Copenhagen y el Multipolarismo: Algunos Comentarios

Mi co-autor, Ronald Cross, plantea la hipótesis de que el COP-15 en Copenhagen fracasó porque el mundo se ha vuelto ya multipolar. Evidentemente estoy de acuerdo con que en el mundo de hoy ya no hay un solo foco de poder. Pero me dejó pensando la pregunta de si fue este aparente exceso de opiniones el que causó la debacle ambiental que presenciamos en Dinamarca. En otras palabras, ¿habría existido un Protocolo de Copenhagen este año si es que Brasil, India, China, Sudáfrica y Rusia no hubiesen estado allí con el poder suficiente para frenar las negociaciones con sus puntos de vista aparentemente insalvables?

Afirmar lo anterior implicaría que podamos ser capaces de demostrar que el Protocolo de Kyoto fue posible porque el unilateralismo así lo permitió. Sin embargo, si retrocedemos hasta las arduas negociaciones de Kyoto en 2004, no fue Estados Unidos, la potencia mundial, la que lideró el empuje pro Kyoto; todo lo contrario, fueron Japón y la Unión Europea quienes, luego de un largo tira y afloja con Rusia, lograron convencerla de firmar el pacto (sí, la “heroína” detrás de Kyoto fue la Madre Rusia). Pero incluso los propios rusos no eran nada entusiastas con respecto al protocolo: Andrei Illarinov, asesor del entonces Presidente Putin en el tema, describió a Kyoto nada más y nada menos que como un “Auschwitz Económico”. Sólo con la promesa europea de no vetar el ingreso de Rusia a la OMC y la opción de Rusia de poder utilizar sus ratings de 1990 para medir sus metas en reducciones de carbono fue que se logró aprobar Kyoto; un tratado negociado durante el auge de la hegemonía estadounidense, pero que no exigía nada a países emergentes como China e India, cuyas economías contribuyen enormemente al calentamiento global; que no contaba con la participación del principal contaminante del planeta -Estados Unidos- cuya economía era responsable por más del 36% de los gases de invernadero en el mundo, y que permitía, en esencia, que Rusia se aprovechara de tecnicismos para que sus metas de reducción de emisiones sean bastante generosas.

No. El unilateralismo no nos salvó del monóxido de carbono y el multipolarismo tampoco va a condenarnos. Otra es la explicación –al menos en mi opinión- para la catástrofe de Copenhagen.

Sucede pues que los Estados, como todo esfuerzo humano colectivo, son creados para un fin. El fin, por supuesto, es proteger a sus ciudadanos de las amenazas que enfrentan tanto en el ámbito interno como el internacional. Y así, en el ámbito internacional, la mejor forma de lograr este objetivo es evitar que las demás naciones tengan los medios necesarios para inducir al gobierno a perseguir conductas o favorecer escenarios contrarios a lo que en política internacional llamamos interés nacional. De esta forma, todos los Estados buscan siempre ser más ricos y más poderosos que sus vecinos y desean contar con los medios necesarios para proteger este poder y esta riqueza. En esencia, los Estados son competitivos y egoístas, favoreciendo casi siempre la alternativa que reporte mayores beneficios a cada uno.

Con algo de suerte los Estados reaccionarán a tiempo para evitar una crisis climática importante

Es precisamente este sistema internacional de egoísmo y competencia el que nos ha permitido alcanzar –de una u otra manera- todos los avances que han existido en el escenario internacional desde la antigüedad hasta nuestros días. Negarlo es querer tapar el sol con un dedo e ignorarlo no puede sino llevarnos errores de tamaña importancia.

En el tema del cambio climático, sin embargo, este sistema que por tanto tiempo nos ha ayudado, se vuelva patas arriba. Los Estados saben (o tienen los medios para saber) que el cambio climático es una amenaza seria a su supervivencia; a su poder y riqueza mismas; es decir, es una amenaza a su interés más básico. Sin embargo, mientras los beneficios de actuar hoy no se sentirán sino hasta tres o cuatro décadas (y serán en su mayoría beneficiosos en cuanto a que se tratará de cosas que “no pasarán” y que por lo tanto los votantes no se percatarán de ellas), los costos se sentirán hoy mismo y repercutirán al corto plazo precisamente en esta carrera internacional por ver quién alcanza mayor poder y mayor riqueza en la escena internacional.

En efecto, quien firme un protocolo en diciembre 2010 estará más seguro de aquí a cuarenta años, pero probablemente estará frenando (o sentirá que está frenando) su crecimiento económico de aquí a cinco o seis. De otro lado, quien no lo firme, tal vez corra el riesgo de ver sus ciudades inundadas de aquí a cuatro décadas, pero verá un comentario económico más favorable en el próximo reporte Standard & Poor’s. Es más, incluso quien firme un protocolo el 2010, verá empeñado su éxito futuro a la condición de que todos los demás Estados implicados firmen el pacto también, y ante la incertidumbre frente a las intenciones de sus vecinos, es probable que un grupo de los Estados que sí deseen un nuevo Kyoto, desistan de ratificarlo por miedo a ser los únicos que trabajan mientras los demás se aprovechan de su buena voluntad.

Así pues, nuestros Estados simplemente no están diseñados para enfrentar este tipo de problemas. Nuestros Estados –al menos la mayoría- funcionan en base a elecciones que ocurren cada cuatro o cinco años. Muchas veces los Estados requieren de beneficios al corto plazo y tienen tasas de descuento relativamente altas, en el sentido de que prefieren pocas ganancias hoy, a muchas ganancias mañana. Pedirle a nuestros Estados que abandonen este esquema es demasiado complicado, incluso para Al Gore.

Es verdad que el multipolarismo crea problemas (por ejemplo, el desagradable rol que cumplieron Venezuela y Sudán en el debate se debió en gran medida al apoyo Chino que pudo desestabilizar cualquier intento estadounidense por ponerlos en orden), pero como señala Moisés Naim, el multilateralismo tiene soluciones prácticas que incluso han sido ya empleadas en casos como el involucramiento del G20 en la crisis económica.

La respuesta, en mi opinión, no está en los múltiples polos de poder, sino que está, para nuestra mala suerte, incluso un paso más atrás, en el sistema mismo. Tristemente, el reto más grande de nuestros días, es al mismo tiempo un reto para el que no hemos evolucionado todavía. Es un fenómeno que con cada año que pasa está más cerca de la adaptación forzosa que de la prevención armónica. Tal vez, con un poco de suerte, podremos reaccionar al problema antes de que sea demasiado tarde. Pero, si alguna dura lección me deja Copenhagen, es que, en el ámbito internacional, algunas cosas pueden cambiar, pero otras no…

2 respuestas a Copenhagen y el Multipolarismo: Algunos Comentarios

  1. Ronald Cross dice:

    Me siento obligado a acotar que mi afirmación de que el multilateralismo terminó siendo perjudicial para Copenhaguen es contextual y no debe entenderse como una afirmación ideológica en favor del unilateralismo (la alusión a sentir nostalgia por Bush era una cuestión de sátira).

    Estoy de acuerdo con que el problema es sistémico y representa el gran problema de los sistemas democráticos modernos – las elecciones son cada 4 o 5 años, cuando el impacto de las reformas mas significativas normalmente toma décadas. He ahí el problema, sin ahora.

    Punto aparte, no comparto la opinión de que Estados Unidos nunca pintó en Kyoto. Kyoto fue diseñado para tener a Estados Unidos como gran protagonista y Al Gore (entonces Vicepresidente) personalmente estuvo muy implicado en la redacción y ejecución del mismo. Muchos olvidan que Estados Unidos si firmó el protocolo de Kyoto – el problema fue que en un mundo unilateral, el Senado americano se sentía confiado de que el país bien podía decirle al mundo entero que vaya a vérsela y decidió cargarse encima la presión internacional rehusándose (98 a 0, todavía) a ratificarlo.

    Las concesiones que obtuvo Rusia se dieron en gran parte debido a la desesperación de la UE y de Japón por incluirlos justamente porque Estados Unidos quedó fuera. Si Estados Unidos hubiese ratificado Kyoto, Rusia hubiera sentido una presión mucho mayor para unirse al tratado con o sin beneficios.

    Como sea, la situación es deprimente.

  2. Alonso Gurmendi dice:

    Tal vez deba aclarar mis puntos yo también. No niego el importante rol de Estados UNidos en la negociación de Kyoto. Lo que señalo, en cambio, es que incluso siendo Estados Unidos el Estado más poderoso, Kyoto no incluyó cuotas para China e India y además -por culpa del unilateralismo- Estados Unidos se dio el lujo de no ratificarlo.

    En todo caso, estamos de acuerdo en que falta tiempo todavía para que podamos ver un tratado climático vinculante… si es que llegamos a verlo!

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