¿Quiénes se benefician con el fin de las encuestas?

La controversial decisión del Jurado Nacional de Elecciones, anunciada el viernes pasado, de exigir a las encuestadoras que presenten el nombre, DNI y dirección de las personas encuestadas supone el último capítulo de la telenovela electoral.

Aunque una tener discusión sobre los méritos de dicha decisión resulta atractivo, creo que sería también un ejercicio totalmente ideológico.

Los hechos son que, no importa cuán a favor de la medida estén algunos votantes de los sectores  B y A que leen y comentan en El Comercio, es bastante evidente, para toda persona informada, que si las encuestadoras exigieran el nombre, DNI y dirección a los encuestados, los resultados de las encuestas se verían seriamente perjudicados en los sectores D, E y entre los votantes de mayor edad, sea por temor o incluso en algunos casos por desconocer su número de DNI (no es tan común en estos sectores, sobre todo en zonas rurales, que las personas lleven su DNI consigo todo el tiempo o incluso que se sepan su número de memoria).

La reacción de las encuestadoras tampoco sorprende a nadie, mucho menos al JNE y los partidos políticos. Todos sabían que la única conclusión que esta medida iba a tener era detener la publicación de encuestas por un tiempo.

Es simple: más allá del impacto estadístico que la medida tendría en los resultados de las encuestas, es un riesgo demasiado grande para las encuestadoras arriesgarse a ser sancionadas por el JNE por presentar encuestas con errores. No tienen forma de verificar que los encuestados les estén diciendo la verdad, salvo que pidan ver los DNI, y como ya dijimos, no todo el mundo lleva el suyo consigo. Haciendo números, simplemente no sale a cuenta tomar el riesgo. Así que prefieren callarse hasta que cambie la norma y dejar que la población, en su ansiedad, presione al JNE a hacer lo único que tiene sentido.

Sobre ese punto, los próximos días van a ser muy interesantes. ¿Podemos los peruanos vivir sin encuestas? ¿Podemos los peruanos, en la era del twitter, de wikipedia y de google, vivir realmente sin saber que está pasando cuando está a nuestro alcance saberlo?

Lo dudo. Los peruanos, como todos los seres humanos, somos demasiado curiosos. Queremos saber lo que está pasando, y queremos saberlo ya. Por esa razón, dudo mucho que pasen muchos días sin que empiecen a circular encuestas “no oficiales” que crezcan cada vez más en popularidad. Al final, no creo que el JNE tenga más opción que levantar la restricción.

Por mientras, resulta interesante preguntarse ¿A quién le conviene que no se publiquen las encuestas?

Muchos señalan que a quien le conviene es al Gobierno. Puede ser. Las encuestas muestran que el Apra tendrá que luchar muy duro para pasar la valla electoral. Eso genera una impresión general de debilidad, y los peruanos nos enamoramos sólo de los fuertes, un trauma remanente de los múltiples regímenes autoritarios que hemos tenido que vivir. Encuestas que muestran al Apra languideciendo pueden volverlo una opción menos atractiva, y distraer la atención de los indecisos hacia los partidos más fuertes.

Por otro lado, el Apra tiene un voto muy sólido, que tiende a consolidarse siempre hacia el final de la campaña. El Apra siempre empieza de atrás en las encuestas, y va subiendo poco a poco, en la medida que los votantes que son apristas de corazón van tomando conciencia de la inminencia de las elecciones.

Además, la valla electoral es solo del 5 por ciento. Para un partido organizado a nivel nacional, 5 por ciento es realmente muy poco. No hay que olvidarse que los apristas sacaron 20 por ciento en el Congreso en las elecciones de 1990, después del desastroso primer gobierno de García. Y esta vez lo han hecho bastante mejor que entonces.

En ese sentido, no creo que ningún experto apostaría en contra de que el Apra pase la valla electoral. Tampoco creo que la dirigencia aprista vea necesaria una medida como esta para lograrlo. Además, saben que existe un riesgo de que esto juegue en su contra, pues la tendencia obvia va a ser que las personas vean en esta medida la mano del gobierno. El peruano es paranoico. Es el trauma de los vladivideos. El siempre piensa que el gobierno es todopoderoso, y que está detrás de todo, conspirando y manipulando perversamente nuestra realidad. El Apra sabe eso.

Los que realmente se benefician de esto son las candidatos medianos que no guardan relación con el gobierno: PPK, Ollanta  Humala y Lucho Castañeda. Ellos son los únicos que se pueden beneficiar: tienen una base de votantes y de campaña decente, que los hace atractivos como alternativas a los candidatos establecidos (Alejandro Toledo y Keiko Fujimori). Además, la población no los percibe como capaces de influenciar al JNE, así que quedan libres del efecto “son unos corruptos que están manipulando la elección”.

Lucho Castañeda…. Bueno, todos sabemos que Lucho Castañeda no va a ganar la elección. Simplemente, no tiene lo que se necesita. Tiene demasiados obstáculos. Ha sido alcalde de Lima (cuando entenderán los políticos que no se puede llegar a Palacio desde la Municipalidad, por más que estén a 50 metros de distancia), es percibido como un burgués débil, no tiene carisma, no tiene discurso, no tiene un partido de verdad detrás y, a pesar de su astuta decisión de incorporar a Cambio 90, tampoco tiene como crecer en provincias. Viene bajando en las encuestas hace un tiempo y seguirá bajando. Y personalmente, creo que ni aunque mañana Keiko Fujimori y Alejandro Toledo muriesen por un aneurisma o algo así, conseguiría salir electo. Así que dudo que sea él el que termine ganando con la ausencia de encuestas.

Eso nos deja a quizá los dos polos más opuestos de esta elección: Ollanta Humala y PPK.

A primera vista, uno pensaría que Ollanta esta mejor posicionado para beneficiarse. El disfruta del llamado voto oculto (aunque ahora se lo reparte con Keiko Fujimori) y muchas más personas se identifican con él, un hombre de rasgos mestizos con un pasado familiar muy arraigado en el Perú y una hoja de servicios al país factible de ser percibida por la población, que con PPK, un hombre de rasgos anglos, que si bien tiene un pasado político fuerte en el país, es percibido como un pituco extranjero con un apellido que menos del cinco por ciento de la población puede escribir.

Aún así, PPK también tiene como aprovecharse de las circunstancias. Su voto es mucho más flexible que el de Ollanta y no genera tantos anticuerpos como el ex teniente coronel.  Además, la ausencia de encuestas va a impactar mucho más en zonas urbanas, entre gente acostumbrada a seguir las noticias, que por su perfil estaría más inclinada a votar por un empresario con criterio económico como PPK, por más que no lo vean como uno de los suyos, que por un militar gritón como Humala, que es como el “Comandante” aún es percibido le guste o no.

Humala, además, tiene su base en el voto rural, que es el sector donde mayor capacidad de penetración tiene, y donde tiene que pelearle los votos a Keiko. Y en las zonas rurales, la gente probablemente ni se haya enterado de que ya no se van a publicar encuestas. No están acostumbrados a verse afectados por ellas de cualquier manera. La brecha informativa campo-ciudad hace que este segmento de la población permanezca convenientemente aislado, más sensible a ser cautivado por los discursos autoritarios de fujimoristas y humalistas. La ausencia de encuestas no va a tener aquí el más mínimo impacto.

Por su parte, PPK no tiene esperanza de sacar muchos votos en zonas rurales. Por ende, no está invirtiendo mucho en sacar allí grandes resultados. Creo que ha tratado de compensar eso aliándose con Humberto Lay, a fin de atraer un porcentaje de los votos de evangélicos, que en los sectores C, D y E llegan al 20% de la población, una maniobra inteligente. El, por mientras, se ha concentrado en captar el voto urbano de provincias, que es donde al fin y al cabo se gana la elección y donde creo, coincidentemente, mayor impacto va a tener la ausencia de encuestas.

El tiempo dirá quién sale ganando.

UPDATE (03/03/2011): El Jurado Nacional de Elecciones, tal como era de esperarse, decidió dar marcha atrás en su decisión, permitiendo el retorno de las encuestas públicas. Habiendo durado la suspensión tan poco tiempo, es imposible medir los efectos que esta hubiera tenido en el electorado.

Aún así, creo relevante comentar brevemente dos  ocurrencias interesantes relacionadas al tema.

La primera es la reacción de Alejandro Toledo a la decisión inicial del JNE, la cual me pareció bastante imprudente. Una de las grandes lecciones que nos va a dejar esta elección, es que a pesar de los diferentes progresos que nuestra democracia ha tenido en estos años, seguimos sufriendo de una terrible crisis de confianza en nuestras instituciones. Es preocupante que tantas personas reaccionen con tanta paranoia cada vez que algo sucede en el escenario político, buscando al corrupto detrás de cada idea y la cortina de humo detrás de cada imprevisto. Ese temor no nos deja crecer como sociedad, no nos deja crecer como democracia. Convierte la relación del pueblo con el Estado en un incómodo divorcio entre dos esposos que no confían el uno en el otro pero se ven forzados a vivir bajo el mismo techo por el bien de la familia.

En ese sentido, los actores políticos importantes, como Alejandro Toledo, deberían ser más responsables a la hora de acusar a la ligera a funcionarios públicos de cometer un fraude electoral y de denunciar una manipulación política de instituciones tan importantes para la democracia como el Jurado Naciones de Elecciones. Incluso en la calentura natural de un proceso electoral, hay líneas que no deben cruzarse, por el bien del país. Minar la democracia lanzando torpedos a sus pilares institucionales por el solo hecho de hacer ruido es una de esas líneas. El hecho de que acuse una conspiración del gobierno para enturbiar las elecciones sin ninguna prueba es, por lo menos para mí, una demostración de la poca importancia que el ex presidente le otorga a construir una confianza mayor en las instituciones del país. De todos los candidatos, el Doctor Toledo es el que más ha atacado y denunciado, sin prueba alguna, al actual Gobierno de todo cuanto se le ha ocurrido. Su insistencia en apuntar a Palacio de Gobierno y gritar que ahí vive el cuco sin mas pruebas que su propia suspicacia me resulta irritante. Solo por eso, no contará con mi voto este 10 de abril. Eso a pesar de lo que considero fue una bastante buena gestión en su primer mandato

Lo segundo es el crecimiento de PPK y Ollanta Humala en las encuestas. Un fenómeno extraño, considerando que estamos a poco más de un mes de las elecciones, una etapa en la que normalmente los tres primeros consolidan sus porcentajes y los candidatos de media tabla empiezan a derrumbarse. Sin entrar a considerar a los candidatos en sí, me parece positivo que ambos hayan crecido, pues es, al menos en parte, testimonio de que la población no se está dejando influenciar por las encuestas en decidir su voto y no está viendo la elección como una especie de carrera en la que hay que apostar al mejor caballo (sé que Alan García no es candidato, así que no estoy siendo sarcástico, por si acaso. El hecho de que los peruanos, cada vez en mayor número, estemos mostrándonos decididos a votar por quien nosotros consideramos mejor, sin importar su ubicación en las encuestas, es en sí, un paso adelante en la lucha por la consolidación de una democracia real.

Una respuesta a ¿Quiénes se benefician con el fin de las encuestas?

  1. […] pase a la segunda vuelta. Eso, en mi opinión, causará un inminente descenso de Castañeda Lossio (como dijimos antes, nunca tuvo realmente chances de ganar la elección) al cuarto lugar, y una migración de votos “pro-sistema” hacia Alejandro Toledo y Keiko […]

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