El futuro incierto de la Unión Europea

mayo 15, 2009

 ¿A quién llamo, cuando quiero hablar con los europeos?

La famosa pregunta que se planteó Henry Kissinger hace más de treinta años, sigue estando vigente hoy: más de cuarenta años después de la fundación de la Unión Europea, al continente más desarrollado del mundo le sigue costando horrores ser un bloque en lugar de simplemente actuar como uno. Y los latinoamericanos estamos particularmente interesados en ver cómo se desarrolla el proyecto paneuropeo, pues como detestamos ser innovadores, probablemente vamos a esperar a que ellos resuelvan sus problemas antes de dedicarnos a resolver los nuestros.

 Nadie disputa los éxitos del sistema de integración de la Unión Europea, sobre todo en términos de comercio exterior. Sin embargo, la realidad es que siguen existiendo hilos sueltos y muchos temas pendientes con miras a que Europa consolide ese sueño federal que todos sabemos alberga, por más que se niegue a confesarlo.

¿Quién manda en Europa? Si le han preguntado a mi estimado amigo y coautor Alonso Gurmendi, seguro les ha dicho que es Alemania. Pero no es verdad, al menos no en el sentido en que se piensa. 

Es verdad que Alemania siempre ha sido el motor de la integración europea. Es la economía más fuerte del bloque, y por su posición geopolítica es el llamado a expandir su influencia en Europa del Este y liderar el deterrence europeo contra el adversario de toda la vida: Rusia. Pero Alemania se ha visto muy desgastada por su fracaso en lidiar con el euroescepticismo del Reino Unido y por el usualmente impredecible comportamiento de sus aliados naturales, Francia e Italia. Tampoco ha tenido éxito en encontrar aliados en otros países grandes, como España, que ha preferido lidiar con sus propios problemas antes que con los de Europa.  Menos aún con sus demás pares occidentales, como Holanda o Bélgica, que insisten en demostrar su tradicional desconfianza por todo lo que viene del otro lado del Rin.

A causa de ello, Angela Merkel ha fracasado en lograr los dos grandes objetivos de su política exterior, fijados por su administración cuando asumió el gobierno en el 2005: impulsar a la OTAN  a la europeización y reducir la influencia norteamericana en las relaciones entre Europa y Moscú. Para colmo, el fracaso de la constitución europea y los continuos entrampamientos que engloba la ratificación del tratado de Lisboa, con el Partido Conservador en el Reino Unido insistiendo en la necesidad de un referéndum para ratificarlo, parecen señalar que los intentos alemanes por federalizar la unión han generado más fricción que consenso. Así que son malos días para ser un eurófilo alemán.

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Obama parece correr detrás de Brown, Merkel y Sarkozy – un muy alegórico ejemplo de los esfuezos emprendidos por la diplomacia americana para recuperar la confianza de sus aliados en Europa – y de paso, alejarlos de Rusia.
 

La crisis económica, por otro lado, ha develado los trapitos sucios del sistema comunitario. Islandia ha sido prácticamente abandonada tras sucumbir al colapso financiero, aún a pesar de haber seguido todas las reglas, incluyendo mantener un déficit fiscal inferior al 3%. Polonia, junto a ocho otros miembros de la UE, sostuvieron una mini cumbre por separado de la UE el pasado febrero, argumentando que no se estaba tomando en cuenta su posición en la estrategia económica de la UE hacia el futuro. Incluso empiezan a escucharse voces disidentes, como la de la República Checa, que hoy parece más preocupada por que el fenómeno de integración se haga más lento en lugar de más dinámico.

Por otro lado, viejos problemas que parecían haberse superado hoy están resurgiendo. La inmigración musulmana a Europa Occidental, para empezar, se ha vuelto un tema delicado cuando se considera la idea de admitir a Turquía en la Unión. Francia ha manifestado abiertamente sus objeciones, preocupada por el problema que hoy enfrenta para integrar a las minorías de inmigrantes musulmanas a la sociedad francesa, que solo se agravaría si Turquía fuese admitida. El gobierno de Merkel, por otro lado, se mantiene ambivalente, sopesando las contradicciones de una decisión que iría en línea con su ideal expansionista de la UE, pero que representaría un considerable riesgo de conmoción social interna en un país que hoy por hoy ya tiene graves problemas para controlar la inmigración turca. Tal es el dilemma  de los alemanes, que incluso han ensayado la idea de una “relación especial, pero sin admisión” con Turquía. Ah, y el Reino Unido, por supuesto, no duda en apoyar la candidatura. Faltaba más – lo que sea con tal de debilitar la influencia del eje franco-alemán. El juego no ha cambiado: el mismo ajedrez que jugaron Churchill y De Gaulle hace sesenta años, y Bismarck y la Reina Victoria hace cien, se juega hoy, con sistema de integración o sin él.

Pero lo más preocupante, es la apatía de los propios ciudadanos comunitarios. Un rápido vistazo al clima electoral en Europa demuestra que los ciudadanos siguen más interesados en la política local que en los asuntos comunitarios: son los asuntos nacionales, y nos los que tienen que ver con las normas comunitarias, los que dominan la campaña durante las elecciones al Parlamento Europeo. Y el porcentaje de personas que acuden a votar, en lugar de crecer, disminuye: del impresionante 65% en la primera elección en 1979, cayó a menos del 30% en las elecciones del 2004. Y las proyecciones dicen que este año descenderá aún más.  Como explica Timothy Garton Ash en su editorial del Guardian, “los europeos votan mediante su decisión de no votar”.

¿Hacia adonde va Europa entonces? Es una pregunta interesante. Mucho dependerá del resultado de las elecciones alemanas de setiembre, y de las elecciones parlamentarias que ya se vienen en el Reino Unido – esas de las que Gordon Brown desea tan desesperada como fútilmente escapar, pero que, después de la crisis política de gastos reportados por los MPs al Parlamento, es inevitable tendrán lugar antes de fin de año.

¿Por qué? Pues, porque ante la ambivalencia franco-italiana y el hermetismo del gobierno de Rodriguez Zapatero en España, los dos grandes rivales europeos de los últimos dos siglos son los únicos con posiciones claras sobre el futuro europeo. Por lo que, curiosamente, el futuro de la UE dependerá en gran medida de la capacidad de británicos y alemanes de llegar a un acuerdo – o de convencer a los demás que no le hagan caso al otro.

Eso si, no importa cuál sea el futuro de Europa, si de algo estamos seguros, es que muchos estarán expectantes: Medvedev y Putin urdirán oscuros planes, mientras miran con ambición como se desenvuelven los hechos. Obama se mantendrá atento, con una extraña mezcla de esperanza, cautela y temor… y nosotros, los latinoamericanos, como no nos queda de otra, trataremos de ser optimistas. Porque, al fin y al cabo, si los miembros de la UE, que durante décadas han dictado el modelo de integración que tanto y tan ciegamente nos hemos empeñado en seguir, no son capaces de resolver sus problemas, nosotros podemos ir olvidándonos de la integración.


Algunas consideraciones sobre el Servicio de Taxi en Lima

mayo 14, 2009

La informalidad es algo de todos los días en países como el nuestro, muchas veces es hasta incontrolable, pero el problema adquiere el estado de crisis cuando las actividades informales se vuelven habituales y normales para los ciudadanos. En el Perú una de las actividades económicas más habituales es desarrollada en su mayoría de forma informal: el servicio de taxi. Este medio forma parte del transporte público liviano y aunque no es usual que estos pertenezcan al Estado, generalmente pertenecen a privados a los cuales se les exigen ciertos requisitos mínimos para operar. Pero en nuestro país el “taxear” se ha convertido en la salida fácil para todo aquel que no tiene una fuente de ingresos, la informalidad permite que un letrero de “Taxi” en el parabrisas convierte a cualquier persona con un automóvil en proveedor del servicio, alcanzando la informalidad un índice de 67% a pesar de la existencia de la Ordenanza 196 que regula dicho servicio, es decir, hay una ley, pero no se respeta. Esta informalidad conlleva a una serie de problemas, a continuación detallaré algunos de ellos:

La negociación directa: Día a día millones de limeños negocian con los taxistas sobre el precio de sus carreras. Los precios no los establece el mercado sino la costumbre, el regateo es palabra de todos los días. Este tipo de sistema es desordenado e inconveniente tanto para el taxista como para el consumidor. Puede parecer beneficioso poder regatear el precio pero la negociación directa termina siendo perjudicial para el usuario pues no existe responsabilidad alguna en caso que el servicio no se brinde de forma adecuada (fallo vehicular o el típico “¿amigo, te puedo dejar acá porque tengo otra carrera y no voy a llegar?”) o peor aún, en caso de accidentes por culpa del chofer. La responsabilidad si existiría si detrás de los choferes estuviera una empresa o si estos operaran de manera formal. Por último la negociación directa permite la existencia de la frase que colma la paciencia de todos los limeños: “no voy”; lo cual significa que el taxista decide a quien lleva y a donde, cuando se supone que ellos brindan un servicio para todos los usuarios.

Aspectos generales del precio: El precio del servicio de taxi es producto de los factores que el conductor crea convenientes como distancia, hora, tráfico, etc. Por esto es que el sistema es desordenado e incoherente. Uno de los principales factores a tomarse en cuenta es el combustible. Es normal que si los precios del combustible suben el precio del servicio subirá, pero cuando el combustible disminuye su precio los taxistas parecen no notarlo jamás. En la misma línea del combustible tenemos al Gas Vehicular, este tipo de combustible apareció como la alternativa perfecta ante los altos precios de la gasolina y fue adoptado principalmente por los conductores de taxis, el problema es que a pesar de que utilizan un combustible mucho más barato sus tarifas son las mismas que las de aquellos que siguen utilizando gasolina, no existe ningún beneficio para el consumidor.

Es también importante resaltar la incoherencia existente entre precio y ruta, para lo cual daré un ejemplo del día a día de muchos limeños. Un servicio de taxi desde el distrito de San Borja (límite con Surco) con dirección al Jockey Plaza (Av. Manuel Holguín) tiene un precio de S/.6 o S/. 7 y el vehículo recorre una distancia de aproximadamente 3.6km. Ahora una carrera desde el mismo punto con dirección al Centro Comercial El Polo cuesta exactamente lo mismo pero la distancia es de 2.29km. Aproximadamente. Este es un ejemplo sencillo pero todos podemos comprobar cómo muchas veces una diferencia de 5 cuadras involucra una subida del precio mayor o muchas veces dicha longitud es ignorada.

Ante este problema la solución podría ser un taxímetro o el establecimiento de tarifas referenciales pero al usuario le gusta regatear el precio y la cantidad de taxis en Lima responde a la cantidad de demanda que existe. El problema de la formalidad es que podría involucrar una subida de precios y nadie está dispuesto a asumirlo a cambio de un sistema más ordenado.

El crimen: Uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta es que la informalidad conlleva a una inseguridad en el servicio. Tanto taxistas como usuarios son víctimas de criminales que aprovechan tanto para actuar como taxistas para asaltar a sus víctimas con facilidad o actuar como usuarios para asaltar a los taxistas. Esto lleva a que muchas personas opten por servicios de taxi de empresas privadas cuyos precios llegan al extremo de la ridiculez muchas veces duplicando el precio del servicio de taxi normal y a los que no todos pueden acceder.

La última víctima: Sin duda alguna la primera y última víctima de la informalidad es el Estado, el cual deja de percibir todos las tasas o comisiones que se cobran a los taxistas formales. Siendo el servicio de taxi un negocio tan común el Estado deja de percibir tributariamente los impuestos por el desarrollo de actividad económica y por percibir ingresos diarios. Esto sin hablar del trabajo que debe el MTC realizar para poder resolver el caos vehicular que también los taxis causan.

El problema principal es que en nuestro país la Ordenanza 196 no se hace cumplir. Esta exige que todo taxi deba ser formal, amarillo, con letrero luminoso en el techo, carné de identidad y muchos requisitos que casi nunca se ven. El costo para ser un taxista formal es de S/. 93.33 (Registros y credencial) y seguir un proceso administrativo, a diferencia del informal que cuesta S/.0.50 (calcomanía de “Taxi”).

Lima se encuentra a la cabeza del servicio informal de taxis presentando el peor sistema de Sudamérica con una cantidad de 210,000 taxis (unos 27 taxis por cada 1000 personas) y de los cuales solo 70,000 son formales. Solo por comparar, Bogotá tiene una cantidad de habitantes mayor a la de Lima y la cantidad de taxis que transitas es de 70,000 y de los cuales solo el 30% es informal, sin aumentar que utilizan el sistema de taxímetros para definir los precios; otras capitales de la región presentan índices similares.

La solución es sencilla, se debe establecer una fuerte campaña de formalización y se debe establecer de una vez o un sistema tarifario o el sistema en base a taxímetro, la negociación directa no puede seguir operando en una Metrópoli como es Lima. Pero lo principal es que las leyes se cumplan primero, es ridículo pensar que existe una multa de S/.218.00 e internamiento del vehículo para aquel que realiza el servicio de taxi de forma informal y a pesar de la existencia de esta sanción tenemos aproximadamente 140,000 taxis informales rondando las calles de Lima.

Datos obtenidos del Instituto Peruano de Administración Municipal (IPAM); TUPA de la Municipalidad de Lima y Google Earth.

 Gustavo A. Taboada Dusek


El Ártico Hoy

mayo 11, 2009

El mundo del siglo XXI ofrece un sinnúmero de nuevos escenarios y posibilidades; tanto de conflicto como de cooperación; y uno de estos nuevos escenarios se está desenvolviendo día a día en las cada vez más cálidas aguas del Océano Ártico.

Producto del calentamiento global y el efecto invernadero, los casquetes polares han venido reduciendo su tamaño año tras año y han ido abierto nuevas posibilidades para un selecto grupo de países con costas estratégicamente colocadas en el Círculo Polar.

En efecto, según los últimos estudios, debajo de los cada vez más disminuidos bloques de hielo se encuentra casi un cuarto de las reservas de hidrocarburos del planeta y las posibilidades de extraer minerales de los suelos árticos son cada vez más plausibles. Sin duda el ártico aparece como un escenario más que atractivo para el mundo.

De acuerdo con la Convención del Mar, los Estados tienen derecho a una Zona Económica Exclusiva de 200 millas y, en caso sus plataformas continentales se extiendan más allá, pueden presentar a la Comisión de Límites de Plataforma Continental propuestas para extender su dominio hasta las 350 millas. Esta opción ha generado que Dinamarca, Noruega, Canadá y Rusia presenten o hayan anunciado que presentarán documentos técnicos ante la Comisión a fin de obtener el control de amplias zonas del suelo marino ártico. Estados Unidos, al no ser miembro de la Convemar, no puede presentar propuestas semejantes, pero tiene también grandes intereses en el ártico.

Pero eso no es todo. Además de la posibilidad de reclamos superpuestos en las presentaciones ante la Comisión de Límites, que podrían dar lugar a disputas legales entre grandes potencias, existen otras disputas más claras y más complejas como la delimitación marítima en el Mar de Beaufort (Canada c. EE.UU.), el status jurídico del Paso del Noroeste (Canadá c. EE.UU. y la UE) y la soberanía sobre la Isla de Hans (Canadá c. Dinamarca).

Esta nueva realidad ha producido un verdadero laboratorio de Relaciones Internacionales en el Polo Norte, en donde diversos autores buscan brindar diversas predicciones para lo que en principio se presenta como una rara oportunidad para ver a grandes potencias y grandes democracias enfrascadas en disputas políticas y jurídicas en donde los beneficios son altos y los costos peligrosos.

Algunos, como Eric Posner, proponen que ante la existencia de lo que llama normas internacionales ambiguas, todo dependerá exclusivamente del poder que cada parte pueda desplegar y plantean un atractivo escenario para las ambiciones rusas en la zona, ante la poca viabilidad de una alianza Estados Unidos-Canadá (atorados en las disputas del Mar de Beaufort y el Paso del Noroeste) para contrarrestar a Moscú.

Otros, como Scott Borgerson, proponen una salida más “democrática”: la creación de un Parque Ártico en la zona de mayor disputa (el mismo Polo) a fin de evitar controversias de difícil (aunque no imposible) solución que garantice la adecuada protección de la vida y los recursos naturales en el delicado ambiente polar.

Lo más probable es que el Ártico nos ofrezca un variado repertorio de opciones y que no sea ni ajeno a las fricciones ni un barril de pólvora a punto de estallar. Así, por ejemplo, mientras que los gobiernos interesados firmaron en 2008 la Declaración de Ilulissat comprometiéndose al Derecho Internacional en caso de surgir cualquier disputa, al mismo tiempo han cometido amplios recursos al patrullaje y a incrementar su presencia militar en la zona (sobretodo Rusia y Canadá).

Sin duda será una excelente oportunidad para ver la diplomacia, la política y el Derecho Internacional en acción y a grandes escalas. El Ártico sin duda promete ser todo un espectáculo y vale la pena estar pendiente de él.

Alonso Gurmendi


De Platón, Aristóteles y el Estado de Derecho en el Perú

mayo 5, 2009

Muchas veces cuando conversamos sobre el Perú terminamos haciendo una lista inacabable de las cosas que se necesitan. Algunos dicen “¡educación!”; otros dicen “¡plata!”; otros dicen “¡salud!”; en fin, la lista nunca acaba y por lo general una cosa siempre es requisito de la otra.

Tomemos por ejemplo el caso del transporte público ¿qué es más importante?, ¿que los policías no coimeen o que los conductores de combis no se pasen la luz roja?, ¿que el Estado financie la construcción de mejores vías públicas o que se encargue de renovar el parque automotor?

Al final siempre parece que los problemas nunca tienen solución. ¿Para qué subir las multas si los policías coimean porque no tienen plata? ¿Para qué pagarles más a los policías si igual no hacen cumplir la ley? ¿Para qué trabajar en reformar al policía si el problema son los conductores? ¿Para qué enseñar educación vial si el problema al final son las terribles pistas? No hay suficiente dinero para todos los problemas y arreglar uno solo no basta para solucionar el problema.

¿Existe algún punto de inicio? ¿Podemos realmente empezar por algún lado o estamos condenados al círculo vicioso de los problemas sin solución?

Aristóteles decía que las cosas están compuestas por una sustancia que no cambia y un sinnúmero de accidentes. Si al objeto se le quitan todos los accidentes, veremos la sustancia. Es decir que si a mi carro le quitamos el color rojo, la forma de la carrocería, la marca, el forro de los asientos, etc., llegaremos a su sustancia, aquello que lo hace ser un carro y no una cuatrimoto.

Si aplicamos la misma lógica al problema del Perú y su aparente incapacidad de alcanzar el desarrollo, deberíamos llegar a su sustancia, aquello que hace al Perú “subdesarrollado” y no “desarrollado”.

Saquemos entonces los problemas del tránsito, los malos congresistas, los políticos deshonestos, la falta de gestión en los gobiernos regionales, las leyes ineficientes, la prensa irresponsable… ¿Qué queda?

Pensando sobre esto, me tope hace poco con una conferencia brindada en Berkeley por Stephen Breyer, Vocal de la Corte Suprema de Estados Unidos. En esta Conferencia, Breyer hablaba sobre independencia judicial y citó tres ejemplos para demostrar como había cambiado Estados Unidos a lo largo de los años.

El primer ejemplo que mencionó fue el de las Reubicaciones Indígenas en Estados Unidos en la época del Presidente Andrew Jackson (1830s). En esta época, el Presidente de la Corte Suprema, el Juez Marshall, dictaminó que las tierras de los Cherokee les pertenecían a ellos y que el gobierno no podía expulsarlos a las reservas indígenas al oeste del Missisipi. A esto Andrew Jackson respondió infamemente “John Marshall ha tomado su decisión, ¡ahora a ver que trate de ejecutarla!”. Jackson llevó al ejército a Georgia y expulsó por la fuerza a los Cherokee, en contra de la decisión de la Corte Suprema.

El segundo ejemplo que contó Breyer tuvo lugar 127 años más tarde, en Little Rock, Arkansas. Allí, la Corte Suprema había decidido que 9 alumnos afroamericanos tenían derecho a estudiar en una universidad “para blancos”. El Gobernador de Arkansas, Orval Faubus, envió a la Guardia Nacional de Arkansas para impedir el ingreso de los estudiantes al centro de estudios, incumpliendo la sentencia de la Corte. En respuesta, sin embargo, el Presidente Eisenhower envió a la División Aérea 101, la misma que 12 años antes había desembarcado en Normandía, y llevó de la mano a los jóvenes para que ingresen a la universidad.

Finalmente, Breyer relató la historia del caso Bush v. Gore de 2000, que decidió las elecciones presidenciales a favor de George W. Bush. Breyer insistió en lo impopular que fue la decisión, “lo sé, ¡yo emití una opinión discordante!” bromeó. “Pero al final, lo importante es que la gente aceptó la decisión por mas que no estuviera de acuerdo con ella. No hubo protestas ni revueltas en las calles. En otro país sí las habría habido”.

Yo creo que es ahí donde está nuestra sustancia. Nosotros somos Andrew Jackson. Somos Orval Faubus. Aún no somos Al Gore.

¿Y qué es eso que nos falta que nos hace diferentes? Los entendidos lo llaman Estado de Derecho, pero, ¿qué es el Estado de Derecho? Pues bien, Estado de Derecho es que las personas reconozcan que la norma existe por algo y que no debo cumplirla porque hay o no hay un policía cerca, sino porque es mi deber hacerlo. Dura lex, sed lex, dirían los romanos.

Estado de Derecho es entonces lograr que las personas interioricen el sistema de normas no como un estorbo que les impide hacer lo que quieren ni como una oportunidad de ser más vivo que el tonto acatador de reglas, sino de ver al Derecho y las normas que de él emanan como el resultado del pacto ficticio que todos en algún momento firmamos, al reconocer que mejor estamos con un gobierno que nos reconozca ciertos derechos a cambio de ciertas obligaciones.

Es verdad que el Estado no siempre cumple su parte del trato y que muchas veces estamos mejor funcionando fuera del sistema (creando capital muerto como diría Hernando de Soto), pero esa no es una excusa para tirar la toalla. Muchas veces por ejemplo escucha uno cómo los taxistas dicen “no se puede respetar a un policía que me pide coimas” y usan esa frase como disculpa para su soborno. Pero en realidad respetar al policía implica hacerlo incluso cuando el propio policía no se respeta a sí mismo. “Dado que yo sí respeto al policía, no le daré una coima y prefiero mi multa”. Si no puede eliminarse la demanda, eliminemos la oferta.

Sé que algunos ya me estarán tildando de idealista, que mi teoría depende de que mágicamente desaprendamos los últimos 180 años de nuestra cultura y cosas por el estilo. En cierto sentido tienen razón, estoy partiendo de una situación complicada, ofreciendo una solución improbable para un problema imposible. Pero sólo lo hago porque creo que el cambio que buscamos no va a venir sólo desde Palacio. El gobierno no puede autocurarse de un día para otro, porque nosotros somos el gobierno. El cambio también viene –por más cliché que suene- de nosotros mismos. No ofrezco una salida fácil, tampoco realista; ofrezco simplemente una verdad: que el desarrollo no es sólo mercados y dinero, sino también una actitud.

Sé también que mi hipótesis será criticada por abstracta, que no tiene cómo ponerse en práctica, que pretendo que la gente cambie hacia un ideal inexistente. Para contrarrestar este argumento ofrezco un camino compuesto por dos ideas:

La primera viene de Platón. Él solía decir que la justicia no es, como comúnmente se cree, dar a cada uno lo suyo, sino, todo lo contrario, que cada uno haga lo que tiene que hacer.

Más allá de si ésta es realmente la definición de justicia, es importante destacar la relevancia de este principio de hacer cada uno lo suyo. Lo contrario, esperar que a cada uno se le dé lo suyo, lleva a la displicencia, a exigir y no a hacer, a esperar que el Estado nos dé nuestro pedazo de pescado en lugar de aprender a pescar. Digamos entonces que por lo menos es eficiente socialmente que cada uno haga lo suyo, que si alguien va a hacer algo, que lo haga de la mejor manera posible. Que nuestro mejor esfuerzo nos permita ser de los mejores en lo que hagamos. Si no es así, no lo hagamos. No importa lo que uno haga con tal de que lo haga para ser el mejor. Ser el mejor barrendero, ser el mejor taxista, ser el mejor comerciante, ser el mejor empresario, el mejor inversionista, ser el mejor presidente; ese es el verdadero espíritu que nutre el desarrollo de los pueblos.

El otro principio es más reciente y se refiere a la teoría del imperativo categórico de Kant: “Actúa de tal manera que el máximo de tu conducta pueda ser usado como ley universal”. Esto significa que uno debe actuar de tal forma que si todos actuaran como uno, el mundo sería un mejor lugar. Es decir que ser “el mejor” no es hacer algo a costa de los demás, sino es hacer algo que sea bueno para los demás y para mí. Es verdad que en el fondo es una idea irrealizable, pero en la medida de lo posible, es una guía muy útil para el comportamiento.

Se trata de un principio moral erga omnes, aplicable a todos para con todos. Implica ser empático, implica poner luces intermitentes al cambiar de carril para avisar al otro, implica dejar que las personas mayores se sienten en los asientos reservados de las combis, implica no botar desperdicios tóxicos en los ríos de los campesinos.

Estos dos principios son el verdadero esqueleto detrás del crecimiento económico que nos llevarán a dar el primer gran paso desde el cual podremos luego dar el salto al desarrollo social. Si logramos interiorizar estos principios, si logramos crear un verdadero Estado de Derecho y cambiarnos a nosotros mismos, tal vez podamos finalmente cambiar a nuestro país.

Alonso Gurmendi


Deje todo atras y ahora me quede sin trabajo: La crisis económica y sus efectos en la migración

mayo 5, 2009

La migración es un fenómeno que afecta al globo en su totalidad, no hay país del mundo que se encuentre libre de ella. Hay países cuya población migra o los países receptores de migrantes, de una forma u otra la población local nunca va ser la misma. Ya no hay un Estado donde todos sus pobladores son oriundos del mismo, los países hoy en día son naciones pluriculturales y plurietnicas, todo producto de una corriente llamada migración. Las razones para migrar son diversas, hay razones políticas, razones culturales, razones sociales, pero quiero hacer especial énfasis en la falta de trabajo. Es común que personas dejen de su hogar, su familia, su vida, todo, en busca de un nuevo trabajo, traspasando fronteras e incluso viajando a nuevos continentes. “Si no hay trabajo en tu país, es mejor ir a buscarlo a otro, el sustento de la familia es fundamental”, pero, ¿Qué ocurre si el grass no es verde al otro lado de la cerca?

La migración, puede ser un fenómeno temporal -migrantes que se dirigen a realizar trabajos “temporales” en países vecinos- o definitiva. Además, puede ser positiva -trae consigo mejoras al país receptor y desarrollo- o negativa -el migrante recibe menor sueldo, sufre maltratos, discriminación o se convierte en un problema para la industria del país receptor-. De una forma u otra el fenómeno existe y cada vez hay más migración, que va de la mano con la globalización (Estados Unidos de America es el país que más migrantes recibe, 38.4 millones en el 2005).

En cuanto a las remesas emitidas por migrantes hay que tener en consideración que los números no son exactos, India en el 2007 recibió 27 billones de dólares en remesas y para Tajikistan las remesas son el 36% de su PBI, sin embargo, estos números pueden ser mucho mas altos ya que hay remesas que no son tomadas en cuenta, por la gran cantidad de migrantes ilegales y que cuyas remesas no se contabilizan. Gran cantidad de países obtienen sus ganancias del trabajo de sus ciudadanos en suelos ajenos. Pero, ¿qué ocurre cuando el trabajo ya no se vuelve rentable en el suelo ajeno, cuando las políticas migratorias de ese país se vuelven abusivas y denigran al migrante, cuando la vida en el exterior empuja al migrante a retornar a su país de origen; sin dinero, sin trabajo y probablemente sin esperanza?.

La crisis económica por la que atraviesa el mundo en estos tiempos, solo ha logrado empeorar las ya deterioradas condiciones de vida de muchos migrantes,  sin embargo, voy a hacer especial énfasis en la situación de los obreros migrantes. Existen otras consecuencias que pueden resultar perjudiciales producto de la migración, como la fuga de cerebros o temas de interés internacional como la falta de cobertura de salud, temas que pueden resultar materia de análisis de otro artículo.

 Que es lo que ocurre, la crisis mundial no solo ha significado una disminución en la capacidad de crecimiento de diversos países desarrollados sino que se convierte un factor determinante, para que no existan más empleos y por tanto se genere una reducción de personal masiva. Si bien, antes los países desarrollados se la podía arreglar para recibir cientos de inmigrantes dentro de sus fronteras, darles trabajo y ser el sustento no solo de locales sino de inmigrantes de diversas partes del mundo, en la época de crisis o post crisis( como algunos ya la llaman), los países desarrollados no cuentan mas con ese lujo.

Hace un par de años se calculaba que las remesas emitidas hacia países de desarrollados ascendían a US$251.000 millones (2007), debiéndose tener en cuenta lo antes mencionado, que estas cifras no incluyen aquellos flujos de remesas no registrados o informales, lo que pueden hacer ascender esta cifra a varios millones mas. Sin embargo, con el cambio de panorama mundial las cifras son mucho más desalentadoras y se espera una caída de 5% a 8% en las remesas,  lo que podía significar desarrollo para muchos países hoy es una mera ilusión todo debido a la reducción considerable de la remesas como parte del PBI.

Entonces, pongamos un ejemplo; antes habían dos hermanos que servían de sustento a una sola familia, un obrero el cual no tenia trabajo en su país de nacimiento, en adelante X, decide migrar a un país donde hay oportunidades laborales (puede ser desarrollado o subdesarrollado siendo la migración del segundo al primero la mas común). X  por su trabajo (legal o ilegal) manda de manera periódica una cierta cantidad de dinero a su familia (remesas) con lo cual esta cubre sus necesidades básicas y subsiste. El hermano de X el señor Y, no ha migrado pero sabe que el mercado laboral esta saturado en su país, sin embargo, el consigue un puesto de trabajo -no tan bien remunerado como el de X -. Ahora, junto con la crisis, el primero en quedarse sin trabajo es Y, debido a que la fabrica para la cual trabajaba decidió “reducir personal” por la coyuntura internacional, la familia aun cuenta con el sustento de X. Por otro lado, el trabajo en el extranjero se hace cada vez más difícil y tan solo hay espacio para unos cuantos trabajadores, en su mayoría oriundos del país, por lo que X pierde también su trabajo. Sin puesto de trabajo y por el alto costo de vida en el extranjero decide regresar a su país de origen, junto con X regresan miles mas que han perdido el trabajo en el extranjero y los han “regresado a casa”, esperando ser acogidos por un menor sueldo en el mercado laboral local. Finalmente, la situación es critica para los hermanos X y Y, se encuentran en un mercado local saturado, y migrar ya no es una solución, por que afuera tampoco hay trabajo.

Si bien, la crisis ha generado un panorama de desconcierto mundial y ha afectado las grandes economías, el impacto que tienen el las microeconomías -la familia- puede ser aun mas devastadora. Con la perdida de oportunidades laborales tanto en el país de uno como en el extranjero hace que lo que fue por mucho tiempo una manera de obtener ingresos alternativas, es decir trabajando en el exterior, hoy en día se vuelva una practica poco rentable. Los números hablan por si solos, según el Banco Mundial el crecimiento en remesas en el año 2009 puede llegar a ser de -5%, lo que transforma en miles de familias no reciban sustento suficiente para la vida. De esos millones migrantes que vivían en tierras ajenas y servían de sustento a su familia, miles han sido regresados a su país de origen, ahondando la gravedad de la situación por el aumento de los índices de desempleo y generando que “mas gente que busca trabajo donde no lo hay”, es decir en el país emisor de migrantes.

En lo personal, los despidos arbitrarios, la falta de previsión y la ahora excesiva falta de puestos de trabajos generado por la crisis, no solo ahonda la crisis sino que además afecta con mayor fuerza a las personas que sin la crisis ya sufrían de carencias económicas. De esta forma estamos entrando en un círculo vicioso donde la falta de trabajo obliga a los migrantes a buscar trabajo en su país de origen donde no hay trabajo, razón de migrar en un primer momento.

La solución, la cual no se encuentra lejos de ser posible, por la cual han luchado millones de migrantes a lo largo de décadas, son reglas y leyes que le otorguen a los migrantes mejor condiciones de trabajo, bajo lo cual se encuentra estabilidad laboral, reducción a la discriminación y sobre todo protección y cierta estabilidad a sus familias. Existen grandes avances, instrumentos internacionales para la protección de migrantes como la “El programa inter- americano para la promoción y la protección de los derechos humanos de los migrantes, trabajadores migrantes y sus familias”. Sin embargo, la crisis es algo inmanejable y probablemente con estas medidas no se hubiese bajado el índice de despidos, pero si de despidos arbitrarios, no se hubiese dejado de afectar a miles de familias, pero no de la manera que hoy en día en la crisis suma en la miseria aquellos que ya se encontraban en ella[]

Sebastian Marcelo Elias Sardiña

* Las cifras utilizadas provienen de cifras emitidas por el Banco Mundial