Cuando el Gato no caza ratones: Política y Desarrollo en Sudamérica

“Neoliberalismo”, “Socialismo del Siglo XXI”, “dictadura ultraizquierdista populista”, Sudamérica está repleta de nombres, de “-ismos”; de todos y cada uno de los –ismos imaginables, salvo, como diría Oscar Arias, del único que importa: pragmatismo. 

Tenemos doscientos años de repúblicas empecinadas en perder oportunidades y en seguir libros santos al pie de la letra y directo al fracaso. Sean los Siete Ensayos o El Misterio del Capital, la verdad es que hace doscientos años que todo se mantiene; nada cambia, seguimos siendo pobres, luchando entre nosotros por ver si el “neoliberalismo salvaje” es o no mejor que “el sindicalismo-populismo”, cuando lo que importa, al final, ya no importa: el gato no caza ratones, ¡pero sí araña y vaya que come! 

Derecha e Izquierda; Liberal y Conservador. Estos debates interminables que acaparan los titulares todos los días al final terminan siendo intrascendentes, incluso profundamente contradictorios ¿o acaso podríamos comparar a nuestra derechista Lourdes Flores con el derechista Rush Limbaugh?, ¿o quizás a nuestro izquierdista Ollanta Humala con el izquierdista Barack Obama? Como dijera alguna vez Mark Twain, “los principios en realidad sólo tienen fuerza cuando uno tiene el estómago lleno” ¿Realmente qué importa si es que podemos ubicar una propuesta en uno u otro lado del espectro si es que, al fin y al cabo, funciona, si es que, al fin y al cabo, le alivia un poco la vida a los pobres del país? 

Dejémonos pues de falsos profetas y caballeros quiméricos. El mundo real no puede ser salvado con recetas paporreteadas de hace 100 ó 50 años. El Perú en este momento no necesita ni neoliberales ni socialistas del siglo XXI; necesita líderes, y de los buenos. Lastimosamente, empero, crear líderes, es algo que nuestros pueblos no han sabido hacer muy bien en los últimos siglos. Uno no puede sino asombrarse pensando en los increíbles “y sis” de nuestra Historia. “¿Y si en lugar de un Bolívar, hubiésemos tenido un Lincoln?”; “¿y si en lugar de un La Mar, hubiésemos tenido un Washington?”; “¿si en lugar de un Prado, un Churchill?”; “¿si en lugar de un Velasco, un Pedro el Grande?” No los tuvimos y pagamos el costo. 

Pero ahora, en este confundido nuevo milenio, en donde las crisis vienen del norte y el progreso es Made in Vietnam, hay nuevos vientos en el aire, nuevas oportunidades ajenas a las reglas de antaño. ¿Por qué es que entonces seguimos hablando como si en Varsovia aún hubiese un Lech Walesa y no un Lech Kaczynski, como si en Estados Unidos hubiese un Roosevelt y no un Obama? 

En este nuevo mundo, ya no hay derechas ni izquierdas, no hay “neoliberales” ni “socialistas”. Hay simplemente quienes proponen ideas serias y quienes no. Hay personas en quienes podemos confiar y personas en las que no. Hay, en términos simples, política populista y política responsable; política que sirve y política que no. 

Cerrar las fronteras al comercio, perderle el respeto a la propiedad privada y pretender que el Estado supla al privado en la actividad económica es política que no sirve. Creer a ciegas en el mercado sin regulación, le cueste a quien le cueste, pierda quien pierda, es también política que no sirve. Y no es que no sirva porque sea mala, en Suecia el Estado es un gran proveedor de servicios y de alta calidad y en Estados Unidos los mercados han llevado al país a ser la primera potencia mundial. Es política que no sirve porque aquí, en Perú, en Bolivia, en Ecuador, en Paraguay, lejos de las páginas de libros escritos en Washington y Moscú, esos enfoques no tienen ningún sentido. 

Como todo en el Perú, nuestro camino al desarrollo necesita un poco de Inga y de Mandinga, un poco de sazón peruana y bastante ajicito. No más de estas doctrinas de rajatabla empolvadas y mecánicas. Necesitamos desarrollo “Made in Peru”. Pero para eso, necesitamos también a las personas indicadas, personas que no sólo sepan, sino que entiendan; porque ¿de qué sirve una librería de dos pisos y un diploma Ivy League si al fin y al cabo el regulado es un campesino pobre de Tayacaja o un indígena ashwar de San Martín?

Necesitamos una buena mezcla en el gobierno, tanto de los que saben como de los que entienden y encargarnos de diseñar verdaderas políticas de Estado, diseñadas a prueba de soroche, pero dignas de Capitol Hill. Y para esto, se necesita a los mejores. No más políticas de austeridad, esa es política que no sirve (¿o realmente esperamos que un funcionario que gane S/.5,000.00 regule a un gerente que gane US$50,000.00?). No más debates muertos en el Congreso, esa es también política inservible (¿o realmente esperamos que el desarrollo surja por generación espontánea del cadáver de las buenas intenciones de uno y otro bando?). No más divisiones ni distanciamientos. Todos somos peruanos y todos buscamos lo mismo. No más autosabotaje. Esa es política que sí sirve.

Ya es tiempo de darnos cuenta de que hoy, este día, no puede ser más otra oportunidad desperdiciada. El país (derecha e izquierda reunidas) necesita darse cuenta de que la decisión que tomemos este día, aquí y ahora, puede de una vez por todas responder la eterna pregunta de Zavalita, cerrar el libro y sacarnos del hoyo, o puede simplemente ser una página más de nuestra enorme catedral, llena de gatos que no cazan y de leyes que no sirven.

Alonso Gurmendi Dunkelberg

4 respuestas a Cuando el Gato no caza ratones: Política y Desarrollo en Sudamérica

  1. Buen post, aunque la verdad que es una lástima la situación de nuestra clase política, realmente los partidos políticos ahora actuantes se han convertido en una potente rémora en contra del desarrollo. El cambio que se plantea podría venir desde otra corriente no partidocrática, de eso estoy seguro. ¿O me equivoco?.

    • Alonso Gurmendi dice:

      Estimado Jaime,

      Tienes razón, nuestra clase política, en muchos casos, en efecto, deja mucho que desear, y nuestros partidos políticos son también a veces una traba al desarrollo. Personalmente me asombra cómo en nuestro Congreso somos absolutamente incapaces de alcanzar el punto medio, de poder ceder en ciertos puntos y mantenernos firmes en otros y lograr una posición consensuada que le sirva al país; todo tiene que ser blanco o negro, sin tintas grises. Realmente da lástima, porque no todo lo que sale del lado derecho del hemiciclo es infalible y no todo lo que sale del lado izquierdo es una desgracia, como muchas veces se nos intenta hacer creer. A mí me gustaría ver mucha más cooperación. Siempre me ha llamado mucho la atención el hecho de que nunca desde que tengo acceso al canal del Congreso he escuchado a alguno de nuestros congresistas decir “esperamos recibir feedback de las demás bancadas para este proyecto de ley” o “nos gustaría conformar un grupo de trabajo para perfeccionar esta propuesta y volverla de consenso”. Siempre es la propuesta de un partido contra la propuesta del otro y de pasarla a como dé lugar.

      Sin embargo, no creo que debamos perderle fe al sistema partidario todavía. No son muchos, pero sí hay congresistas en los que confío (no necesariamente con los que estoy de acuerdo ideológicamente, pero que por lo menos, usando los términos del post, considero “políticos que sirven”). Y mientras haya por lo menos uno, entonces aún habrá esperanza para nuestra democracia y los partidos.

      La opción que sugieres de que el liderazgo surja de afuera del sistema partidario sin dudas parece más factible, sin embargo, tampoco es perfecta. Por lo general la política es mal vista en nuestra sociedad, se la considera como una actividad mezquina y, lo peor, “contagiosa”; se piensa que el honesto puede entrar honesto a la política pero no puede conservarse honesto por mucho tiempo. Eso ahuyenta a las personas de alto nivel académico. Sin mencionar que económicamente hablando el sector privado ofrece mayores beneficios. Eso es algo que también debe cambiar. No podemos seguir viendo a la política como algo irrelevante a la vida del país. Somos expertos para quejarnos de por qué las cosas andan mal y para decir cómo nosotros las podríamos hacer mejor, pero a la hora de la hora, cuando nos tocaría llevar las cosas del dicho al hecho, no nos atrevemos; sea por apatía o por temor, simplemente no nos atrevemos. Ese es el principal problema para generar líderes políticos desde afuera del sistema partidario.

      Sin dudas crear líderes serios es un reto grande y complicado (¡es algo que nunca hemos podido hacer bien!), por ello, no creo que debamos cerrar las puertas a ningún camino. Creamos en las excepciones (a fin de cuentas dependemos de ellas); tanto de la opción de encontrar un político partidario honesto, serio y preparado, como de la opción de hallar un líder nacido del sector privado, pero políticamente comprometido con el éxito de su país.

      En todo caso, Jaime, si no son los partidos y no es el sector privado los que han de dar el primer paso al desarrollo, no nos olvidemos de que la principal corriente no partidocrática que existe somos nosotros mismos, los ciudadanos de a pie, y que muchas veces, el cambio que pedimos a nuestra democracia, empieza por nosotros mismos: desde lo más trivial, como hablar más seguido de política, a lo más relevante, como postular a algún cargo público en algún momento de nuestras vidas.

      Saludos y muchas gracias por el comentario.

      Alonso

  2. […] he dejado en claro que no creo en derechas ni izquierdas (y parece que no estoy solo en eso), sino que, en cambio, creo en buenas y malas ideas, por lo que […]

  3. carolina dice:

    “gato blanco , gato negro, lo que importa es que case ratones”vivo en españa y estudio la carrera de economia y me dieron esta frase para un examen,para intepretarla ,buscando informacion llegue a la conclusion que peru, bolvia, chile etc han sufrido una segunda conquista por parte de españa que opta otro modelo de explotacion y creo yo , mas agresivo ,representado en repsol y telefonica , tienes muchas razon al decir que el gato con caza ratones, !pero si araña y vaya que come!

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