Estados Unidos, el 11 de septiembre y las lecciones de los últimos 10 años

septiembre 11, 2011

* Publicado simultáneamente en Enfoque Derecho

Hoy, hace diez años, terroristas de al-Qaeda llevaron a cabo el atentado más devastador en la historia de Estados Unidos, secuestrando simultáneamente cuatro aviones y causando la muerte de casi tres mil personas en un terrible ataque suicida a las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono, en Washington DC.

Desde esa fecha en adelante, el 11 de septiembre no sólo ha quedado marcado en la historia colectiva de la humanidad, sino que sus consecuencias e implicancias han dejado tal huella en los diez años posteriores que es difícil leer las páginas de la historia mundial reciente sin poder unirlas de una u otra forma a aquél fatídico día. La realidad de la primera década del mundo del nuevo milenio es, en buena medida, una realidad “post-11/9”.

En efecto, pocos en el mundo “pre 11/9” podrían haber predicho el camino que recorrería el mundo del Nuevo Milenio. Colapsada la Unión Soviética, el mundo había pasado a ordenarse de forma unipolar, en donde Estados Unidos se posicionaría como el Sheriff del mundo.  

Y es que ya para finales del Siglo XX, la posición de Estados Unidos en la política mundial era tan sólida y estable que era difícil pensar que existieran situaciones que pudieran escapar a su control.

Pero el 11/9 cambió esa percepción de invencibilidad. A poco más de una década de coronarse como hegemón del mundo, Estados Unidos se mostró más vulnerable que nunca, herido duramente por un grupo de dementes que lograron causar en una mañana más daño al territorio continental estadounidense que lo que Hitler, Mussolini e Hiroito pudieron lograr en 5 años de Guerra Mundial.

Enfrentado a este ataque, Estados Unidos demandó la colaboración de Afganistán para entregar a los responsables del mismo. Ante su negativa, Estados Unidos ejercitó su derecho a la legítima defensa, reconocido por el Consejo de Seguridad en la Resolución 1373 (2001), e invadió Afganistán.

Sin embargo, y a pesar de la legalidad de la operación estadounidense en Afganistán, por algún motivo, Estados Unidos decidió iniciar en paralelo lo que denominó una “Guerra contra el Terrorismo”. Esta “guerra”, sin embargo, no sería una mera guerra retórica como podía ser la “Guerra contra las Drogas, sino que sería asumida por Washington como un conflicto armado, en el sentido legal de la palabra.  

La reacción inmediata a esta afirmación fue, sin lugar a dudas, incertidumbre. Después de todo, en Derecho Internacional, las “guerras”, o –en términos técnicos- los conflictos armados internacionales (CAI), son enfrentamientos armados que se desenvuelven exclusivamente entre Estados y tienen una serie de reglas (codificadas en las Convenciones de Ginebra) que no eran de fácil adaptación a la Guerra contra el Terrorismo. Más bien, el Derecho Internacional señala que cuando un Estado se enfrenta a un ente no estatal se configura un conflicto armado no internacional (CANI) que se rige por las disposiciones del artículo común 3 de las Convenciones de Ginebra (ver aquí para más detalles sobre las diferencias entre un CAI y un CANI).

Pero, para Estados Unidos, no sólo el conflicto con al Qaeda era una guerra, sino que, debido a que al-Qaeda no era un Estado, se trataba de una guerra que no estaba regulada por las convenciones de Ginebra (algo que, por supuesto, levantó más de una ceja, incluidas las de la Corte Suprema de EE.UU.)

Con este razonamiento, Estados Unidos buscaba acomodar las normas del Derecho Internacional Humanitario a sus necesidades inmediatas: La naturaleza global del conflicto le daría libertad en relación a dónde podía actuar militarmente (básicamente, en cualquier parte del mundo), al mismo tiempo que la no aplicación de las Convenciones de Ginebra a al-Qaeda le permitía obviar una serie de requisitos procedimentales en su política de detenciones.

Pero la búsqueda de flexibilidad de Estados Unidos fue incluso más allá. Al poco tiempo, Washington introdujo la ya famosa y controversial categoría de “unlawful enemy combatants” (combatientes enemigos ilegales). Bajo ella, EE.UU. amplió el estándar para determinar quién era y quién no era un combatiente en la Guerra contra el Terrorismo (ver aquí y aquí, p. 228, para más detalles), dejando de lado los conceptos tradicionales de “participación directa en las hostilidades” y “función continua de combate”, pasando a definir como “combatiente enemigo ilegal” a todos aquellos que se hubiesen vinculado con al-Qaeda o los talibanes. El ser designados como combatientes enemigos ilegales convertía por lo tanto en objetivos militares válidos o en sujetos pasibles de detención militar a un sinnúmero de individuos que poco o nada tenían que ver con el esfuerzo terrorista de al-Qaeda (por ejemplo calificaría técnicamente como combatiente una madre afgana que envía remesas a su hijo talibán o un comerciante que le vende comida a integrantes de al-Qaeda) y que podían ser detenidos indefinidamente hasta la culminación de las hostilidades (es decir, hasta que todos los terroristas del mundo hayan sido derrotados); algo sin duda excesivo.  

Pero, en paralelo a los problemas de la “Guerra contra el Terrorismo”, y gracias a una asesoría legal que, por decir lo menos, se alejaba de los estándares internacionales, Estados Unidos procedió a implementar una política de tortura que marcaba un corte con lo que tradicionalmente había sido la posición declarada por Washington (ver aquí, párrafo 100). Y, luego, en 2003, y con una argumentación igualmente poco convincente, Estados Unidos invadió y ocupó militarmente a Irak alegando (falsamente) que pretendía usar armas de destrucción masiva contra Estados Unidos.

La pregunta es, entonces, si este resultado fue inevitable, si este era el único camino posible para luchar contra una amenaza como la que representa al-Qaeda. Y la respuesta, creo yo, es que no. Después de todo, si bien es cierto que las circunstancias generadas por el 11 de septiembre fueron extraordinarias y ameritaban una fuerte y decidida reacción de parte de Estados Unidos y el mundo entero, creo que no era necesario articular una teoría legal tan expansiva como la “Guerra contra el Terrorismo” para poder sancionar ejemplarmente a los responsables de ese y otros actos barbáricos.

Y es que si bien Estados Unidos estuvo legalmente autorizado para invadir Afganistán en aplicación de su derecho a la legítima defensa, las interpretaciones que esbozó luego no se conformaban a los hechos en el terreno. Lo que existía no era un conflicto global contra el terrorismo, sino un conflicto armado no internacional entre Estados Unidos y los terroristas de al-Qaeda radicados en Afganistán (y luego, Irak y Pakistán).

Esto significa, por lo tanto, que EE.UU. no puede tratar al mundo entero como un gran campo de batalla y que habrán determinadas situaciones en donde no podrá sustentarse en el Derecho Internacional Humanitario para llevar a cabo políticas anti-terroristas, sino que deberá usar las normas del Derecho Internacional de los Derechos Humanos. Y ello no porque se busque aplicar normas menos drásticas a los terroristas ni ser restrictivo con las necesidades de los Estados, sino porque en ausencia de un conflicto armado, es decir, en ausencia de una situación en donde uno es o aliado o enemigo, es necesario ofrecer protecciones adicionales a los derechos de civiles como nosotros, que no tenemos por qué caminar por la calle en riesgo de que alguien jale un gatillo antes de hacer las preguntas correctas (ver aquí pp. 196-198, aquí, y aquí para las posiciones existentes sobre este argumento), sobre todo teniendo en cuenta el amplio concepto de combatiente que EE.UU. pretende aplicar. 

Entonces, en aquellos lugares y en relación a aquellas personas no vinculadas al conflicto armado en Afganistán (o Irak, o Pakistán), los estándares deben cambiar y ya no deben basarse en términos de objetivo válido y no válido. Más bien, debe aplicarse las disposiciones del Derecho Internacional de los Derechos Humanos. Esto no quiere decir, por supuesto, que sea imposible actuar en contra de una persona que implique un serio riesgo a la seguridad de un país. Simplemente significa que para usar fuerza letal, deberá realizarse un test de proporcionalidad y necesidad más exigente (ver aquí pp. 53-56), a fin de (i) evitar la privación arbitraria de la vida y (ii) procurar que, si es posible detener al objetivo, se le aprese en lugar de simplemente dispararle.

Estas normas no sólo son más adecuadas al contexto en el que se aplican, sino que creo que hubiesen colaborado a que EE.UU. desarrolle la “Guerra contra el Terrorismo” sin asumir tantos costos de reputación como los que tuvo que asumir. Es más, soy de la opinión de que si Estados Unidos no hubiese pretendido aplicar normas bélicas fuera del conflicto en Afganistán, si no hubiese invadido Irak y si no hubiese tolerado actos de tortura, tal vez hoy no estaría enfrentando la complicada situación internacional que enfrenta.

Después de todo, en el ámbito económico, no es difícil concluir que el excesivo gasto militar de tener que solventar dos guerras simultáneas contribuyó al déficit fiscal que hoy tanto aterra al sector conservador estadounidense (irónicamente el sector que más apoyó la Guerra en Irak).

En el ámbito moral, el régimen de tortura durante la era Bush, seguidos del plan de “borrón y cuenta nueva” de la administración Obama, dañaron seriamente el standing de Estados Unidos como líder del mundo libre y defensor de la libertad.

Y, finalmente, en el ámbito estratégico, la Guerra de Irak causó un desequilibrio de poder en la región, pues en la práctica removió el principal freno al expansionismo iraní en el Medio Oriente, poniendo en peligro a sus aliados israelíes y saudíes. Así, sin la influencia suní de Saddam Hussein, Irán pudo crear, junto con Siria, un frente chií en la región, lo que le dio un bloque político propio (algo que antes no tenía). Es también posible que la presencia estadounidense a ambos lados de su frontera haya impulsado el deseo iraní de conseguir capacidad nuclear. Todas estas ventajas favorecieron en última instancia a grupos terroristas como Hamás -aliados de Teherán- para detrimento de los intereses estadounidenses en la solución del conflicto Árabe-Israelí. Todo esto sin mencionar que el hecho de tener que comprometer grandes cantidades de tropas en Afganistán e Irak limitaron la capacidad de respuesta de Estados Unidos frente a otras amenazas, lo que le quitó credibilidad a la antes popular idea de que si uno incumplía las reglas de la “Pax Americana”, Washington sería raudo en castigar la trasgresión a través de su absoluta superioridad militar.

Hoy el mundo que habitamos está cada vez más tendiente hacia el multipolarismo: En 2008, Rusia invadió Georgia sin mayores consecuencias y hace no mucho, América Latina, el “patio trasero” de Washington, decidió reconocer al Estado Palestino en claro desafío a los deseos de Estados Unidos.

Tal vez, sólo tal vez, un curso de acción diferente, sustentado en la correcta aplicación de las normas internacionales, hubiese podido guiar a Estados Unidos a un mejor presente, con iguales o equiparables resultados en el necesario y justo combate contra la plaga del terrorismo internacional. 

Alonso Gurmendi

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Obama y las Fronteras de 1967 – ¿Cambio de Política?

mayo 25, 2011

En su discurso ofrecido el jueves pasado, el Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, señaló que “las fronteras de Israel y Palestina deben basarse en las líneas de 1967 con intercambios de territorio mutuamente acordados”.

Esta frase ha ocasionado gran controversia en la política estadounidense (que está desde ya calentando para las elecciones de 2012) y una fría reacción de parte del Gobierno de Binyamin Netanyahu, Primer Ministro de Israel.

Así, por ejemplo, el candidato presidencial republicano Mitt Romney, ha argumentado que con sus declaraciones Obama ha “empujado a Israel contra un autobús” faltándole el respeto y desestimando su habilidad de negociar la paz. Por su parte, el también aspirante a la Casa Blanca, Mike Huckabee, habló de una traición a Israel.

La opinión del Gobierno de Netanyahu fue igualmente dura, alegando que en su próxima visita a Washington “espera oír una reafirmación del Presidente Obama de los compromisos hechos por EE.UU. a Israel en2004”.

¿Qué son las fronteras de 1967? ¿Qué sucedió en 2004? ¿Realmente Estados Unidos ha abandonado a su principal aliado en la región? Vamos por partes:

El término “fronteras de 1967”hace referencia a la llamada “Línea de Armisticio de 1949” o “Línea Verde”. Se refiere a la línea que fuera acordada por Israel como marca para el cese de hostilidades luego dela Guerra de Independencia de 1948, en donde derrotó a los ejércitos combinados de Egipto, Jordania, Líbano y Siria y que sirve asimismo para distinguir el territorio israelí de los territorios que luego ocuparía en 1967, durantela Guerra de los 6 días, en la que enfrentara ala República Árabe Unida (que comprendía tanto a Egipto como a Siria) y Jordania.

Se les llama entonces “líneas de 1967”o “líneas pre-1967” porque a partir de ese año, Israel empezó a ocupar militarmente los territorios de la Rivera Occidental, Gaza, los Altos de Golán y el Sinaí. En 1979, Israel firmaría la paz con Egipto y se retiraría del Sinaí y en 2005, haría lo propio de Gaza, pero mantendría su presencia en la Rivera Occidental y en los Altos de Golán, alegando que se trata de lugares militarmente estratégicos. El argumento israelí es que si no controla porciones adicionales de territorio al oeste de Cisjordania, la cuenca del Río Jordán y los Altos de Golán, la costa central y norte del país quedaría expuesta a ataques terroristas con misiles y a incursiones militares sirias desde puntos que considera ventajosos.

Como parte de esta estrategia de seguridad, Israel comenzó a construir lo que denomina asentamientos en los territorios ocupados (es decir, al otro lado de la Línea Verde), a donde trasladó o permitió que se trasladaran grandes cantidades de ciudadanos israelíes, en zonas seguras protegidas por el Estado de Israel, algunas veces incluso amuralladas, y separadas de la población palestina de Cisjordania. Estos asentamientos violarían la IV Convención de Ginebra (y el derecho internacional consuetudinario) que prohíbe el traslado de población de un Estado ocupante a territorios ocupados por éste.

Es en base a estos asentamientos que surge todo el problema por las líneas de 1967. En efecto, Israel no pretende hacerse con el control de toda Palestina, ni mucho menos volver a ocupar el Sinaí. Su objetivo no es pues volver unas “líneas post-1967”. Lo que Israel busca es tener lo que denomina “fronteras defendibles”, o en otras palabras, ampliar la distancia que existiría entre la frontera por donde podría ser atacado y el corazón industrial y comercial de su país (que bajo las líneas de 1967 sería de menos de20 Km.). Para ello, estaría buscando poder incluir todos o un buen número de asentamientos en lo que sería su territorio internacional definitivo, luego de un hipotético acuerdo de paz y el establecimiento de un nuevo Estado Palestino.

Este esquema de seguridad “1967 más asentamientos” fue lo que Estados Unidos avaló en 2004, mediante una carta enviada por George W. Bush a su par israelí Ariel Sharon. En esta Carta, el Presidente Bush señaló lo siguiente:

“Como parte de un acuerdo de paz definitivo, Israel debe tener fronteras seguras y reconocidas, que deberán surgir de negociaciones entre las partes, de acuerdo con las Resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU 242 y 338. En vista de las nuevas realidades en el terreno, que incluyen importantes centros poblados israelíes ya existentes, no es realista esperar que el resultado de las negociaciones por un status final  sea un completo y total retorno a las líneas del armisticio de 1949, y todos los esfuerzos previos para negociar una solución de dos Estados han alcanzado la misma conclusión. Es realista esperar que cualquier acuerdo por un status final sólo será alcanzado en la base de intercambios mutuamente acordados que reflejen estas realidades”.

Entonces, ya con toda esta información disponible, ¿es realmente tan terrible lo dicho por Obama?

Como mencionamos antes, Obama dijo que las fronteras de Israel y Palestina deben basarse en las líneas de 1967 con intercambios de territorio mutuamente acordados”. Si comparamos esa frase con lo dicho por Bush en 2004, las frases no son del todo distintas. Bush señaló que las negociaciones no pueden llevar a un retorno “completo y total” a las líneas de 1967, lo que no quiere decir que éstas no deban ser usadas para nada o que Estados Unidos no avale un “retorno parcial” a estas líneas. Dela Carta de 2004 se desprende pues que en aquellos puntos en donde las líneas de 1967 no reflejen la realidad, es realista esperar (pero no obligatorio) que ambas partes negocien y acuerden una nueva línea, mediante la cesión de un territorio por otro equivalente.

Ello es, en esencia, lo mismo que lo dicho por Obama y, es más, ha sido una política constante de la diplomacia estadounidense desde los tiempos de Bill Clinton, e incluyendo el Gobierno de George Bush.

En efecto, en un discurso de 25 de junio de 2002, Bush señaló que “en última instancia, los israelíes y los palestinos deben tratar los asuntos centrales que los dividen si va a haber una paz verdadera, resolviendo todos los reclamos y terminando el conflicto entre ellos. Esto significa que la ocupación israelí que empezó en 1967 terminará a través de un acuerdo negociado entre las partes, basado en las Resoluciones de la ONU 242 y 338, con la retirada de Israel hacia fronteras seguras y reconocidas”.

Este discurso, al hablar dela Resolución242 que solicita a Israel retirarse de los territorios ocupados enla Guerrade los 6 Días -es decir, retirarse de las zonas al otro lado dela LíneaVerde-dijo exactamente lo mismo que ha dicho Obama, si bien de forma más discreta.

Es difícil imaginar, además, una salida diferente al problema. La característica central de Israel siempre ha sido, desde los tiempos del Plan de Partición original de la ONU, el tener una franja costera angosta, pues es allí donde se concentraba originalmente su población. Ahora bien, a fin de poder finalizar el conflicto y satisfacer las expectativas de seguridad que ha planteado Israel (sobre todo frente a los ataques terroristas transfronterizos), probablemente será necesario añadir a esta franja costera aquellas porciones de territorio palestino que cuentan ya con grandes poblaciones israelíes, a cambio de concesiones en Israel que permitan crear un Estado Palestino contiguo. Pero el punto de partida para medir dónde empieza Israel y dónde empieza el territorio ocupado sobre el que se encuentra el asentamiento a ser incorporado por Israel sólo puede serla Línea Verde, ello es –después de todo- lo más lógico y sencillo. La otra alternativa sería o empezar desde cero, sin ninguna frontera previa, que no sería conveniente para Israel que precisamente busca seguridad para el territorio que ha consolidado hasta ahora; o empezar en las líneas post-1967, lo que sería imposible pues éstas incluían el Sinaí, hoy bajo control Egipcio vía tratado de paz; o el Plan de Partición dela ONU, que en nada favorecería a Israel dadas las condiciones actuales.

Por ende, los dichos de Obama no son ni una traición a Israel ni un cambio de política para Estados Unidos. Es tal vez una forma menos elaborada de decir lo que otros Presidentes ya han dicho. Un verdadero cambio de política habría sido declarar que las fronteras debían ser necesariamente las de 1967, sin posibilidad de intercambios de territorio, algo que indirectamente y hace no mucho, han hecho Estados como Ecuador y Brasil al reconocer formalmente al Estado Palestino.

Alonso Gurmendi


Política de defensa nacional y gasto militar en el Perú

abril 3, 2009

Al interior de nuestro centro de discusión, se ha abierto el debate de donde podríamos sacar el dinero para costear los gastos de un potencial rearme de nuestras Fuerzas Armadas. La idea, como he explicado previamente, es poner al país en condiciones apropiadas para un eventual conflicto, y darle suficiente deterrence militar para tener mayor peso en cualquier tipo de negociación diplomática donde se discutan temas directa o indirectamente relacionados con la soberanía nacional.

La premisa de la estrategia de defensa militar que sugiero está basada sobre lo que hemos llegado a conocer todos como la Doctrina Cross (bromas aparte – de alguna manera hay que denominarla, ¿no?). La Doctrina Cross establece básicamente lo siguiente: La seguridad interna del país no debe y no puede considerar como un fundamento la capacidad de su diplomacia para influenciar en otros países, a fin de evitar un atentado contra la soberanía del país. La capacidad de influencia de Torre Tagle debe ser considerada solo como una variable y no como un fundamento en si – y esa variable debe calcularse siempre por debajo de los límites razonables de beneficio que esperamos obtener de ella – Es decir, la doctrina defensiva del Perú debe concebirse sobre la base de que Torre Tagle va a fallar en los objetivos que se ha propuesto, y considerando todo logro que Torre Tagle pueda tener como un plus y no como una condición a la aproximación propia.

En dicho sentido, hay dos cosas que hay que tener en cuenta: una, que, en mi opinión, para lograr esto, se necesita: (i) incrementar el gasto militar anual, para lo cual es necesario incrementar el compromiso presupuestario con el sector defensa; y (ii) configurar un plan de rearme y repotenciamiento, implementado a través de compra de nuevo armamento para las tres armas, así como de pertrechos, municiones, y gastos en conversión de armamento, entre otros. Estos son gastos puntuales que deben realizarse en los siguientes tres a cinco años, mediante licitaciones y otros mecanismos legales. Este mini-articulo se concentrara solo en el punto (i) anterior – es decir, en como incrementar el gasto militar anual y consecuentemente el prespuesto del sector defensa.

Con relación a los argumentos previamente expuesto por mi co-relator Luis Medina, si algo en lo que concedo que tiene razón es en que los gastos militares crecen a un ritmo exponencial: cambiar de matriz tecnológica es carísimo, y los costos de mantenimiento y operación se van al cielo con armamento nuevo, fuera del costo de adiestramiento de personal. En ese sentido, es necesario un compromiso presupuestario permanente del Estado de incrementar el gasto anual hasta alcanzar 2,2% del PBI en, digamos, 3 años, y luego dejarlo ahí (en estos momentos estamos en 1,5% – Chile está en 3,3%, y Ecuador en 2,1% – estos son dos países con los que hemos tenidos conflictos diplomáticos, y con Ecuador incluso militares, por temas de soberanía y fronteras en las últimas dos décadas). En términos de presupuesto fiscal, esto involucra aumentar nuestro volátil porcentaje del Presupuesto Nacional asignado para Defensa, y sobre todo, dejarlo estable. Si quieren una prueba contundente de que el Perú no tiene una estrategia de gasto militar y de defensa, revisen esta gráfica:

Variaciones presupuestales del 30% en un año (de 7% a 10% y viceversa)… ¡es absurdo! Muestra una completa falta de planificación del gasto militar. Sin un gasto planificado, los costos militares se duplicarán – es diferente tener un acuerdo para compra de pertrechos militares a cinco años que se mantega estable, que estar contratando con un proveedor, cancelándole el contrato por temas presupuestales al año siguiente, para volverlo a buscar un año después… ¡no tiene sentido! Solo tira arriba los costos administrativos (mas licitaciones, mas upfront payments, mayor costo financiero en línea de crédito para adquirir pertrechos…). No solo eso, es nocivo para el personal castrense – ¿cómo podemos esperar que nuestros oficiales arriesguen su vida si no saben cuanto les va a tocar de pensión cuando se jubilen el próximo año? ¿Cómo le pedimos a la Escuela de Suboficiales que gaste en materiales de estudio, profesores, mantenimiento o instalación de equipamiento si saben que, de la nada, pueden cortarles el presupuesto en 30% el próximo año?

En comparación, miremos a Chile

Esta claro que en Chile existe un compromiso institucional de respaldo presupuestario a las FFAA y de Seguridad. Por eso pueden plantear ejercicios conjuntos en la frontera, adquirir material mas avanzado a un costo financiero menor…. Por eso, en un conflicto, ellos podrán adquirir mayores créditos para petróleo, pertrechos y armamento, y nosotros no (igual que en la Guerra del Pacifico). La Defensa, como en cualquier otra cosa, es una cuestión de planificación. Se hace un escándalo por que Chile compra aviones caza – Chile acordó la renovación de su armamento aéreo en 1990, y lo planificó a tres décadas en el Proyecto caza2000. Hace dos décadas, los militares chilenos sabían cuanto respaldo iban a tener del gobierno para renovar el armamento hoy. No tengo que explicarles que nuestras FFAA no gozan del mismo respaldo.

Ahora, en lo que respecta a este rubro (es decir, el gasto presupuestario anual), se dice que “es imposible cometer más dinero sin arriesgar la economía” y que “no podemos equiparar los gastos de Chile”. El primer enunciado es falso – el segundo es solo parcialmente verdadero. Elaboremos más en ambos puntos.

Sobre el primer enunciado, basta con decir que el Estado ni siquiera ha sido capaz de reflejar de forma proporcional en el presupuesto de defensa el superávit comercial y su impacto en el Presupuesto de la República.

Miren las siguientes cifras:

Presupuesto Nacional  2007 (S/.) 61,626,985,652.00
Presupuesto Nacional  2008 (S/.) 71,049,786,794.00
% Variacion:  15.29% 
Presupuesto asignado a Defensa 2007  (S/.)  3,824,770,379.00
Porcentaje representativo del P. Nacional (S/.) 6.21
Prespuesuto asinado a Defensa 2008 (S/.) 4,158,226,873.00
Porcentaje representativo del P. Nacional (S/.) 5.85
% Variacion:  8.72 

Es decir, si bien el Presupuesto de la República para el 2008 aumentó en 15.29% en comparación con el establecido para el 2007, el aumento reflejado en Defensa solo fue de 8.72% – es decir, el Estado “ahorró” en Defensa para invertir en otros sectores. Si se hubiese mantenido el mismo nivel de asignaciones presupuestales, a defensa le hubiera tocado 248 millones de Dólares más. ¿Guarda esto sentido? ¿Sobretodo con una economía en ebullición? Es absurdo.

Una primera mirada al Presupuesto destinado para el 2009, sin embargo podría darnos ciertas razones para decir que si existe una intención clara de aumentar el gasto:

Presupuesto Nacional 2008 (S/.) 71,049,786,794.00
Presupuesto Nacional 2009 (S/.) 72,358,497,884.00
%Variación 1.84
Presupuesto asignado a Defensa 2008 (S/.) 4,158,226,873.00
Porcentaje representativo del P. Nacional 2009 (S/.) 5.85 
Prespuesto asignado a defensa 2009 (S/). 4,517,473,478.00
Porcentaje representativo del P. Nacional 2009 (S/.) 6.24  
% Variación: 8.64 

Ahora bien, esto es engañoso – por dos razones: (i) porque 700 millones de soles de ese presupuesto han sido destinados a una reserva presupuestaria en una cuenta que el MEF solo transferirá a Defensa “en caso de emergencia” – es decir, pretenden que 700 millones de soles sería la “gran solución” a un conflicto armado…; (ii) existe un considerable incremento presupuestario en lo que es planillas de Defensa debido a que el año pasado se modificó la Ley del Servicio Militar, y se incrementó la llamada “propina” de los reclutas de 112 soles al mes a 350 soles al mes. Ahora bien, si con esto no queda claro que hay una falta de planificación en el gasto militar, y que si hay dinero y presupuesto para hacerlo de una forma mas comprometida, sugiero que revisemos la llamada Ley del Cobre Chilena. No quiero explayarme en esto, además, ya lo hemos discutido. Aquellos que no conozcan los alcances de la llamada Ley del Cobre, hagan click aquí

La idea es que nosotros, en lugar de tanto chillar, deberíamos buscar un mecanismo para imitar la idea. Es bien sabido que los Gobiernos Regionales no son capaces de invertir los ingresos por canon eficientemente – es mas, las barreras burocráticas son tales que en muchos casos ni siquiera invierten el presupuesto. Esto se debe a que, en muchos casos (los ingresos por el gas de camisea, por ejemplo), los receptores de los fondos simplemente no están en capacidad de gastar el dinero asignado. En ese sentido – ¿no sería mucho mas útil transferir al menos parte de ese dinero a defensa? En todo caso, en lugar de dejar la cuenta congelada, ¿no sería mas útil depositar esos fondos en un fideicomiso, y darle los ingresos por rentabilidad a defensa? ¿O buscar otro mecanismo financiero similar? Hay muchas opciones que se pueden explorar y que, por falta de voluntad política, no se exploran. Esto es un riesgo para el país, y para la población en general.

Respecto a que no podemos equiparar los gastos de Chile, esto es solo parcialmente cierto. En efecto, no podemos equiparar su gasto neto corriente de un golpe, porque (i) su presupuesto nacional es mayor, (ii) tienen la Ley del Cobre y (iii) no están tan obsesionados como nosotros con tener un superávit fiscal encima del 2% del PBI, y se arriesgan mas a presupuestar fuerte. Además, no tenemos ni la estructura salarial, ni el nivel de captación de recursos humanos, ni mucho la capacidad operativa institucional para manejar los recursos que manejan las FFAA chilenas.

Sin embargo, si podemos aprovechar ciertos factores que juegan a nuestro favor a la hora de empatar la ecuación. Por ejemplo, al tener una población mayor, nuestra capacidad de llamar reservas es mayor – eso significa que nuestro nivel de conscripción puede ser mayor (ese argumento es difícil de explicar, porque es de una naturaleza militar bastante técnica, but trust me, es una ventaja). Nuestra economía, además, va a un ritmo de crecimiento mayor que la de ellos, por lo que podemos apropiarnos de una tajada mayor para ir reduciendo la brecha a largo plazo. Otro argumento también técnico es que el costeo de armamento a Chile le sale mas caro porque su matriz militar y sus proveedores son de tecnología gringa y europea – que es mas cara y mas compleja. Además, son países mas quisquillosos para ofrecer asesoría técnica militar. Nuestro armamento, por otro lado, es Ruso. Es mas barato, mas accesible, y la operación es mas sencilla. Además de que Rusia en estos momentos esta oficialmente emprendido en rearmarse .

Que significa eso? Que hace una potencia cuando compra armamento nuevo? Muy simple: se deshace del viejo – lo vende al mayoreo para reducir sus costos de operación y mantenimiento, y hacer lugar para lo nuevo – es mas, para poder ahorrarse esos costos de inmediato, te tiran el precio de lo que te venden al piso, siempre y cuando estes dispuesto a llevarte lo que compres en el primer barco que salga. Esa es una oportunidad de oro para comprar aviones, tanques, pertrechos y otros similares. Además, como Rusia esta interesada, como parte de su plan de rearme, en entrenar a su personal técnico, vendría feliz a hacernos mantenimiento y conversión al nuestro – porque estará entrenando a su personal al mismo tiempo! Con estos mecanismos, podemos reducir significativamente la brecha de gasto entre Chile y nosotros, asi como la efectividad de ese gasto.

En un futuro “mini-articulo” hablare de los gastos corrientes que hay que hacer en relación a la adquisición puntual de armamento.

Ronald Cross