VOTEN POR PPK, PERO ES UN VOTO PERDIDO

Les guste o no

PPK
Para otra será, gringo

No creo que vaya a hacerme popular con esta contribución, pero la realidad es que, lejos de entusiasmarnos, las últimas encuestas publicadas por la PUCP e IPSOS APOYO básicamente deberían terminar de convencernos que Pedro Pablo Kuczynski no tiene chances de salir elegido Presidente de la República en las siguientes elecciones.

No me malinterpreten. Personalmente, pienso votar por PPK. Si ustedes me pidieran por quien les aconsejaría votar, les diría que voten por PPK.

No quisiera caer en la hipocresía de decir que voy a votar por PPK porque tiene las mejores propuestas y el mejor plan de gobierno (en un ejercicio de sinceridad, reconocería que de los que he leído, el de Luis Castañeda es el mejor, aunque no he leído – ni pienso leer – el de Fuerza 2011). Creo que su plan de gobierno, si bien está llamativamente presentado, es simplón y resume muchas ideas sin mayor trasfondo técnico. No es que lo culpe por eso. Una elección presidencial no se trata realmente de quien tiene las mejores propuestas e ideas. Seamos sinceros: solo un puñado de personas en el Perú tienen la formación y el conocimiento técnico suficiente para poder entender y evaluar bien algo tan complejo y comprehensivo como un plan de gobierno presidencial de cinco años.

Yo tengo una formación universitaria completa y me considero una persona bastante instruida, y tengo que confesar que no tengo la menor idea de cómo evaluar si una propuesta sobre, digamos, electrificación rural o control de la inflación, es buena o no. Simplemente, no tengo el conocimiento técnico. Y sea honesto: usted tampoco.

Sin duda, todos tenemos una obligación cívica de leer el plan de gobierno de nuestro candidato y, dentro de nuestras posibilidades, ver si nos parece coherente y si guarda sentido. Pero en gran medida, una elección presidencial se trata de confiar en la persona y en el partido o partidos que la apoyan.

Cuando PPK empezó a conformar su alianza, vi muchos elementos positivos. Me gustó la idea de tener a Alianza por el Progreso ahí: un partido con orígenes regionales, que se ha consolidado en el norte y que tiene autoridad moral para hablar de descentralización. Me gustó que Restauración Nacional se plegara, ofreciendo solvencia moral a través de Humberto Lay, y una genuina preocupación por los más necesitados, que deviene de su trasfondo evangélico. Me gusto la presencia de Yehude Simon, que a pesar de haber manejado muy mal la crisis de Bagua, hizo un gran trabajo en Lambayeque y es alguien a quien nadie puede acusar de solo trabajar por los ricos. Tener a PPK de cabeza era sumarle sensatez económica y excelencia técnica a una alianza ideológicamente bien orientada. Que bacán.

Luego PPK metió al PPC y, para mi gusto, malogró un poco el cuadro. ¿Qué tiene que ver el PPC con movimientos claramente de izquierda, como Restauración Nacional o el Partido Humanista? Sigo sin entender bien que es lo que el PPC puede aportar ahí institucionalmente. Seguro, hay gente honesta y bien intencionada en el PPC. Pero es un partido de perfil bastante derechista, con un liderazgo que se niega a conectar con la juventud (los discursos de Lourdes Flores son sacados de los sesentas) y que tiene mucha resistencia en provincias.

Tampoco me gustó el nombre: Alianza por el Gran Cambio. ¿Cuál gran cambio? Ese es un error de enfoque. El gran cambió en el Perú se logro en las dos décadas pasadas: primero derrotando al terrorismo (mérito de TODOS los peruanos y no de Fujimori simplemente) y consolidando un sistema económico que, aunque sigue siendo injusto, al menos ya tiene sentido, y luego consolidando una democracia – desnutrida aún y con instituciones en pañales, pero democracia al fin. Los peruanos deberíamos estar orgullosos de esos logros y verlos como la base de lo que sea que construyamos para el futuro. Son logros de todos los peruanos y deberían servir como un factor de unidad para todos. Me disgusta que todos los partidos quieran pintar un pasado totalmente repelente, casi vergonzoso, y con eso negarnos a todos los peruanos la posibilidad de sentirnos unidos a través de él.

Aún así, pienso votar por PPK. Pues, como dije, una elección presidencial es una cuestión de confianza. Y yo confío en el gringo: es un tipo brillante, con una educación que cualquiera envidiaría, con mucha experiencia en el sector público, con contactos en el exterior y que no tiene problemas en trabajar con otros partidos o aceptar buenas ideas de otras personas si es por el bien del país.

En un país de paranoicos, donde las personas están predispuestas a ver corrupción adonde sea que miren, su candidatura es una bocanada de aire fresco: PPK ya es rico. Si quisiera hacer plata, tiene a su alcance muchas maneras de hacerlo mucho más sencillas y rentables. Su círculo político goza también de una reputación bastante aceptable, salvo por algunas denuncias contra Cesar Acuña y el escándalo Cataño contra Lourdes Flores (que en el fondo era mucho más una llamarada de campaña que otra cosa).

Varios de los que lo acompañan me generan buena espina también. Confío en Humberto Lay, a quien admiro mucho personalmente. Y aunque no diría que confío en ellos, creo que Yehude Simón y Gaby Pérez del Solar, entre otros, merecen una oportunidad de demostrar lo que pueden hacer por el Perú en un eventual gobierno.

Así que sí, PPK cuenta con mi voto.

Pero no va a ganar las elecciones. No tiene la más mínima chance.

La encuestas que algunos quieren pintar como una prueba del gran fenómeno PPK, no solo señalan que gringo acumula solo entre 4% y 7% en los sectores D y E, también reflejan que actualmente es el candidato más resistido: Apoyo señala que 68% de la población dice que probablemente no votaría por él, mientras que el 56% enfatiza que definitivamente no lo haría. Ni Ollanta Humala o Keiko Fujimori causan tantos anticuerpos como el gringo. Eso, en mi opinión, se trae abajo el argumento de que PPK no sube más porque la gente “no lo conoce”.

Por otro lado, en la encuesta de Apoyo, la única que discrimina entre los cinco niveles socioeconómicos (NSE) – la de la PUCP agrupa niveles en tres estamentos – PPK registra una espectacular subida en el NSE A, saltando de 26% al 51%. En el NSE B, sube de 11% a 17%. En el C, del 7% al 11%. En el D, se mantiene en 4%, y como ya mencionamos, en el E subió de 1% a 4%. No hay punto de comparación entre el tamaño de las escaladas, así que una cosa es cierta: PPK sí es el candidato de los ricos.

El otro factor aquí es la trepada del cuco electoral: así es, Ollanta Humala está camino a pelear con Keiko Fujimori el pase a la segunda vuelta. Eso, en mi opinión, causará un inminente descenso de Castañeda Lossio (como dijimos antes, nunca tuvo realmente chances de ganar la elección) al cuarto lugar, y una migración de votos “pro-sistema” hacia Alejandro Toledo y Keiko Fujimori.

Si Humala sigue subiendo y amenaza con pasar a la segunda vuelta, todos esos votantes de los NSE A y B que hoy respaldan a PPK pasarán, recuerden esto, a votar tácticamente, para asegurar una segunda vuelta entre candidatos razonables para ellos. En realidad, las últimas encuestas debieron hacer sonreír a Alejandro Toledo, que se beneficiará más que Keiko Fujimori de ello. PPK, lo más probable es que ya haya tocado techo.

Mi voto, eso sí, no estará entre esos. Basta ya de votar por el menos peor, de votar a ganador. Que importa si mi voto es un voto perdido. Se irá para PPK.

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