para el régimen del uso de la fuerza; y a partir del 2001, con el incremento del poder relativo de los grupos no estatales, el debate simplemente ha alcanzado una magnitud sin precedentes: ¿viola realmente la Carta de la ONU el hecho de intervenir en un estado para detener groseras violaciones a los derechos humanos?, ¿es posible realizar una incursión armada en territorio ajeno en casos en que el país vecino alberga grupos terroristas hostiles en su territorio?, ¿es necesaria la autorización previa del Consejo de Seguridad en estos casos?, ¿constituye legítima defensa? Nunca antes ha habido tantas preguntas sin respuesta para un tema que supuestamente debería haber quedado zanjado y superado en 1945 (y por qué no, 1928).

El reto, por lo tanto, está en ver si el mundo -y en especial Estados Unidos- es capaz de entender el nuevo escenario y adecuar su comportamiento en función a éste. Políticas como las de la legítima defensa preventiva de la era Bush, son un ejemplo de cursos de acción negativos y reprochables en un escenario multi o no-polar, puesto que la única forma en la que un estado, incluido Estados Unidos, puede alcanzar sus intereses en un escenario como este, es a través del multilateralismo y la diplomacia. El recurso continuo a la fuerza como herramienta de política exterior en un sistema con tantos focos distintos de poder sólo puede llevar a la alienación y el distanciamiento, forzando a los distintos jugadores a encasillarse en pequeños bloques de poder hasta que la tolerancia o la paciencia se les acabe.

Alonso Gurmendi
Fotos: (arriba) Gobierno Federal EE.UU.
           (abajo) www.kremlin.ru


Bienvenido

marzo 20, 2009

Bienvenido a “Política, Diplomacia y Desarrollo”. En este blog encontrarás análisis y comentarios a sucesos de actualidad, con especial énfasis en política y relaciones internacionales, derecho internacional, integración regional, seguridad y políticas para el desarrollo.