Algunas precisiones sobre los alcances del Derecho Internacional Humanitario

El miércoles pasado, en una entrevista a Luis Delgado Aparicio, la reportera Rosa María Palacios –a quien considero una de las mejores y más imparciales reporteras del medio- leyó y realizó los siguientes comentarios sobre el libro “Ollanta Humala: De Locumba a Candidato a la Presidencia” (Ver minuto 3.58 del video):

“‘La misma guerra es una violación de los derechos humanos. La guerra es la continuación de la política por medios violentos. En mi experiencia como oficial del ejército no he conocido conflicto armado alguno que no entrañare en sí mismo la violencia incluyendo la violación de Derechos Humanos por eso es que para el tratamiento de conflictos armados los Estados aplican un comportamiento de acuerdo con lo establecido en el Derecho Internacional Humanitario, como dando a entender que la violación de los derechos humanos no se puede impedir en un conflicto y por lo tanto se busca al menos mantener ciertas reglas o normas básicas que también tienen vigencia para los conflictos internacionales. Dentro de un conflicto armado lo que se puede producir es la violación o no del Derecho Internacional Humanitario, es decir, de las reglas de comportamiento entre las fuerzas beligerantes reconocidas como tales por cada uno de los países o Estados en partes en conflicto, como el tratamiento a los prisioneros de guerra, el tratamiento al enemigo herido, el respeto a la jerarquía, al grado, al enemigo, al prisionero, etc.

En nuestro caso -y ahí viene- los gobiernos no le dieron ese status a Sendero Luminoso’ y luego explica por qué sí se utilizó el manual contra subversivo, el famoso manual MI-417 que los autorizaba a matar. Ese es el tema, ‘nosotros -y eso está en todo el libro- el Estado nos dio un manual y nos dijo con este manual tú tienes que eliminar terroristas desarmados, aún cuando no estén en combate, por el mero hecho de pertenecer a la organización’ y lo que él dice es ‘en mi caso yo no apliqué este manual pero mis compañeros de armas si lo aplicaron y lo que no entiendo es por qué no se procesa en vez de mis compañeros de armas (…) por qué no se procesa a los que ordenaron hacer en ese manual lo que nosotros hicimos, como institución'”.

Para Rosa María Palacios, entonces,

“La explicación del Derecho Penal y Humanitario en este contexto es ¿por qué no los tratamos con esas normas? porque el Estado no las aprobó. Les dio la categoría de delincuentes terroristas por su alta peligrosidad y lo avezado de su comportamiento. Entonces al no tener estas normas de Derecho Internacional Humanitario (…) no pudimos aplicar esas normas, que es una cosa completamente cierta no está mintiendo, si les hubieran dado esas normas nosotros no habríamos tenido el problema de Derechos Humanos que tenemos hoy”.

Creo que tanto la cita como la explicación ulterior brindan un esquema del Derecho Internacional Humanitario distinto al que se encuentra vigente hoy día. Por ende, quisiera aprovechar la oportunidad para esclarecerlos, con miras a incrementar la información disponible para todos los peruanos en relación a estos temas, que son, después de todo, temas que nos conviene conocer más a fondo. Valga la aclaración desde el inicio, por lo tanto, de que no pretendo con este post criticar ni a Rosa María Palacios ni a Ollanta Humala, sino simplemente busco ofrecer un recuento de lo que dice el Derecho hoy en día sobre estos temas, aprovechando el contexto de la entrevista como excusa.

El Derecho Internacional Humanitario (DIH) es el Derecho que rige la conducta de las hostilidades en un conflicto armado. Se encuentra recogido en el Derecho Internacional Consuetudinario y en las –ya famosas- Cuatro Convenciones de Ginebra y sus Protocolos Adicionales. Según estas Convenciones y la costumbre internacional, un conflicto armado puede tener uno de dos caracteres: puede tratarse de un Conflicto Armado Internacional (CAI) o de un Conflicto Armado No Internacional (CANI).

Un CAI es, por definición, una guerra entre dos Estados e implica el otorgamiento de privilegios distintos a los existentes en un CANI que es, por su parte, un conflicto entre un Estado y un ente no estatal (p.e. las FARC o los rebeldes libios) que tiene una intensidad suficiente como para avalar la aplicación de normas internacionales. Las reglas de estos dos regímenes, asimismo, se aplican automáticamente, se las invoque o no, una vez que se configuren las condiciones que avalan la existencia de un CAI o un CANI, respectivamente.

Ahora bien, en un Conflicto Armado existen dos clases de personas: los combatientes y los civiles. Un combatiente es aquél que participa directamente en las hostilidades y un civil es alguien que no lo hace. El DIH tiene como uno de sus principales fines asegurar la protección e inmunidad de combate de los civiles frente a las acciones de los combatientes y prohíbe que se les ataque como parte del desarrollo de las hostilidades. En cambio, según el DIH, los combatientes son objetivos válidos y pueden ser atacados en todo momento. Como señala el Prof. Gary Solis (p. 188) “los combatientes pueden ser atacados en todo momento hasta que se rindan o se encuentren hors de combat, y no únicamente cuando estén efectivamente amenazando al enemigo (…) Cuando un soldado está vivaqueado y durmiendo, sigue siendo un combatiente y por ende sigue siendo un objetivo legítimo. (…) Si un combatiente es atacado lejos del frente de batalla (…) sigue siendo un objetivo legítimo para los combatientes legales opositores”.

Los combatientes, a su vez, se dividen en combatientes legales y combatientes ilegales. Los combatientes legales son –en resumidas cuentas- los soldados de un Estado. Los combatientes ilegales son –también en resumidas cuentas- aquellos civiles que han renunciado a su inmunidad de combate y han decidido tomar parte directa en las hostilidades.

Una de las principales diferencias entre un CAI y un CANI consiste en el otorgamiento de lo que se conoce como “privilegio de combatiente” a los combatientes legales. En un CAI, los combatientes legales (y sólo los legales) son privilegiados y en un CANI, no.

Este así llamado privilegio de combatiente consiste en que un soldado puede matar a otro combatiente sin incurrir en un delito penal (de lo contrario no podrían haber guerras pues el Estado tendría que enjuiciar por asesinato o lesiones a todos sus soldados por cada soldado enemigo que atacan). Este privilegio, asimismo, le garantiza lo que se conoce como “trato de prisionero de guerra” en caso sea capturado. Este trato implica –entre otras cosas- que el soldado no podrá ser enjuiciado por el Derecho doméstico del país enemigo, sino únicamente por las violaciones al DIH que cometa. En palabras del Prof. Gary Solís, los prisioneros de guerra “sólo son retenidos para evitar que regresen a combatir”, y no porque se les considere criminales o asesinos (Ver p. 190).

Así, cuando dos Estados se enfrentan en una guerra, deben tratar humanitariamente a sus prisioneros de guerra y deben reconocer el privilegio de combatiente. En cambio, cuando un Estado se enfrenta en un conflicto armado a un ente no estatal (p.e. Sendero Luminoso, al-Qaeda, las FARC, etc.) en el marco de un CANI, el DIH aplicable al conflicto será únicamente el Artículo Común 3 de las Convenciones de Ginebra, lo quiere decir que no existirá privilegio de combatiente ni trato de prisionero de guerra en el transcurso de las hostilidades. Como señala –nuevamente- Gary Solís (p. 153-154), “el [Derecho de los Conflictos Armados] casi no es aplicable en un conflicto del Artículo Común 3. Legalmente (…) las partes del conflicto están obligadas a observar el Artículo 3 y pueden ignorar todos los demás artículos [de las Convenciones de Ginebra] (…) En términos generales (…) en los conflictos armados no internacionales se aplica la ley del Estado implicado, junto con el Artículo Común 3 y los Derechos Humanos”. 

Esto incluso ha sido avalado por la Comisión de la Verdad, que en su Informe Final señala lo siguiente (Cap. 4, p. 204):

“La aplicación del Derecho internacional Humanitario durante un conflicto armado interno no afecta el estatuto jurídico nacional o internacional de los grupos insurgentes o grupos armados ni tampoco el de sus miembros.

La ley nacional permanece en vigor, es decir, que subsiste el derecho de las autoridades a perseguir y condenar eventualmente a las personas reconocidas culpables de infracciones en relación con el conflicto. El Protocolo no impide, en particular, llevar ante los tribunales a un miembro de un grupo armado insurrecto por el hecho de haber empuñado las armas. No le reconoce ni la condición de combatiente ni el estatuto de prisionero de guerra” (resaltado agregado).

Así pues, cuando en el libro, se afirma que lo que se busca en un conflicto armado no internacional es mantener ciertas reglas o normas básicas que también tienen vigencia para los conflictos internacionales”, en realidad se está hablando de la internacionalización del conflicto a través del otorgamiento de lo que se conoce en Derecho Internacional como “Reconocimiento de Beligerancia“, concepto muy poco usado en la actualidad, que sirve para otorgarle privilegios de guerra a grupos no estatales que, bajo el DIH moderno, no están autorizados a recibirlos.

Entonces, habiendo repasado estos regímenes legales, me permito ofrecer tres conclusiones:

  1. Estuvo bien y fue legal que el Perú no haya reconocido a los senderistas la calidad de combatiente privilegiado y que no les haya otorgado trato de prisionero de guerra, pues no les correspondía en estricta aplicación del DIH.
  1. El DIH aplicable a los CANI fue aplicable en el Perú incluso en ausencia de una declaración específica al respecto del Perú. Este DIH aplicable, empero, estaba integrado únicamente por el artículo común 3, al que había que añadirle la legislación peruana interna y las normas de Derechos Humanos que sean aplicables.
  1. Otorgarle la condición de combatiente privilegiado o trato de prisionero de guerra a los senderistas a través del reconocimiento de beligerancia no sólo habría excedido las disposiciones vigentes del DIH vigente aplicable a los CANI, sino que habría implicado no poder procesar a los senderistas por asesinato en aquellas ocasiones en que sus objetivos hayan sido las fuerzas regulares del Ejército peruano o algún otro objetivo militar válido.
Alonso Gurmendi

Una respuesta a Algunas precisiones sobre los alcances del Derecho Internacional Humanitario

  1. […] (CANI) que se rige por las disposiciones del artículo común 3 de las Convenciones de Ginebra (ver aquí para más detalles sobre las diferencias entre un CAI y un […]

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