¿Qué es el reconocimiento de beligerancia?

mayo 30, 2011

La beligerancia es, en principio, la condición que detentan los Estados cuando se encuentran enfrascados en una guerra. Sin embargo, en algunos casos, el conflicto involucra no sólo a un Estado, sino también a un ente no estatal. El reconocimiento de beligerancia tiene por propósito brindarle al grupo no estatal ciertos privilegios de guerra reservados para los Estados, en atención a las circunstancias especiales que denota.

Históricamente, el concepto surge a comienzos del Siglo XIX, en respuesta a la necesidad de los Estados de asumir una posición en determinados conflictos al interior de otros Estados. El reconocimiento de beligerancia fue, por ejemplo, la reacción de Estados Unidos ante los movimientos independentistas latinoamericanos; de forma similar, fue la posición asumida por el Reino Unido en 1825 con respecto a los rebeldes griegos que se oponían a la ocupación turca, y, finalmente, fue también la posición asumida por el Reino Unido, durantela GuerraCivilEstadounidense, cuando le reconoció el status de beligerante a los Estados Confederados del Sur.

Así, Sir Hersch Lauterpatch, define al reconocimiento de beligerancia como “la declaración, expresa o implícita, de que las hostilidades libradas entre dos comunidades, de las cuales una no es, o posiblemente ambas no son Estados soberanos, son de tal carácter y ámbito como para merecer que las partes sean tratadas como beligerantes en una guerra, en el sentido ordinario que se le atañe a este término en el Derecho Internacional” (Ver p. 175). En otras palabras, siguiendo a Charles Rousseau, “su objeto es reconocer a las fuerzas insurrectas –por lo menos en cuanto a los fines de la lucha en que están empeñadas y únicamente mientras dure la misma- los derechos necesarios para mantener esa lucha, con todas sus consecuencias. La facción, así reconocida será considerada como un Estado, pero solamente por lo que respecta a las operaciones de guerra” (Charles Rousseau, Derecho Internacional Público, Editorial Ariel, Barcelona, 1957, p. 300).

De esta forma, en vista a las importantes consecuencias que acarrea (reconocimiento como Estado para operaciones bélicas) no todo grupo no estatal amerita la calificación de “grupo beligerante”. Para Lauterpacht, nuevamente, “existe uniformidad en cuanto a la naturaleza de las condiciones que imponen el deber de reconocer la beligerancia -o que, según otros, justifica el reconocimiento de beligerancia. Estas condiciones son las siguientes: primero, debe existir dentro del Estado un conflicto armado de carácter general (es decir, que no sea uno puramente local); segundo, los insurgentes deben ocupar y administrar una porción sustancial de territorio nacional; tercero, deben llevar a cabo las hostilidades de acuerdo con las reglas de la guerra y mediante fuerzas armadas organizadas que actúan bajo una autoridad responsable; cuarto, deben existir circunstancias que hagan necesario para los terceros Estados definir su actitud por medio del reconocimiento de beligerancia” (Ver p. 176).

Si el grupo no estatal cumple con estos requisitos y es reconocido como beligerante, se le aplicarán determinados privilegios, derechos y obligaciones que usualmente están reservados a los Estados. Sin embargo, actualmente existe cierta discusión con respecto a cuáles son exactamente estos privilegios, derechos y obligaciones.

Por ejemplo, en 1877, en el caso Williams v. Bruffy, un Tribunal estadounidense señaló lo siguiente:

“Cuando una rebelión se organiza y alcanza una proporción tal que puede colocar una fuerza militar formidable en el campo de batalla, es usual que el Gobierno establecido le conceda algunos derechos beligerantes. Esta concesión es hecha en el interés de la humanidad, para prevenir las crueldades que inevitablemente seguirían a las mutuas represalias y retaliaciones. (…) La concesión hecha al gobierno Confederado en su naturaleza militar fue demostrada en el trato de los capturados como prisioneros de guerra, el intercambio de prisioneros, el reconocimiento de banderas de tregua, la liberación de oficiales bajo libertad condicional y otros acuerdos tendientes a mitigar los males de la contienda”.

Si bien la Corte negó que el reconocimiento de beligerancia ponga al Estado y al grupo beligerante en condiciones iguales, la lista de privilegios concedidos es, como puede verse, bastante amplia, y similar a lo dispuesto actualmente por las Convenciones de Ginebra de 1949 y sus respectivos protocolos adicionales, para el caso de Conflictos Armados Internacionales (es decir, entre Estados).

Sin embargo, a partir de la vigencia de estas convenciones a mediados del siglo pasado, existe cierto desacuerdo en doctrina sobre si los privilegios, derechos y obligaciones comprendidos por el reconocimiento de beligerancia siguen siendo los mismos a los enumerados por el Tribunal del caso Williams.

La principal diferencia gira en torno a la concesión de lo que se denomina “privilegio de combatiente” a las fuerzas beligerantes. Este privilegio, que a su vez implica el así llamado trato de prisionero de guerra, tiene sus orígenes en el Derecho Internacional de los Conflictos Armados Internacionales, según el cual existen, en resumidas cuentas, dos tipos de persona: los combatientes (quienes participan directamente en las hostilidades) y los no combatientes (los civiles que no participan directamente en las hostilidades). Dentro del rubro de combatiente, existe a su vez, dos sub-categorías: los combatientes legales y los combatientes ilegales. Los primeros son, principalmente, los soldados de un Estado y, los segundos, son, en buena cuenta, civiles que han decidido participar directamente en las hostilidades. Un combatiente legal tiene el derecho a gozar de determinados privilegios que le son negados a los combatientes ilegales. Uno de estos privilegios es el poder usar fuerza letal contra los combatientes enemigos sin incurrir en un ilícito penal por su conducta. Este privilegio  implica asimismo que –en caso de ser capturado- se le deberá otorgar un “trato de prisionero de guerra”, por medio del cual, no podrá ser acusado penalmente por el asesinato de otros combatientes, sino que únicamente podrá ser juzgado por las violaciones que haya realizado al derecho internacional humanitario. En palabras del Prof. Gary Solís, los prisioneros de guerra “sólo son retenidos para evitar que regresen a combatir”, y no porque se les considere criminales o asesinos (Ver p. 190).

Ahora bien, sucede que según el Derecho Internacional Humanitario moderno, este privilegio de combatiente y trato de prisionero de guerra no existe en los Conflictos Armados No Internacionales (es decir, entre un Estado y un ente no estatal). La pregunta es entonces si la aplicación del reconocimiento de beligerancia hoy en día implica o no la internacionalización de lo que en inicio es un Conflicto Armado No Internacional.

Así, para algunos, como Charles Rousseau, el reconocimiento de beligerancia implica que “aunque las relaciones entre los elementos revolucionarios y el gobierno regular sean de orden interno, los rebeldes serán tratados, por razones de humanidad, como si fueran los instrumentos militares de un Estado beligerante, y no podrán ser ejecutados sumariamente, sino que deberán ser considerados combatientes regulares; es decir, disfrutarán del trato de prisioneros de guerra(Charles Rousseau, Ibid., p. 300, resaltado agregado).

Esta es también la posición de Sir Hersch Lauterpacht, según quien “En la medida en la que, como consecuencia del reconocimiento de la beligerancia de los insurgentes por el gobierno legítimo, el conflicto ha asumido una complexión internacional, las normas de la Convención de Ginebra se aplicarán in toto si el Gobierno legítimo es parte de ellas y si los insurgentes reconocidos aceptan y aplican formalmente las provisiones de estas Convenciones. En ausencia de esto, las normas consuetudinarias aceptadas de la guerra son aplicables entre las partes en esta y en otras esferas”. (Citado por Lindsay Moir, The Law of Internal Armed Conflict, Cambridge University Press, 2002, p. 40, resaltado añadido)     

Existen, empero, voces más cautelosas al respecto (Id. Moir, p. 41), quienes señalan que la aplicación del derecho internacional humanitario a casos de reconocimiento de beligerancia no puede exceder del Derecho Internacional de los Conflictos Armados No Internacionales, contenido en el artículo común 3 de las Convenciones de Ginebra, lo que, en buena cuenta, dejaría de lado la aplicación de un privilegio de combatiente y trato de prisionero de guerra.

Sin embargo, si bien la doctrina del reconocimiento de beligerancia está en desuso y es de poca o nula aplicación práctica hoy en día (Rousseau señala por ejemplo que “algunos autores contemporáneos creen que la teoría del reconocimiento de beligerancia ya no se halla de acuerdo con el actual derecho positivo y en tal sentido argumentan que en la práctica internacional no se encuentra ningún ejemplo posterior al año 1865″ Ibid. p. 301), ello no es lo mismo a admitir su desuetudo.

En Latinoamérica, por ejemplo, el reconocimiento de beligerancia reapareció brevemente a finales de la década de los 70s cuando los países del Pacto Andino (incluyendo al Perú de Francisco Morales Bermúdez) reconocieron la condición de beligerancia del Frente Sandinista de Liberación Nacional (Ver p. 93); y, más recientemente, mediante la propuesta del Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en 2008, en relación a la supuesta beligerancia de las FARC en Colombia (Incluso hubo cierta -si bien aislada- mención doctrinaria acerca del reconocimiento como beligerantes de los rebeldes libios).

Considerar que el concepto se halla enteramente reemplazado por el artículo común 3 de Ginebra, pareciera estar en desacuerdo con lo que la naturaleza misma de este concepto buscara permitir. Después de todo, desde su aparición, se ha considerado que la beligerancia otorga al grupo no estatal suficientes atribuciones y obligaciones como para ser considerado -en lo que a las hostilidades se refiere- un sujeto de derecho internacional de carácter temporal (lo que de por sí ya excede lo dispuesto por las normas que regulan la conducta de los combatientes en un conflicto armado no internacional). Es más, tal vez sea precisamente la seriedad de estas consecuencias las que han causado que históricamente no haya muchos recuentos de reconocimiento de beligerancia, lo que explicaría su falta de uso.

En todo caso, si se buscara aplicar el concepto al caso peruano, ni Sendero Luminoso ni el MRTA calificarían como grupo beligerante, no sólo porque no satisfacen los requisitos necesarios (estos grupos nunca han ocupado ni administrado porción alguna de territorio nacional, reteniendo el Estado Peruano sus facultades de Gobierno en todo momento, y tampoco han respetado las normas del derecho internacional humanitario, que exigen el respeto del principio de proporcionalidad y prohíben tajantemente que se ataque a la población civil), sino porque sería francamente errado y lamentable pretender brindarle cualquier forma de personalidad jurídica internacional a grupos terroristas con un pasado tan nefasto y condenable como Sendero Luminoso y el MRTA.

Alonso Gurmendi

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Obama y las Fronteras de 1967 – ¿Cambio de Política?

mayo 25, 2011

En su discurso ofrecido el jueves pasado, el Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, señaló que “las fronteras de Israel y Palestina deben basarse en las líneas de 1967 con intercambios de territorio mutuamente acordados”.

Esta frase ha ocasionado gran controversia en la política estadounidense (que está desde ya calentando para las elecciones de 2012) y una fría reacción de parte del Gobierno de Binyamin Netanyahu, Primer Ministro de Israel.

Así, por ejemplo, el candidato presidencial republicano Mitt Romney, ha argumentado que con sus declaraciones Obama ha “empujado a Israel contra un autobús” faltándole el respeto y desestimando su habilidad de negociar la paz. Por su parte, el también aspirante a la Casa Blanca, Mike Huckabee, habló de una traición a Israel.

La opinión del Gobierno de Netanyahu fue igualmente dura, alegando que en su próxima visita a Washington “espera oír una reafirmación del Presidente Obama de los compromisos hechos por EE.UU. a Israel en2004”.

¿Qué son las fronteras de 1967? ¿Qué sucedió en 2004? ¿Realmente Estados Unidos ha abandonado a su principal aliado en la región? Vamos por partes:

El término “fronteras de 1967”hace referencia a la llamada “Línea de Armisticio de 1949” o “Línea Verde”. Se refiere a la línea que fuera acordada por Israel como marca para el cese de hostilidades luego dela Guerra de Independencia de 1948, en donde derrotó a los ejércitos combinados de Egipto, Jordania, Líbano y Siria y que sirve asimismo para distinguir el territorio israelí de los territorios que luego ocuparía en 1967, durantela Guerra de los 6 días, en la que enfrentara ala República Árabe Unida (que comprendía tanto a Egipto como a Siria) y Jordania.

Se les llama entonces “líneas de 1967”o “líneas pre-1967” porque a partir de ese año, Israel empezó a ocupar militarmente los territorios de la Rivera Occidental, Gaza, los Altos de Golán y el Sinaí. En 1979, Israel firmaría la paz con Egipto y se retiraría del Sinaí y en 2005, haría lo propio de Gaza, pero mantendría su presencia en la Rivera Occidental y en los Altos de Golán, alegando que se trata de lugares militarmente estratégicos. El argumento israelí es que si no controla porciones adicionales de territorio al oeste de Cisjordania, la cuenca del Río Jordán y los Altos de Golán, la costa central y norte del país quedaría expuesta a ataques terroristas con misiles y a incursiones militares sirias desde puntos que considera ventajosos.

Como parte de esta estrategia de seguridad, Israel comenzó a construir lo que denomina asentamientos en los territorios ocupados (es decir, al otro lado de la Línea Verde), a donde trasladó o permitió que se trasladaran grandes cantidades de ciudadanos israelíes, en zonas seguras protegidas por el Estado de Israel, algunas veces incluso amuralladas, y separadas de la población palestina de Cisjordania. Estos asentamientos violarían la IV Convención de Ginebra (y el derecho internacional consuetudinario) que prohíbe el traslado de población de un Estado ocupante a territorios ocupados por éste.

Es en base a estos asentamientos que surge todo el problema por las líneas de 1967. En efecto, Israel no pretende hacerse con el control de toda Palestina, ni mucho menos volver a ocupar el Sinaí. Su objetivo no es pues volver unas “líneas post-1967”. Lo que Israel busca es tener lo que denomina “fronteras defendibles”, o en otras palabras, ampliar la distancia que existiría entre la frontera por donde podría ser atacado y el corazón industrial y comercial de su país (que bajo las líneas de 1967 sería de menos de20 Km.). Para ello, estaría buscando poder incluir todos o un buen número de asentamientos en lo que sería su territorio internacional definitivo, luego de un hipotético acuerdo de paz y el establecimiento de un nuevo Estado Palestino.

Este esquema de seguridad “1967 más asentamientos” fue lo que Estados Unidos avaló en 2004, mediante una carta enviada por George W. Bush a su par israelí Ariel Sharon. En esta Carta, el Presidente Bush señaló lo siguiente:

“Como parte de un acuerdo de paz definitivo, Israel debe tener fronteras seguras y reconocidas, que deberán surgir de negociaciones entre las partes, de acuerdo con las Resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU 242 y 338. En vista de las nuevas realidades en el terreno, que incluyen importantes centros poblados israelíes ya existentes, no es realista esperar que el resultado de las negociaciones por un status final  sea un completo y total retorno a las líneas del armisticio de 1949, y todos los esfuerzos previos para negociar una solución de dos Estados han alcanzado la misma conclusión. Es realista esperar que cualquier acuerdo por un status final sólo será alcanzado en la base de intercambios mutuamente acordados que reflejen estas realidades”.

Entonces, ya con toda esta información disponible, ¿es realmente tan terrible lo dicho por Obama?

Como mencionamos antes, Obama dijo que las fronteras de Israel y Palestina deben basarse en las líneas de 1967 con intercambios de territorio mutuamente acordados”. Si comparamos esa frase con lo dicho por Bush en 2004, las frases no son del todo distintas. Bush señaló que las negociaciones no pueden llevar a un retorno “completo y total” a las líneas de 1967, lo que no quiere decir que éstas no deban ser usadas para nada o que Estados Unidos no avale un “retorno parcial” a estas líneas. Dela Carta de 2004 se desprende pues que en aquellos puntos en donde las líneas de 1967 no reflejen la realidad, es realista esperar (pero no obligatorio) que ambas partes negocien y acuerden una nueva línea, mediante la cesión de un territorio por otro equivalente.

Ello es, en esencia, lo mismo que lo dicho por Obama y, es más, ha sido una política constante de la diplomacia estadounidense desde los tiempos de Bill Clinton, e incluyendo el Gobierno de George Bush.

En efecto, en un discurso de 25 de junio de 2002, Bush señaló que “en última instancia, los israelíes y los palestinos deben tratar los asuntos centrales que los dividen si va a haber una paz verdadera, resolviendo todos los reclamos y terminando el conflicto entre ellos. Esto significa que la ocupación israelí que empezó en 1967 terminará a través de un acuerdo negociado entre las partes, basado en las Resoluciones de la ONU 242 y 338, con la retirada de Israel hacia fronteras seguras y reconocidas”.

Este discurso, al hablar dela Resolución242 que solicita a Israel retirarse de los territorios ocupados enla Guerrade los 6 Días -es decir, retirarse de las zonas al otro lado dela LíneaVerde-dijo exactamente lo mismo que ha dicho Obama, si bien de forma más discreta.

Es difícil imaginar, además, una salida diferente al problema. La característica central de Israel siempre ha sido, desde los tiempos del Plan de Partición original de la ONU, el tener una franja costera angosta, pues es allí donde se concentraba originalmente su población. Ahora bien, a fin de poder finalizar el conflicto y satisfacer las expectativas de seguridad que ha planteado Israel (sobre todo frente a los ataques terroristas transfronterizos), probablemente será necesario añadir a esta franja costera aquellas porciones de territorio palestino que cuentan ya con grandes poblaciones israelíes, a cambio de concesiones en Israel que permitan crear un Estado Palestino contiguo. Pero el punto de partida para medir dónde empieza Israel y dónde empieza el territorio ocupado sobre el que se encuentra el asentamiento a ser incorporado por Israel sólo puede serla Línea Verde, ello es –después de todo- lo más lógico y sencillo. La otra alternativa sería o empezar desde cero, sin ninguna frontera previa, que no sería conveniente para Israel que precisamente busca seguridad para el territorio que ha consolidado hasta ahora; o empezar en las líneas post-1967, lo que sería imposible pues éstas incluían el Sinaí, hoy bajo control Egipcio vía tratado de paz; o el Plan de Partición dela ONU, que en nada favorecería a Israel dadas las condiciones actuales.

Por ende, los dichos de Obama no son ni una traición a Israel ni un cambio de política para Estados Unidos. Es tal vez una forma menos elaborada de decir lo que otros Presidentes ya han dicho. Un verdadero cambio de política habría sido declarar que las fronteras debían ser necesariamente las de 1967, sin posibilidad de intercambios de territorio, algo que indirectamente y hace no mucho, han hecho Estados como Ecuador y Brasil al reconocer formalmente al Estado Palestino.

Alonso Gurmendi