Algunas consideraciones sobre el Servicio de Taxi en Lima

La informalidad es algo de todos los días en países como el nuestro, muchas veces es hasta incontrolable, pero el problema adquiere el estado de crisis cuando las actividades informales se vuelven habituales y normales para los ciudadanos. En el Perú una de las actividades económicas más habituales es desarrollada en su mayoría de forma informal: el servicio de taxi. Este medio forma parte del transporte público liviano y aunque no es usual que estos pertenezcan al Estado, generalmente pertenecen a privados a los cuales se les exigen ciertos requisitos mínimos para operar. Pero en nuestro país el “taxear” se ha convertido en la salida fácil para todo aquel que no tiene una fuente de ingresos, la informalidad permite que un letrero de “Taxi” en el parabrisas convierte a cualquier persona con un automóvil en proveedor del servicio, alcanzando la informalidad un índice de 67% a pesar de la existencia de la Ordenanza 196 que regula dicho servicio, es decir, hay una ley, pero no se respeta. Esta informalidad conlleva a una serie de problemas, a continuación detallaré algunos de ellos:

La negociación directa: Día a día millones de limeños negocian con los taxistas sobre el precio de sus carreras. Los precios no los establece el mercado sino la costumbre, el regateo es palabra de todos los días. Este tipo de sistema es desordenado e inconveniente tanto para el taxista como para el consumidor. Puede parecer beneficioso poder regatear el precio pero la negociación directa termina siendo perjudicial para el usuario pues no existe responsabilidad alguna en caso que el servicio no se brinde de forma adecuada (fallo vehicular o el típico “¿amigo, te puedo dejar acá porque tengo otra carrera y no voy a llegar?”) o peor aún, en caso de accidentes por culpa del chofer. La responsabilidad si existiría si detrás de los choferes estuviera una empresa o si estos operaran de manera formal. Por último la negociación directa permite la existencia de la frase que colma la paciencia de todos los limeños: “no voy”; lo cual significa que el taxista decide a quien lleva y a donde, cuando se supone que ellos brindan un servicio para todos los usuarios.

Aspectos generales del precio: El precio del servicio de taxi es producto de los factores que el conductor crea convenientes como distancia, hora, tráfico, etc. Por esto es que el sistema es desordenado e incoherente. Uno de los principales factores a tomarse en cuenta es el combustible. Es normal que si los precios del combustible suben el precio del servicio subirá, pero cuando el combustible disminuye su precio los taxistas parecen no notarlo jamás. En la misma línea del combustible tenemos al Gas Vehicular, este tipo de combustible apareció como la alternativa perfecta ante los altos precios de la gasolina y fue adoptado principalmente por los conductores de taxis, el problema es que a pesar de que utilizan un combustible mucho más barato sus tarifas son las mismas que las de aquellos que siguen utilizando gasolina, no existe ningún beneficio para el consumidor.

Es también importante resaltar la incoherencia existente entre precio y ruta, para lo cual daré un ejemplo del día a día de muchos limeños. Un servicio de taxi desde el distrito de San Borja (límite con Surco) con dirección al Jockey Plaza (Av. Manuel Holguín) tiene un precio de S/.6 o S/. 7 y el vehículo recorre una distancia de aproximadamente 3.6km. Ahora una carrera desde el mismo punto con dirección al Centro Comercial El Polo cuesta exactamente lo mismo pero la distancia es de 2.29km. Aproximadamente. Este es un ejemplo sencillo pero todos podemos comprobar cómo muchas veces una diferencia de 5 cuadras involucra una subida del precio mayor o muchas veces dicha longitud es ignorada.

Ante este problema la solución podría ser un taxímetro o el establecimiento de tarifas referenciales pero al usuario le gusta regatear el precio y la cantidad de taxis en Lima responde a la cantidad de demanda que existe. El problema de la formalidad es que podría involucrar una subida de precios y nadie está dispuesto a asumirlo a cambio de un sistema más ordenado.

El crimen: Uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta es que la informalidad conlleva a una inseguridad en el servicio. Tanto taxistas como usuarios son víctimas de criminales que aprovechan tanto para actuar como taxistas para asaltar a sus víctimas con facilidad o actuar como usuarios para asaltar a los taxistas. Esto lleva a que muchas personas opten por servicios de taxi de empresas privadas cuyos precios llegan al extremo de la ridiculez muchas veces duplicando el precio del servicio de taxi normal y a los que no todos pueden acceder.

La última víctima: Sin duda alguna la primera y última víctima de la informalidad es el Estado, el cual deja de percibir todos las tasas o comisiones que se cobran a los taxistas formales. Siendo el servicio de taxi un negocio tan común el Estado deja de percibir tributariamente los impuestos por el desarrollo de actividad económica y por percibir ingresos diarios. Esto sin hablar del trabajo que debe el MTC realizar para poder resolver el caos vehicular que también los taxis causan.

El problema principal es que en nuestro país la Ordenanza 196 no se hace cumplir. Esta exige que todo taxi deba ser formal, amarillo, con letrero luminoso en el techo, carné de identidad y muchos requisitos que casi nunca se ven. El costo para ser un taxista formal es de S/. 93.33 (Registros y credencial) y seguir un proceso administrativo, a diferencia del informal que cuesta S/.0.50 (calcomanía de “Taxi”).

Lima se encuentra a la cabeza del servicio informal de taxis presentando el peor sistema de Sudamérica con una cantidad de 210,000 taxis (unos 27 taxis por cada 1000 personas) y de los cuales solo 70,000 son formales. Solo por comparar, Bogotá tiene una cantidad de habitantes mayor a la de Lima y la cantidad de taxis que transitas es de 70,000 y de los cuales solo el 30% es informal, sin aumentar que utilizan el sistema de taxímetros para definir los precios; otras capitales de la región presentan índices similares.

La solución es sencilla, se debe establecer una fuerte campaña de formalización y se debe establecer de una vez o un sistema tarifario o el sistema en base a taxímetro, la negociación directa no puede seguir operando en una Metrópoli como es Lima. Pero lo principal es que las leyes se cumplan primero, es ridículo pensar que existe una multa de S/.218.00 e internamiento del vehículo para aquel que realiza el servicio de taxi de forma informal y a pesar de la existencia de esta sanción tenemos aproximadamente 140,000 taxis informales rondando las calles de Lima.

Datos obtenidos del Instituto Peruano de Administración Municipal (IPAM); TUPA de la Municipalidad de Lima y Google Earth.

 Gustavo A. Taboada Dusek

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