Sobre el Mavi Marmara

septiembre 14, 2011

Con todo el debate surgido a consecuencia del incidente del Mavi Marmara entre Israel y Turquía, y luego de ya 4 informes diferentes que llegan a conclusiones completamente diferentes sobre los temas legales implicados, creo que es bastante seguro afirmar que todos estamos de acuerdo en que no estamos de acuerdo sobre la legalidad del bloqueo Israelí sobre Gaza.

Pero yo creo que más bien la comunidad internacional en lugar de concentrarse en debatir sobre si el bloqueo es legal o no, debería concentrar sus esfuerzos en ofrecer soluciones equitativas para las partes implicadas.

Después de todo, quienes se oponen al bloqueo, creen que el mismo es simplemente excesivo, que prohíbe la entrada a Gaza de productos que nada tienen que ver con el tráfico de armas y que por ende termina castigando (sea voluntaria o involuntariamente)  a la población civil de la Franja, que no tiene por qué verse afectada por un conflicto entre Israel y Hamás. Y bueno, eso, en realidad, es cierto.

Y para quienes están a favor del bloqueo, se trata de una respuesta legítima y justificada a un evidente problema de seguridad en Israel, que enfrenta continuos ataques con misiles desde Gaza hacia sus poblaciones civiles y no puede simplemente ignorar la realidad. Y esto también es enteramente cierto.

Simplemente no creo que estas dos premisas signifiquen que deberíamos o permitir que Hamas obtenga armas libremente en Gaza o apoyar enteramente la política israelí respecto a Gaza tal cual está hoy.

En lugar de estar peleando por sobre si el bloqueo es legal o no (que parece ser todo lo que la comunidad internacional parece poder hacer), ¿por qué no esforzarnos en buscar soluciones creativas que satisfagan tanto las necesidades vitales de la población palestina como los requerimientos de seguridad de Israel? ¿O es que estamos tan acostumbrados a que persista el conflicto que ya ni nos preocupamos en resolver sus problemas?

Sé que es difícil, pero, por lo menos por mi parte, es lo que pretendo hacer…

Alonso Gurmendi


Obama y las Fronteras de 1967 – ¿Cambio de Política?

mayo 25, 2011

En su discurso ofrecido el jueves pasado, el Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, señaló que “las fronteras de Israel y Palestina deben basarse en las líneas de 1967 con intercambios de territorio mutuamente acordados”.

Esta frase ha ocasionado gran controversia en la política estadounidense (que está desde ya calentando para las elecciones de 2012) y una fría reacción de parte del Gobierno de Binyamin Netanyahu, Primer Ministro de Israel.

Así, por ejemplo, el candidato presidencial republicano Mitt Romney, ha argumentado que con sus declaraciones Obama ha “empujado a Israel contra un autobús” faltándole el respeto y desestimando su habilidad de negociar la paz. Por su parte, el también aspirante a la Casa Blanca, Mike Huckabee, habló de una traición a Israel.

La opinión del Gobierno de Netanyahu fue igualmente dura, alegando que en su próxima visita a Washington “espera oír una reafirmación del Presidente Obama de los compromisos hechos por EE.UU. a Israel en2004”.

¿Qué son las fronteras de 1967? ¿Qué sucedió en 2004? ¿Realmente Estados Unidos ha abandonado a su principal aliado en la región? Vamos por partes:

El término “fronteras de 1967”hace referencia a la llamada “Línea de Armisticio de 1949” o “Línea Verde”. Se refiere a la línea que fuera acordada por Israel como marca para el cese de hostilidades luego dela Guerra de Independencia de 1948, en donde derrotó a los ejércitos combinados de Egipto, Jordania, Líbano y Siria y que sirve asimismo para distinguir el territorio israelí de los territorios que luego ocuparía en 1967, durantela Guerra de los 6 días, en la que enfrentara ala República Árabe Unida (que comprendía tanto a Egipto como a Siria) y Jordania.

Se les llama entonces “líneas de 1967”o “líneas pre-1967” porque a partir de ese año, Israel empezó a ocupar militarmente los territorios de la Rivera Occidental, Gaza, los Altos de Golán y el Sinaí. En 1979, Israel firmaría la paz con Egipto y se retiraría del Sinaí y en 2005, haría lo propio de Gaza, pero mantendría su presencia en la Rivera Occidental y en los Altos de Golán, alegando que se trata de lugares militarmente estratégicos. El argumento israelí es que si no controla porciones adicionales de territorio al oeste de Cisjordania, la cuenca del Río Jordán y los Altos de Golán, la costa central y norte del país quedaría expuesta a ataques terroristas con misiles y a incursiones militares sirias desde puntos que considera ventajosos.

Como parte de esta estrategia de seguridad, Israel comenzó a construir lo que denomina asentamientos en los territorios ocupados (es decir, al otro lado de la Línea Verde), a donde trasladó o permitió que se trasladaran grandes cantidades de ciudadanos israelíes, en zonas seguras protegidas por el Estado de Israel, algunas veces incluso amuralladas, y separadas de la población palestina de Cisjordania. Estos asentamientos violarían la IV Convención de Ginebra (y el derecho internacional consuetudinario) que prohíbe el traslado de población de un Estado ocupante a territorios ocupados por éste.

Es en base a estos asentamientos que surge todo el problema por las líneas de 1967. En efecto, Israel no pretende hacerse con el control de toda Palestina, ni mucho menos volver a ocupar el Sinaí. Su objetivo no es pues volver unas “líneas post-1967”. Lo que Israel busca es tener lo que denomina “fronteras defendibles”, o en otras palabras, ampliar la distancia que existiría entre la frontera por donde podría ser atacado y el corazón industrial y comercial de su país (que bajo las líneas de 1967 sería de menos de20 Km.). Para ello, estaría buscando poder incluir todos o un buen número de asentamientos en lo que sería su territorio internacional definitivo, luego de un hipotético acuerdo de paz y el establecimiento de un nuevo Estado Palestino.

Este esquema de seguridad “1967 más asentamientos” fue lo que Estados Unidos avaló en 2004, mediante una carta enviada por George W. Bush a su par israelí Ariel Sharon. En esta Carta, el Presidente Bush señaló lo siguiente:

“Como parte de un acuerdo de paz definitivo, Israel debe tener fronteras seguras y reconocidas, que deberán surgir de negociaciones entre las partes, de acuerdo con las Resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU 242 y 338. En vista de las nuevas realidades en el terreno, que incluyen importantes centros poblados israelíes ya existentes, no es realista esperar que el resultado de las negociaciones por un status final  sea un completo y total retorno a las líneas del armisticio de 1949, y todos los esfuerzos previos para negociar una solución de dos Estados han alcanzado la misma conclusión. Es realista esperar que cualquier acuerdo por un status final sólo será alcanzado en la base de intercambios mutuamente acordados que reflejen estas realidades”.

Entonces, ya con toda esta información disponible, ¿es realmente tan terrible lo dicho por Obama?

Como mencionamos antes, Obama dijo que las fronteras de Israel y Palestina deben basarse en las líneas de 1967 con intercambios de territorio mutuamente acordados”. Si comparamos esa frase con lo dicho por Bush en 2004, las frases no son del todo distintas. Bush señaló que las negociaciones no pueden llevar a un retorno “completo y total” a las líneas de 1967, lo que no quiere decir que éstas no deban ser usadas para nada o que Estados Unidos no avale un “retorno parcial” a estas líneas. Dela Carta de 2004 se desprende pues que en aquellos puntos en donde las líneas de 1967 no reflejen la realidad, es realista esperar (pero no obligatorio) que ambas partes negocien y acuerden una nueva línea, mediante la cesión de un territorio por otro equivalente.

Ello es, en esencia, lo mismo que lo dicho por Obama y, es más, ha sido una política constante de la diplomacia estadounidense desde los tiempos de Bill Clinton, e incluyendo el Gobierno de George Bush.

En efecto, en un discurso de 25 de junio de 2002, Bush señaló que “en última instancia, los israelíes y los palestinos deben tratar los asuntos centrales que los dividen si va a haber una paz verdadera, resolviendo todos los reclamos y terminando el conflicto entre ellos. Esto significa que la ocupación israelí que empezó en 1967 terminará a través de un acuerdo negociado entre las partes, basado en las Resoluciones de la ONU 242 y 338, con la retirada de Israel hacia fronteras seguras y reconocidas”.

Este discurso, al hablar dela Resolución242 que solicita a Israel retirarse de los territorios ocupados enla Guerrade los 6 Días -es decir, retirarse de las zonas al otro lado dela LíneaVerde-dijo exactamente lo mismo que ha dicho Obama, si bien de forma más discreta.

Es difícil imaginar, además, una salida diferente al problema. La característica central de Israel siempre ha sido, desde los tiempos del Plan de Partición original de la ONU, el tener una franja costera angosta, pues es allí donde se concentraba originalmente su población. Ahora bien, a fin de poder finalizar el conflicto y satisfacer las expectativas de seguridad que ha planteado Israel (sobre todo frente a los ataques terroristas transfronterizos), probablemente será necesario añadir a esta franja costera aquellas porciones de territorio palestino que cuentan ya con grandes poblaciones israelíes, a cambio de concesiones en Israel que permitan crear un Estado Palestino contiguo. Pero el punto de partida para medir dónde empieza Israel y dónde empieza el territorio ocupado sobre el que se encuentra el asentamiento a ser incorporado por Israel sólo puede serla Línea Verde, ello es –después de todo- lo más lógico y sencillo. La otra alternativa sería o empezar desde cero, sin ninguna frontera previa, que no sería conveniente para Israel que precisamente busca seguridad para el territorio que ha consolidado hasta ahora; o empezar en las líneas post-1967, lo que sería imposible pues éstas incluían el Sinaí, hoy bajo control Egipcio vía tratado de paz; o el Plan de Partición dela ONU, que en nada favorecería a Israel dadas las condiciones actuales.

Por ende, los dichos de Obama no son ni una traición a Israel ni un cambio de política para Estados Unidos. Es tal vez una forma menos elaborada de decir lo que otros Presidentes ya han dicho. Un verdadero cambio de política habría sido declarar que las fronteras debían ser necesariamente las de 1967, sin posibilidad de intercambios de territorio, algo que indirectamente y hace no mucho, han hecho Estados como Ecuador y Brasil al reconocer formalmente al Estado Palestino.

Alonso Gurmendi


La Promesa de Puerto España

septiembre 18, 2009

Cuando en abril de este año, Barak Obama anunció desde Trinidad y Tobago el lanzamiento de una nueva política para América Latina, una en donde no existiesen socios mayores y socios menores, sino una relación de respeto mutuo, nunca pensó que mantener esa promesa resultaría tan complicado con tanta rapidez. 

Ya con el golpe de estado a Manuel Zelaya en Honduras, la política de Obama para con América Latina tuvo que distanciarse de la política del pasado, tomando partido por principios, y no por intereses de corto plazo. Obama tuvo que tomar la costosa decisión de distanciar a los halcones del neoconservatismo estadounidense a cambio de poder sustentar creíblemente el compromiso de Estados Unidos con la región y no con intereses específicos. Tomar el lado de Zelaya, e incluso detener los envíos de ayuda no humanitaria a una Honduras controlada por un gobierno partidario a las políticas liberales y enemigo de Hugo Chávez, sin duda ha de haber sido un nuevo sentimiento para los pasillos de la Casa Blanca, acostumbrados al simplismo del consenso de Washington y al pragmatismo del reaganismo. 

Empero, son los desarrollos de los últimos meses los que garantizan que cumplir la promesa de Puerto España será particularmente difícil para una Casa Blanca concentrada en asuntos internos mucho más apremiantes. 

Esta semana, por ejemplo, Obama renovó, por un año más, el embargo cubano, en contra de los deseos de la gran mayoría de latinos. Si bien el relajamiento de las políticas hacia los viajes a Cuba y el levantamiento de la suspensión (al menos en teoría) a la participación cubana en la OEA han sido posturas destinadas a reenganchar a Estados Unidos con Latinoamérica que han tenido moderado éxito para transmitir el mensaje de la nueva política, difícilmente podrá llegarse demasiado lejos con el embargo en pie. Sin embargo, diversos factores de política interna hacen parecer que la idea de levantarnos un día sin un embargo es bastante remota. 

Esta brecha entre lo que Estados Unidos puede ofrecer y lo que Latinoamérica espera será pues, al parecer, la constante de la política exterior de Obama hacia nuestra región. Existe pues una buena voluntad de Washington por ganarse a la región, pero ésta viene acompañada del convencimiento de que el capital diplomático que Estados Unidos desea invertir en América Latina para sustentar esta buena voluntad es limitado y que simplemente América Latina no es prioridad en un mundo en donde Irán está coqueteando con la opción de obtener armas nucleares, la Economía Mundial está en convalecencia y los Republicanos amenazan con bloquear cualquier reforma del sistema de salud estadounidense. 

Es curioso cómo, por ejemplo, un Estados Unidos que dice querer iniciar una nueva época, no está dispuesto a participar en el debate regional por las bases colombianas, siendo un actor principal en el asunto. Es como si en Europa del Este, fuesen Polonia y República Checa las que debiesen convencer a Rusia de aceptar un escudo de misiles en su patio delantero. Es más, la propia estrategia de las bases revela que Estados Unidos prefiere –por más que los gobiernos populistas de la región opinen lo contrario- no meterse en el debate ideológico por ver quién controla más capitales, el “Socialismo del Siglo XXI” o el “Neoliberalismo”. Poner 500 soldados en Colombia, además de perpetuar la fallida estrategia de la guerra contra las drogas, es una forma fácil y sencilla de advertir a Chávez que él puede hacer y hablar todo lo que desee, con tal de que lo haga sólo en su eje, porque en el vecino que importa –Colombia-, Washington tiene ya un pie de playa firme para dirigir su política para la región y pretende retenerlo luego del 2010.

 Y son precisamente las elecciones colombianas de 2010 las que probablemente representen el mayor reto hasta la fecha para la nueva política estadounidense. Ya en Colombia está todo listo para permitir a Uribe lanzarse a un tercer periodo presidencial que, vía una reforma constitucional, lo perpetraría en el poder con el fin “noble” de “salvar a Colombia de las FARC”.

¿Qué hará Washington? Tal vez esa sea la pregunta del millón. ¿Debiera apoyar a su principal aliado a pesar de que en la práctica está incurriendo en las mismas conductas que le son reprochadas a Chávez y Zelaya?, ¿o debiera distanciarse de una Colombia regida por un Uribe ansioso de poder, que ha traicionado los principios democráticos que Washington dice representar, incluso si eso favorece a su enemigo en Caracas?

Ciertamente la respuesta no es fácil y sin duda cualquiera sea el camino, acarreará poderosos costos y vociferantes respuestas de ira de uno u otro lado según se escoja uno u otro curso de acción. Sólo podemos esperar que la decisión que se tome, sea una que permita alcanzar el equilibrio necesario, entre el buen desempeño de las relaciones hemisféricas y el desarrollo y prosperidad de nuestra región. La promesa de Puerto España bien depende de ello.


El Perú ante la Presidencia de la CAN

agosto 10, 2009

El Perú ha asumido la Presidencia pro tempore de la Comunidad Andina en una época particularmente crítica para la Organización. No solamente el bloque está marcadamente dividido en dos modelos de desarrollo claramente identificables (Bolivia/Ecuador vs. Perú/Colombia), sino que existen problemas específicos con cada uno de los miembros de la Comunidad que amenazan con fracturar la unidad del bloque. 

Ecuador hace poco incluso amenazó con retirarse de la CAN por el asunto de sus salvaguardas comerciales. Bolivia se encuentra en una etapa muy delicada en sus relaciones con el Perú, que recién parece estar mejorando. Colombia acaba de firmar un pacto con Estados Unidos sobre el uso de 7 bases militares que ha generado desconfianza en Ecuador y Bolivia. Perú y Colombia están en el proceso de firmar pactos comerciales con la UE que ni Ecuador ni Bolivia miran con buenos ojos. En fin, la región andina no podría estar más polarizada. En este contexto, ¿qué puede aspirar a hacer Perú en su Presidencia? ¿Realmente puede haber una integración viable si ante cada problema sus miembros amenazan con abandonar el Pacto? ¿Qué sucede con la integración en Latinoamérica que la vuelve tan lejana a los ideales que parecen haber hallado los pueblos de Europa, el Sudeste Asiático e incluso Arabia? 

A pesar de llevar décadas teniendo como meta la creación de un Mercado Común a imagen y semejanza del de la Unión Europea, el Perú debe estar plenamente conciente de que, durante su presidencia, la utilidad de la CAN no estará en la profundización de la integración comercial. En cambio, deberíamos adoptar un enfoque menos ambicioso comercialmente, pero igual de agresivo en temas de integración subregional. Por ejemplo, la CAN debería convertirse en un HUB de políticas para las naciones andinas, trazando metas comunes en aquellos rubros en que sea posible. Debemos procurar mejorar la integración en aspectos como títulos educativos, certificaciones nacionales, sistemas pensionarios, etc. La idea detrás de la integración, entonces, debería ser que si un peruano se gradúe en ingeniería en La Paz, ese título le pueda servir, sin necesidad de homologación en Bogotá y Quito. Que los procedimientos para constituir una empresa sean lo suficientemente similares en todos los países. Que uno pueda hacer uso del sistema pensionario independientemente del país donde se encuentre. Que las universidades de los cuatro países coordinen en lo que la región necesita en términos de profesionales. Existen miles de formas de integrarnos más sin tener que imitar a ciegas el proceso integrador de la UE. 

En efecto, creo que el problema principal de la CAN ha sido la concepción de la integración como una serie lógica y escalonada de pasos infranqueables: Zona de Libre Comercio, Unión Aduanera, Mercado Común, Unión Monetaria. Tal proceso puede funcionar para Europa, pero no necesariamente para Latinoamérica.

Cuando la Comunidad Europea fue creada, la clave detrás de su éxito fue que había sido modelada sobre la base de aquello que más unía a los pueblos de Europa: el comercio y producción de acero y carbón. Tal vez, en los Andes, deberíamos tratar algo semejante e integrarnos por aquello que nos une, más que por aquello que nos desune.

Alonso Gurmendi Dunkelberg


El hombre del futuro y los alienigenas:Derecho extraterrestre y las relaciones internacionales en el espacio

agosto 9, 2009

Se cumplen 40 años desde que se pronunciaron, las mágicas palabra que cautivaron a grandes y chicos, y que hoy son un motivante recordatorio de los logros de la humanidad en los tiempos modernos; “Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad”.  Fue hace 40 años que el hombre dejo de colonizar su propia orbe y se empezó la conquista de lo desconocido, del espacio.

Un tema poco tratado, y -en mi opinión- tan importante como la conquista de la luna en si, es su efecto en la relaciones internacionales, ¿Cuál es el rol derecho internacional en este nuevo esquema?, ¿se debe dejar atrás conceptos como nuevo y viejo mundo o relaciones hemisféricas?. Ha llegado el momento de innovar, de promover un Derecho Internacional que extienda su manto de influencia a las relaciones entre naciones en otros cuerpos celestes. Un derecho que desarrolle su situación jurídica, su forma de explotación, que responda las ya existentes interrogantes. ¿Que se debe entender por espacio ultraterrestre? ¿Debemos extrapolar los conceptos existentes o se debe generar una legislación nueva y detallada? Es momento de predecir y anticipar lo que nos depara el futuro, y así desarrollar una legislación donde el beneficiado sea la humanidad y no solo unas pocas naciones.

La normativa existente, aunque incipiente, se basa en el principio pro-humanidad y no pro-nación, buscando que el desarrollo en el espacio exterior se lleve en armonía y siempre a favor del interés de la humanidad. No existe nación que regule de manera extensa la exploración espacial, por ende nos encontramos en una fase donde derecho espacial es aun primitivo. Todo empezó en pleno auge espacial, fue las Naciones Unidas a través de distintos instrumentos jurídicos en su mayoría convenciones y tratados, quién plasmo el interés inicial de las naciones de una regulación espacial.  Los tratados que lideran está en este ambito del derecho internacional, son; en primer lugar el tratado del espacio ultraterrestre o “Tratado sobre los principios que deben regir las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes”, el “Acuerdo sobre el salvamento y la devolución de astronautas y la restitución de objetos lanzados al espacio ultraterrestre” , el “Acuerdo que debe regir las actividades de los Estados en la Luna y otros cuerpos celestes”, entre otros. Pero me pregunto, con los pasos agigantados que da la ciencia ¿Es suficiente esta normativa?

Las Naciones Unidas, al ver el amplio desarrollo de tecnología espacial, a través de la Asamblea General aprobó un grupo de principios que deben de guiar en todo momento las exploraciones ultraterrestres, como la “Declaración de los principios jurídicos que deben regir las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre”, donde se plasma que el espacio es de todos y que resulta propiedad de la humanidad. Así entre otros se señala que la exploración ultraterrestre es libre e irrestricta, y en protección a los interés de la humanidad la luna solo podrá usarse para fines pacifistas, evitando cualquier tipo de contaminación tanto en la luna como en cualquier otro cuerpo celeste. Sin embargo, se trata de principios rectores que no son vinculantes, dejando la protección del espacio al mero albedrío de las naciones. ¿Que va a ocurrir con la explotación de recursos?, ¿Quién es benefactor de las investigaciones realizadas, la humanidad en su totalidad, solo unas naciones? ¿Qué conviene más, que el espacio sea propiedad privada o territorio de la humanidad? ¿Se debe promover el desarrollo, quienes habitaran la luna u otro cuerpo celeste, a donde pertenecerán?

Las grandes potencias espaciales Estados Unidos y Rusia, ya no tienen la hegemonía espacial, cada vez más y más países desarrollan programas espaciales y nuevos actores se inmiscuyen y cobran su porción del espacio ultraterrestre. Países como China, India, la Unión Europea o algún nuevo gigante espacial, deben de ser tomados en cuenta en la normativa a desarrollarse del espacio, debemos dejar atrás la visión de la guerra fría donde solo dos potencias podían llegar al espacio y ampliar este espectro a mas naciones, que tarde o temprano van tomar el espacio por su propios medio. Pero, para llegar a un cambio relevante, es necesario desarrollar una normativa sin preferencias, donde los países en vía de desarrollo no sean marginados, del  beneficio obtenido, la exploración espacial, es y debe ser en beneficio de la humanidad.

Nuevas tecnologías se desarrollan y nuevas posibilidad se generan. Hoy en día un viaje comercial al espacio ya no es una utopía, basta un buen estado físico y pagar las altas tasas para ser acreedor de un boleto a las estrellas. Y, como salido de una película de George Lucas o un capitulo de Start Trek, la luna esta a la venta. Lo que suena como una broma futurista, o simplemente una forma de obtener dinero de ingenuos compradores, es posible. Existen distintas paginas Web que ofrecen este servicio, llámesewww.agentelunar.com o www.moonestates.com, ¿Cómo? A través de un vacío que se genera, al no haber una norma vinculante que prohíba la explotación de la luna por una empresas o particulares, salvo el tratado luna, “Acuerdo que debe regir las actividades de los Estados en la Luna y otros cuerpos celestes”, tratado que solo fue ratificado por 10 de los países miembros de las Naciones Unidas, permitiendo que la gente trance sobre predios lunares propiedad de la humanidad.

Entonces, queda claro con lo antes mencionado, que es necesaria una legislación que proteja a los viajeros en el espacio, que regule el desarrollo de la actividad espacial y que se termine inmiscuyendo en la normativa nacional de todos los Estados para preveer y predecir los cambios que nos trae el futuro. Existe una sobre explotación de recursos y un mal manejo de los mismos, no nos sentemos a esperar que pase lo mismo que en la tierra, cuando se intenta parchar el daño ya existente. Que no sean unos pocos los que se beneficien de las virtudes, de los recursos que se pueden obtener en el espacio ultraterrestre. Debemos buscar una solución donde todas las naciones tengan un porcentaje equitativo del mismo. Dependerá de nuestro esfuerzo lo que generaciones futuras puedan disfrutar, un espacio controlado por una sola nación, o que el derecho internacional se extienda al espacio y regule las actividades de naciones y particulares fuera de la tierra, ¿se debe tratar al espacio como se hace con la Antártida?

El debate sigue en pie, se debe entender que la luna, los demás cuerpos celestes y en general el espacio, es parte y herencia de la humanidad, o debe ser tratado como tierra de nadie, como nuestro planeta en sus inicios donde aquel mas poderoso tomaba la posesión y propiedad de la tierra que tocaba, permitiendo la creación de la propiedad privada y protegiéndose por la normas aplicable a la misma. Que se busca la explotación indiscriminada del espacio o la protección del espacio ultraterrestre para generaciones futuras. De una forma u otra la única manera de responder las interrogantes es por medio de un esfuerzo conjunto de la naciones y de una ardua discusión para preveer el futuro y no parchar una vez que el daño ya este hecho.

Sebastian Marcelo Elias Sardiña


El futuro incierto de la Unión Europea

mayo 15, 2009

 ¿A quién llamo, cuando quiero hablar con los europeos?

La famosa pregunta que se planteó Henry Kissinger hace más de treinta años, sigue estando vigente hoy: más de cuarenta años después de la fundación de la Unión Europea, al continente más desarrollado del mundo le sigue costando horrores ser un bloque en lugar de simplemente actuar como uno. Y los latinoamericanos estamos particularmente interesados en ver cómo se desarrolla el proyecto paneuropeo, pues como detestamos ser innovadores, probablemente vamos a esperar a que ellos resuelvan sus problemas antes de dedicarnos a resolver los nuestros.

 Nadie disputa los éxitos del sistema de integración de la Unión Europea, sobre todo en términos de comercio exterior. Sin embargo, la realidad es que siguen existiendo hilos sueltos y muchos temas pendientes con miras a que Europa consolide ese sueño federal que todos sabemos alberga, por más que se niegue a confesarlo.

¿Quién manda en Europa? Si le han preguntado a mi estimado amigo y coautor Alonso Gurmendi, seguro les ha dicho que es Alemania. Pero no es verdad, al menos no en el sentido en que se piensa. 

Es verdad que Alemania siempre ha sido el motor de la integración europea. Es la economía más fuerte del bloque, y por su posición geopolítica es el llamado a expandir su influencia en Europa del Este y liderar el deterrence europeo contra el adversario de toda la vida: Rusia. Pero Alemania se ha visto muy desgastada por su fracaso en lidiar con el euroescepticismo del Reino Unido y por el usualmente impredecible comportamiento de sus aliados naturales, Francia e Italia. Tampoco ha tenido éxito en encontrar aliados en otros países grandes, como España, que ha preferido lidiar con sus propios problemas antes que con los de Europa.  Menos aún con sus demás pares occidentales, como Holanda o Bélgica, que insisten en demostrar su tradicional desconfianza por todo lo que viene del otro lado del Rin.

A causa de ello, Angela Merkel ha fracasado en lograr los dos grandes objetivos de su política exterior, fijados por su administración cuando asumió el gobierno en el 2005: impulsar a la OTAN  a la europeización y reducir la influencia norteamericana en las relaciones entre Europa y Moscú. Para colmo, el fracaso de la constitución europea y los continuos entrampamientos que engloba la ratificación del tratado de Lisboa, con el Partido Conservador en el Reino Unido insistiendo en la necesidad de un referéndum para ratificarlo, parecen señalar que los intentos alemanes por federalizar la unión han generado más fricción que consenso. Así que son malos días para ser un eurófilo alemán.

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Obama parece correr detrás de Brown, Merkel y Sarkozy – un muy alegórico ejemplo de los esfuezos emprendidos por la diplomacia americana para recuperar la confianza de sus aliados en Europa – y de paso, alejarlos de Rusia.
 

La crisis económica, por otro lado, ha develado los trapitos sucios del sistema comunitario. Islandia ha sido prácticamente abandonada tras sucumbir al colapso financiero, aún a pesar de haber seguido todas las reglas, incluyendo mantener un déficit fiscal inferior al 3%. Polonia, junto a ocho otros miembros de la UE, sostuvieron una mini cumbre por separado de la UE el pasado febrero, argumentando que no se estaba tomando en cuenta su posición en la estrategia económica de la UE hacia el futuro. Incluso empiezan a escucharse voces disidentes, como la de la República Checa, que hoy parece más preocupada por que el fenómeno de integración se haga más lento en lugar de más dinámico.

Por otro lado, viejos problemas que parecían haberse superado hoy están resurgiendo. La inmigración musulmana a Europa Occidental, para empezar, se ha vuelto un tema delicado cuando se considera la idea de admitir a Turquía en la Unión. Francia ha manifestado abiertamente sus objeciones, preocupada por el problema que hoy enfrenta para integrar a las minorías de inmigrantes musulmanas a la sociedad francesa, que solo se agravaría si Turquía fuese admitida. El gobierno de Merkel, por otro lado, se mantiene ambivalente, sopesando las contradicciones de una decisión que iría en línea con su ideal expansionista de la UE, pero que representaría un considerable riesgo de conmoción social interna en un país que hoy por hoy ya tiene graves problemas para controlar la inmigración turca. Tal es el dilemma  de los alemanes, que incluso han ensayado la idea de una “relación especial, pero sin admisión” con Turquía. Ah, y el Reino Unido, por supuesto, no duda en apoyar la candidatura. Faltaba más – lo que sea con tal de debilitar la influencia del eje franco-alemán. El juego no ha cambiado: el mismo ajedrez que jugaron Churchill y De Gaulle hace sesenta años, y Bismarck y la Reina Victoria hace cien, se juega hoy, con sistema de integración o sin él.

Pero lo más preocupante, es la apatía de los propios ciudadanos comunitarios. Un rápido vistazo al clima electoral en Europa demuestra que los ciudadanos siguen más interesados en la política local que en los asuntos comunitarios: son los asuntos nacionales, y nos los que tienen que ver con las normas comunitarias, los que dominan la campaña durante las elecciones al Parlamento Europeo. Y el porcentaje de personas que acuden a votar, en lugar de crecer, disminuye: del impresionante 65% en la primera elección en 1979, cayó a menos del 30% en las elecciones del 2004. Y las proyecciones dicen que este año descenderá aún más.  Como explica Timothy Garton Ash en su editorial del Guardian, “los europeos votan mediante su decisión de no votar”.

¿Hacia adonde va Europa entonces? Es una pregunta interesante. Mucho dependerá del resultado de las elecciones alemanas de setiembre, y de las elecciones parlamentarias que ya se vienen en el Reino Unido – esas de las que Gordon Brown desea tan desesperada como fútilmente escapar, pero que, después de la crisis política de gastos reportados por los MPs al Parlamento, es inevitable tendrán lugar antes de fin de año.

¿Por qué? Pues, porque ante la ambivalencia franco-italiana y el hermetismo del gobierno de Rodriguez Zapatero en España, los dos grandes rivales europeos de los últimos dos siglos son los únicos con posiciones claras sobre el futuro europeo. Por lo que, curiosamente, el futuro de la UE dependerá en gran medida de la capacidad de británicos y alemanes de llegar a un acuerdo – o de convencer a los demás que no le hagan caso al otro.

Eso si, no importa cuál sea el futuro de Europa, si de algo estamos seguros, es que muchos estarán expectantes: Medvedev y Putin urdirán oscuros planes, mientras miran con ambición como se desenvuelven los hechos. Obama se mantendrá atento, con una extraña mezcla de esperanza, cautela y temor… y nosotros, los latinoamericanos, como no nos queda de otra, trataremos de ser optimistas. Porque, al fin y al cabo, si los miembros de la UE, que durante décadas han dictado el modelo de integración que tanto y tan ciegamente nos hemos empeñado en seguir, no son capaces de resolver sus problemas, nosotros podemos ir olvidándonos de la integración.


El Ártico Hoy

mayo 11, 2009

El mundo del siglo XXI ofrece un sinnúmero de nuevos escenarios y posibilidades; tanto de conflicto como de cooperación; y uno de estos nuevos escenarios se está desenvolviendo día a día en las cada vez más cálidas aguas del Océano Ártico.

Producto del calentamiento global y el efecto invernadero, los casquetes polares han venido reduciendo su tamaño año tras año y han ido abierto nuevas posibilidades para un selecto grupo de países con costas estratégicamente colocadas en el Círculo Polar.

En efecto, según los últimos estudios, debajo de los cada vez más disminuidos bloques de hielo se encuentra casi un cuarto de las reservas de hidrocarburos del planeta y las posibilidades de extraer minerales de los suelos árticos son cada vez más plausibles. Sin duda el ártico aparece como un escenario más que atractivo para el mundo.

De acuerdo con la Convención del Mar, los Estados tienen derecho a una Zona Económica Exclusiva de 200 millas y, en caso sus plataformas continentales se extiendan más allá, pueden presentar a la Comisión de Límites de Plataforma Continental propuestas para extender su dominio hasta las 350 millas. Esta opción ha generado que Dinamarca, Noruega, Canadá y Rusia presenten o hayan anunciado que presentarán documentos técnicos ante la Comisión a fin de obtener el control de amplias zonas del suelo marino ártico. Estados Unidos, al no ser miembro de la Convemar, no puede presentar propuestas semejantes, pero tiene también grandes intereses en el ártico.

Pero eso no es todo. Además de la posibilidad de reclamos superpuestos en las presentaciones ante la Comisión de Límites, que podrían dar lugar a disputas legales entre grandes potencias, existen otras disputas más claras y más complejas como la delimitación marítima en el Mar de Beaufort (Canada c. EE.UU.), el status jurídico del Paso del Noroeste (Canadá c. EE.UU. y la UE) y la soberanía sobre la Isla de Hans (Canadá c. Dinamarca).

Esta nueva realidad ha producido un verdadero laboratorio de Relaciones Internacionales en el Polo Norte, en donde diversos autores buscan brindar diversas predicciones para lo que en principio se presenta como una rara oportunidad para ver a grandes potencias y grandes democracias enfrascadas en disputas políticas y jurídicas en donde los beneficios son altos y los costos peligrosos.

Algunos, como Eric Posner, proponen que ante la existencia de lo que llama normas internacionales ambiguas, todo dependerá exclusivamente del poder que cada parte pueda desplegar y plantean un atractivo escenario para las ambiciones rusas en la zona, ante la poca viabilidad de una alianza Estados Unidos-Canadá (atorados en las disputas del Mar de Beaufort y el Paso del Noroeste) para contrarrestar a Moscú.

Otros, como Scott Borgerson, proponen una salida más “democrática”: la creación de un Parque Ártico en la zona de mayor disputa (el mismo Polo) a fin de evitar controversias de difícil (aunque no imposible) solución que garantice la adecuada protección de la vida y los recursos naturales en el delicado ambiente polar.

Lo más probable es que el Ártico nos ofrezca un variado repertorio de opciones y que no sea ni ajeno a las fricciones ni un barril de pólvora a punto de estallar. Así, por ejemplo, mientras que los gobiernos interesados firmaron en 2008 la Declaración de Ilulissat comprometiéndose al Derecho Internacional en caso de surgir cualquier disputa, al mismo tiempo han cometido amplios recursos al patrullaje y a incrementar su presencia militar en la zona (sobretodo Rusia y Canadá).

Sin duda será una excelente oportunidad para ver la diplomacia, la política y el Derecho Internacional en acción y a grandes escalas. El Ártico sin duda promete ser todo un espectáculo y vale la pena estar pendiente de él.

Alonso Gurmendi