Dime de donde vienes y te diré cuanto te cobro: Las categorías universitarias

junio 23, 2009

Hace mucho tiempo era un sueño para una persona de una clase no privilegiada poder acceder a la educación que solo los “ricos” podían acceder. Las universidades, comprometidas con la labor social de brindar educación a toda la población sin discriminación alguna, han cambiado el anticuado y defectuoso sistema de la “Categoría Única” por un sistema de categorización que hoy en día permite a todo limeño acceder a una educación universitaria y obtener un título profesional.

El Sistema de Categorías ha revolucionado el acceso a la educación universitaria, pero a pesar de todas sus ventajas, sigue teniendo varios defectos que deberían mejorarse:

En principio, este sistema es una adaptación del Sistema de Tributación Nacional que podemos definir como un “dime cuanto ganas y te diré cuanto te cobro”, lo cual es absolutamente lógico.

El Sistema de Categorías esta basado en un concepto similar, pero su punto de partida no es el sueldo del padre de familia, sino el colegio del cual proviene el estudiante, y ahí esta el principal problema. Es así, que según la lógica común, se sobreentiende que si un padre pudo pagar un colegio categoría B, este estará en la misma posibilidad de pagar una pensión universitaria categoría B. El Sistema funciona bien, pero ocurren varios supuestos que escapan del control de algunas universidades en este “Dime de donde vienes y te diré cuanto te cobro”.

Uno de los principales supuestos es el de los alumnos becados. Muchos alumnos que están en un colegio categoría B o C están becados, lo cual implica que no se aplica el supuesto de “tu padre puede pagar el colegio” sino que estudian en esa institución en base a merito o ayuda económica.

El mismo supuesto es aplicable en el caso de hermanos. Algunos colegios B o C otorgan a los padres una ayuda económica cuando tienen a dos o más hijos estudiando en la misma institución. Una vez que ambos llegan a la universidad esta ayuda desaparece.

Es también común el supuesto del padre que hace un esfuerzo excesivo por poner a sus hijos en un colegio de buena categoría a través de préstamos o adelantos. La capacidad de pago del padre no es equitativa a la categoría del colegio, pero esto tampoco es tomado en cuenta.

Pero también ocurre el supuesto inverso, muchos alumnos deben dejar el colegio categoría B o C por problemas académicos o de conducta y terminan en un colegio de menor categoría los últimos años. Esto no significa que el padre no pueda pagar una categoría alta pero igual se les aplica una categoría menor a la que en verdad tiene la posibilidad de pagar.

También ocurre lo mismo con el caso de las personas adineradas de provincia. Los mejores colegios de provincia no están en la misma categoría que los de Lima, aunque la educación que ambos ofrecen puede ser bastante similar. Pero igual, en base a ese supuesto, las personas que vienen de provincia, a pesar que puedan tener una capacidad económica superior, pagan el equivalente a una categoría baja. Esto tampoco esta contemplando el supuesto de “qué es lo que tu papá puede pagar”.

Así como estos casos hay muchos otros casos individuales o comunes que día a día se ven en las universidades y escapan del sistema. La buena noticia, es que muchas de estas universidades ofrecen alternativas para solucionar estos problemas, como la recategorización o la solicitud de becas crédito o facilidades económicas. Pero la posibilidad de que se aplique un sistema similar que acarrearía menos defectos sigue latente.

¿Sería posible que al momento de matricularse en una institución universitaria uno deba presentar una declaración jurada con los ingresos anuales del padre de familia o persona encargada del pago, o una copia de su declaración de impuesto a la renta? Es posible. También es posible que la pensión universitaria este basada en una deducción porcentual igual (X %) para todos. Es decir, que se le aplique al sueldo de cada padre un X % y el resultado del mismo sería la pensión. Algunos pagarían mucho más, otros, mucho menos, pero el sistema sería más equivalente y mucho más similar al Sistema de Tributación Nacional.

Pero creo que antes de crear nuevos sistemas y de cambiar las cosas, la principal solución es reforzar estos mecanismos como la recategorización, las facilidades o las becas, eliminando el exceso de barreras burocráticas y otorgando a más personas este derecho a estudiar pagando una pensión justa. Si actualmente existen universidades, especialmente las de mayor prestigio, que ofrecen estas facilidades, ¿por qué no todas las demás siguen este ejemplo?

Gustavo A. Taboada Dusek


Algunas consideraciones sobre el Servicio de Taxi en Lima

mayo 14, 2009

La informalidad es algo de todos los días en países como el nuestro, muchas veces es hasta incontrolable, pero el problema adquiere el estado de crisis cuando las actividades informales se vuelven habituales y normales para los ciudadanos. En el Perú una de las actividades económicas más habituales es desarrollada en su mayoría de forma informal: el servicio de taxi. Este medio forma parte del transporte público liviano y aunque no es usual que estos pertenezcan al Estado, generalmente pertenecen a privados a los cuales se les exigen ciertos requisitos mínimos para operar. Pero en nuestro país el “taxear” se ha convertido en la salida fácil para todo aquel que no tiene una fuente de ingresos, la informalidad permite que un letrero de “Taxi” en el parabrisas convierte a cualquier persona con un automóvil en proveedor del servicio, alcanzando la informalidad un índice de 67% a pesar de la existencia de la Ordenanza 196 que regula dicho servicio, es decir, hay una ley, pero no se respeta. Esta informalidad conlleva a una serie de problemas, a continuación detallaré algunos de ellos:

La negociación directa: Día a día millones de limeños negocian con los taxistas sobre el precio de sus carreras. Los precios no los establece el mercado sino la costumbre, el regateo es palabra de todos los días. Este tipo de sistema es desordenado e inconveniente tanto para el taxista como para el consumidor. Puede parecer beneficioso poder regatear el precio pero la negociación directa termina siendo perjudicial para el usuario pues no existe responsabilidad alguna en caso que el servicio no se brinde de forma adecuada (fallo vehicular o el típico “¿amigo, te puedo dejar acá porque tengo otra carrera y no voy a llegar?”) o peor aún, en caso de accidentes por culpa del chofer. La responsabilidad si existiría si detrás de los choferes estuviera una empresa o si estos operaran de manera formal. Por último la negociación directa permite la existencia de la frase que colma la paciencia de todos los limeños: “no voy”; lo cual significa que el taxista decide a quien lleva y a donde, cuando se supone que ellos brindan un servicio para todos los usuarios.

Aspectos generales del precio: El precio del servicio de taxi es producto de los factores que el conductor crea convenientes como distancia, hora, tráfico, etc. Por esto es que el sistema es desordenado e incoherente. Uno de los principales factores a tomarse en cuenta es el combustible. Es normal que si los precios del combustible suben el precio del servicio subirá, pero cuando el combustible disminuye su precio los taxistas parecen no notarlo jamás. En la misma línea del combustible tenemos al Gas Vehicular, este tipo de combustible apareció como la alternativa perfecta ante los altos precios de la gasolina y fue adoptado principalmente por los conductores de taxis, el problema es que a pesar de que utilizan un combustible mucho más barato sus tarifas son las mismas que las de aquellos que siguen utilizando gasolina, no existe ningún beneficio para el consumidor.

Es también importante resaltar la incoherencia existente entre precio y ruta, para lo cual daré un ejemplo del día a día de muchos limeños. Un servicio de taxi desde el distrito de San Borja (límite con Surco) con dirección al Jockey Plaza (Av. Manuel Holguín) tiene un precio de S/.6 o S/. 7 y el vehículo recorre una distancia de aproximadamente 3.6km. Ahora una carrera desde el mismo punto con dirección al Centro Comercial El Polo cuesta exactamente lo mismo pero la distancia es de 2.29km. Aproximadamente. Este es un ejemplo sencillo pero todos podemos comprobar cómo muchas veces una diferencia de 5 cuadras involucra una subida del precio mayor o muchas veces dicha longitud es ignorada.

Ante este problema la solución podría ser un taxímetro o el establecimiento de tarifas referenciales pero al usuario le gusta regatear el precio y la cantidad de taxis en Lima responde a la cantidad de demanda que existe. El problema de la formalidad es que podría involucrar una subida de precios y nadie está dispuesto a asumirlo a cambio de un sistema más ordenado.

El crimen: Uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta es que la informalidad conlleva a una inseguridad en el servicio. Tanto taxistas como usuarios son víctimas de criminales que aprovechan tanto para actuar como taxistas para asaltar a sus víctimas con facilidad o actuar como usuarios para asaltar a los taxistas. Esto lleva a que muchas personas opten por servicios de taxi de empresas privadas cuyos precios llegan al extremo de la ridiculez muchas veces duplicando el precio del servicio de taxi normal y a los que no todos pueden acceder.

La última víctima: Sin duda alguna la primera y última víctima de la informalidad es el Estado, el cual deja de percibir todos las tasas o comisiones que se cobran a los taxistas formales. Siendo el servicio de taxi un negocio tan común el Estado deja de percibir tributariamente los impuestos por el desarrollo de actividad económica y por percibir ingresos diarios. Esto sin hablar del trabajo que debe el MTC realizar para poder resolver el caos vehicular que también los taxis causan.

El problema principal es que en nuestro país la Ordenanza 196 no se hace cumplir. Esta exige que todo taxi deba ser formal, amarillo, con letrero luminoso en el techo, carné de identidad y muchos requisitos que casi nunca se ven. El costo para ser un taxista formal es de S/. 93.33 (Registros y credencial) y seguir un proceso administrativo, a diferencia del informal que cuesta S/.0.50 (calcomanía de “Taxi”).

Lima se encuentra a la cabeza del servicio informal de taxis presentando el peor sistema de Sudamérica con una cantidad de 210,000 taxis (unos 27 taxis por cada 1000 personas) y de los cuales solo 70,000 son formales. Solo por comparar, Bogotá tiene una cantidad de habitantes mayor a la de Lima y la cantidad de taxis que transitas es de 70,000 y de los cuales solo el 30% es informal, sin aumentar que utilizan el sistema de taxímetros para definir los precios; otras capitales de la región presentan índices similares.

La solución es sencilla, se debe establecer una fuerte campaña de formalización y se debe establecer de una vez o un sistema tarifario o el sistema en base a taxímetro, la negociación directa no puede seguir operando en una Metrópoli como es Lima. Pero lo principal es que las leyes se cumplan primero, es ridículo pensar que existe una multa de S/.218.00 e internamiento del vehículo para aquel que realiza el servicio de taxi de forma informal y a pesar de la existencia de esta sanción tenemos aproximadamente 140,000 taxis informales rondando las calles de Lima.

Datos obtenidos del Instituto Peruano de Administración Municipal (IPAM); TUPA de la Municipalidad de Lima y Google Earth.

 Gustavo A. Taboada Dusek


Una última esperanza para la democracia

marzo 31, 2009

Hoy en día, en miras al futuro, viendo los últimos sucesos que han afectado a Latinoamérica y al mismo tiempo contemplando atónitos el sorprendente desenlace de las elecciones de los Estados Unidos las palabras de Winston Churchill tienen cada vez más sentido.  El Primer Ministro que sorprendió al pueblo Británico con su popular frase “I had nothing to offer but blood, toil, tears and sweat”  tenía otra de estas frases bajo la manga, una que explica claramente los resultados del Referéndum de Hugo Chávez, los problemas en Bolivia con Evo y hasta la nueva promesa Norteamericana del presidente Obama: “It has been said that democracy is the worst form of government except all those other forms that have been tried from time to time”.

Mi opinión respecto de la democracia es exactamente la misma que la del político inglés de antaño, no creo que la democracia sea el sistema perfecto que otorgue completa libertad a todos y defina lo que la población realmente desea. La democracia es un juego de estadísticas, que puede funcionar perfectamente, pero que a la vez puede traer resultados inesperados y perjudiciales.

La situación de muchos de los países de Sudamérica, especialmente Perú, es clara, existe una aberrante división entre las clases privilegiadas y las que no lo son, ocupando las últimas el grueso de la población de nuestro país. Si partimos de esta premisa, vemos cómo las clases no privilegiadas son la mayoría de votantes y es por eso que son  presa fácil de los políticos. Es aquí donde la ignorancia juega un papel favorable para el candidato postulante. Estas personas son bombardeadas con promesas, regalos y visitas con el único objetivo de ganar votos y una vez que obtuvieron lo deseado desaparecen del mapa, incumpliendo lo que ofrecieron. Según Nicolás Maquiavelo “…el que es elegido príncipe con el favor popular debe conservar al pueblo como amigo…” pero en nuestra realidad el pueblo no es amigo, solo un simple medio para obtener algo.

Uno de los problemas principales que tenemos que enfrentar y a la vez una de las razones por las cuales la democracia no siempre funciona es el largo debate sobre si el voto debe o no ser obligatorio. En países como el Perú una gran masa de la población vota obligada. ¿Bajo que lógica podemos pedirle a una persona que no tiene acceso a un mínimo medio de comunicación que vote? Muchas personas no conocen ni al candidato, ni sus propuestas, ni sus defectos. Pero igual están obligados a votar. Es ahí donde me pregunto ¿el resultado de la votación representa la verdadera democracia? Por otro lado si el voto no fuera obligatorio, sólo votarían aquellas personas que en realidad  tienen un compromiso por el Perú o los que no tienen algo mejor que hacer ese día y estos siguen siendo una gran minoría, lo cual tampoco es lo ideal para que exista un sistema democrático.

El resentimiento y la discriminación entre la población es otro factor que afecta los procesos electorales. Es absurdo que este tipo de barreras hoy en día se interpongan para la elección de un gobernante; pero la verdad es que cada votante se identifica con aquel candidato que más se parece a uno. Desgraciadamente el color de piel o el estrato social del candidato define más que sus propuestas, los pobres no votarán por un rico porque no hará nada por ellos y los ricos no votarán por un pobre porque lo consideran un ignorante, estos prejuicios destruyen el sistema democrático en una escala mucho mayor que la misma corrupción. Podemos ver el reciente caso Humala o sin ir muchos años atrás en nuestra historia, la victoria de Fujimori sobre Vargas Llosa como claros ejemplos de que esto pasa y seguirá pasando.

No pretendo con este artículo crucificar a la democracia sino que esta debería ejercerse de la forma correcta con el fin de que en realidad sea “La voz del Pueblo” y no solo “La voz de la mayoría y el resto del pueblo que se conforme porque no le queda de otra”, “la voz de la ignorancia” o como alguna vez dijo George Bernard Shaw “Democracy is a device that ensures we shall be governed no better than we deserve”

Para que un sistema democrático funcione y para tener unas elecciones justas el Estado debe invertir en campañas de civismo con el fin de educar al grueso de la población, pero no meses antes de las elecciones sino uno o dos años antes de estas. Las personas deben estar informadas de cómo ejercer su derecho a voto y lo que esto implica. La participación cívica debe incrementarse con el fin de crear conciencia y de luchar contra la ignorancia.

La propaganda pro candidatura debe ser igual, la información sobre los pros y contras de cada candidato deben llegar a todas partes con el fin de evitar el ya conocido sistema de “víveres por voto” que se ve siempre en nuestras elecciones. Cegar a los votantes sobre la existencia de otros candidatos o sobre los errores que cometen algunos es una gran estrategia para obtener votos pero esto puede combatirse con un sistema de información adecuado para la población, así como decía Churchill: “The best argument against democracy is a five minute conversation with the average voter”.

Es absolutamente necesaria la implementación de más lugares de sufragio dentro del país así como la actualización del sistema para la agilización del proceso y para que todos puedan tener acceso al libre voto sin complicación alguna. Si en los pueblos de los Andes las personas deben caminar kilómetros para llegar a un ánfora, la cantidad de votantes y/o las ganas de ejercer el derecho disminuyen porque no se dan las facilidades para el caso.

Por último, creo fundamental que la corrupción durante el proceso electoral debe frenarse y la única forma de hacerlo es creando un mecanismo de control dirigido por una entidad especialmente creada para el caso o una Comisión con dicho fin. Es imposible llegar a un sistema justo si el mismo sistema esta siendo corrompido por agentes que buscan el interés propio.

Tomadas estas consideraciones podemos volver a tener una esperanza en la democracia, que aunque imperfecta, sigue siendo el mejor sistema que el hombre conoce para gobernarse, los pueblos han luchado demasiado a lo largo de la historia por la libertad y el voto para que hoy en día este sistema se vea tergiversado por tantos defectos. Si los mismos errores se siguen cometiendo nada quedará por hacer y nos encaminaremos al nefasto fin que el libertador Simón Bolívar hace ya mucho anunció: “Las instituciones perfectamente representativas no son adecuadas a nuestro carácter , costumbres y luces actuales … En tanto que nuestros compatriotas no adquieran los talentos y virtudes políticas que distinguen a nuestros hermanos del norte, los sistemas enteramente populares, lejos de sernos favorables, temo mucho que vengan a ser nuestra ruina…”  

Gustavo A. Taboada Dusek